Francia

Pop sí pop no

Francisco Leonarte
miércoles, 19 de junio de 2024
Thomas Dunford © 2024 by Thomas Dunford Thomas Dunford © 2024 by Thomas Dunford
París, martes, 4 de junio de 2024. Maison de la Radio. Obras de John Dowland y de Henry Purcell. Lea Desandre (mezzo-soprano). Ensemble Jupiter (Louise Ayrton violín, Ruiqi Ren violín, Jerôme van Waerbeke viola, Arthur Cambreling violonchelo, Ismaël Campanero contrabajo, Arnaud de Pasquale clave y órgano). Dirección musical y laúd, Thomas Dunford. John Dowland : The first Booke of Songes or Ayres (Come again, Go Crystal Tears, Now a now I needs must part, Earl of Essex His Galliard), Lachrimae (Semper Dowland semper dolens, Lachrimae antiquae, King of Denmark's Galliard), Mathew Homes lute book (Frog Galliard), The second Booke of Songs or Ayres (Sorrow, Stay lend True Repentant Tears, Flow my Tears, Can she excuse). Henry Purcell: Orpheus Britannicus (Strike the Viol), Harmonia sacra (An evening Hymn), The Fairy Queen (If love's a sweet passion, Chaconne, O let me weep, Now the night is chased away), Dido & Aeneas (Ouverture, Ah belinda, Echo dance of furies, Thanks to these lonesome vales, the witches dance, When I am laid).
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Empieza el concierto con una versión simpática, llena de vida, de Come again. Se nota la complicidad entre los miembros del ensemble, incluyendo a la solista Lea Desandre. Tienen la bonita energía de un conjunto pop, y la forma de vestir de unos y otros bien pudiera corresponder a esa imagen. El director, Thomas Dunford, aprovecha para tomar la palabra con el desenfado de quien conoce bien el tema tratado. El público que está delante de él en platea y primer piso está encantado. El público que está detrás de él acaba por protestar: no se le oye.

Y es que, sí, nos topamos con el problema habitual de buena parte de los auditorios construidos en el siglo XXI: todo el mundo ve muy bien, pero quienes están detrás o a los lados oyen mal (o no oyen) a los cantantes y oradores. Dunford ha tenido el buen gusto de no usar micrófono, pero no ha tenido en cuenta las características de la sala. De hecho, me pregunto qué conclusiones de este concierto y de la intervención de Lea Desandre habrán sacado quienes se hallaban detrás y a los lados.

Máxime cuando se trata de un repertorio tan delicado como las canciones de Dowland, cuyo espacio ideal es el salón de una casa, o como mucho una sala que no exceda de las trescientas butacas. La Maison de la Radio debe de tener unas novecientas más del mínimo acá sugerido.

Las intervenciones de los instrumentistas, especialmente Dunford, son primorosas. Aunque tal vez quepa deplorar falta de diversidad en la expresión de los sentimientos. Nos hallamos ante una serie de piezas de encaje, y si no se presentan con todo el cuidado, acaban los encajes por parecernos todos iguales.

Segunda parte con uno de los músicos más populares del barroco -y el más conocido de los nacidos en Inglaterra- Henry Purcell. El Ensemble Júpiter no se ha calentado mucho la cabeza y ha decidido poner varias obras de las que ‘funcionan’, extraídas principalmente de The Fairy Queen y Dido & Aeneas. Desandre canta muy requetebién (resulta particularmente hermoso ese Hymno de la noche), pero de nuevo falta diversidad en la expresión, y así Thanks to these lonesome vales suena casi tan melancólico como The Plaint. Algo no cuadra. La violinista Louise Ayrton también tiene momentos de lucimiento y todos los instrumentistas se ponen al servicio de la partitura con particular pasión y refinadas ornamentaciones.

Aplaudimos todos al final del programa, y los intérpretes quieren corresponder a los aplausos con un bis. Dunford nos cuenta entonces que improvisan entre ellos, y que ha compuesto una canción ... Y se sacan de la manga una canción de campamento scout* pero a la inglesa, que cuenta que somos un océano y no sé qué otras cosas más, una canción blandita blandita blandita, de esas repletas de buenos sentimientos y de música ñoña.

Al público le encanta, o sea que los intérpretes nos asestan otra cancionzurra, esta vez con participación del propio público a modo de coro de teresianas, dándole a la cosa un tufillo new age que la hace especialmente empalagosa.

O sea que no hay por donde agarrarlo. La cosa no es gran cosa ni como jazz, ni como clásica ni como pop.

En fin, a los intérpretes hay que pedirles que sean buenos intérpretes, no necesariamente grandes creadores, ¿verdad? Buenos intérpretes, lo son, pero cuando se ponen a componer … mejor huir. 

Notas

1. Que conste que tengo gran admiración por el movimiento Scout, con buenos amigos que son o han sido scouts. Pero en cuanto a las músicas de campamento, son sin duda estupendas para el campamento, pero no puede decirse que sean grandes obras maestras

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