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Inmersión y multimedia

Pedro Coco
lunes, 24 de junio de 2024
Nabucco, régie de  Christiane Jatahy © 2024 by Guillermo Mendo Nabucco, régie de Christiane Jatahy © 2024 by Guillermo Mendo
Sevilla, jueves, 13 de junio de 2024. Teatro de la Maestranza. Giuseppe Verdi: Nabucco. Drama lírico en cuatro partes con libreto de Temistocle Solera. Christiane Jatahy, dirección escénica. Thomas Walgrave, escenografía e iluminación. An H’Huys, vestuario. Batman Zavarese, diseño de vídeo. Clara Pons, dramaturgia. Juan Jesús Rodríguez / Damiano Salerno (Nabucco), María José Siri / Maribel Ortega (Abigaille), Simón Orfila / Dario Russo (Zaccaria), Alessandra Volpe / Mónica Redondo (Fenena), Antonio Corianò / Santiago Vidal (Ismaele), Carmen Buendía (Anna), Luis López Navarro (Sumo sacerdote de Baal), Andrés Merino (Abdallo). Real Orquesta Sinfónica de Sevilla y Coro Teatro de la Maestranza. Directores: Sergio Alapont / Gaetano Lo Coco. Coproducción del Teatro de la Maestranza, el Gran Teatro de Ginebra, los Teatros de Luxembugo y la Ópera Ballet de Flandes. Función del 2º reparto el 21 de junio
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Tras casi treinta años, vuelve al Maestranza la ópera que encumbró a Giuseppe Verdi, y lo ha hecho con una destacable afluencia de público; crucemos los dedos por que se renueve el interés y se nutran las arcas del teatro tanto como el espíritu de los nuevos adeptos a esta irresistible secta que es la operística. Este público, además, se fue a casa con una buena dosis de estímulos visuales y experiencias inmersivas, procedentes de una apuesta escénica dinámica a la que sorprendentemente nadie desde su asiento afeó —como sí ocurriera el pasado año con la Tosca— la inclusión de música ajena a la partitura verdiana ­—hubo cortes considerables además— o la presencia de sonidos amplificados; quizás la repetición, a capella, del inmortal “Va pensiero” desde el patio de butacas funcionara como bálsamo conciliador.  

La historia del opresor contra el oprimido, la ambición desmedida o los amores imposibles es tan arquetípica que cualquier época y coyuntura resultan adecuadas para trasladar la dramaturgia. 

Por ello, no extraña ya a nadie que del marco babilónico se nos llevase a la actualidad; ya durante el estreno de la obra en Italia se establecieron del mismo modo claros paralelismos. Un gran espejo y un receptáculo de agua, así como constantes proyecciones, componían la base de la escenografía y, aunque para el conocedor de la historia era fácil seguir los guiños propuestos desde la dirección, en algunos momentos se apreciaba más interés en el impacto visual que en el desarrollo narrativo.  

Juan Jesús Rodríguez en "Nabucco", régie de Christiane Jatahy. © 2024 by Guillermo Mendo.Juan Jesús Rodríguez en "Nabucco", régie de Christiane Jatahy. © 2024 by Guillermo Mendo.

Vocalmente, desde la dirección artística del teatro se apostó por cantantes que pudieran defender con honestidad unos roles tan comprometidos, comenzando por un Juan Jesús Rodríguez impecable, que a lo largo su recreación del protagonista dejó ver los mimbres que lo están convirtiendo en apuesta segura en el repertorio verdiano. 

Con gran conocimiento del estilo, un uso intachable del canto ligado —espectaculares arcos de fiato— y una generosa proyección, se convirtió indiscutiblemente en el triunfador de la noche del estreno. 

Su colega Damiano Salerno, de homogéneos y generosos medios, también ofreció un Nabucco imponente la noche del 21 de junio.

María José Siri en ´"Nabucco", régie de Christiane Jatahy. © 2024 by Guillermo Mendo.María José Siri en ´"Nabucco", régie de Christiane Jatahy. © 2024 by Guillermo Mendo.

María José Siri, soprano que, por categoría vocal, no encajaría en una Abigaille atendiendo a la escritura verdiana, maneja del mismo modo que sus dos anteriores colegas los resortes verdianos y es música sumamente inteligente, además de muy sensible fraseadora, por lo que suplió con tablas y un radiante instrumento las dificultades del rol. 

Rotundo el material de Maribel Ortega, con un registro grave asentado, fue otra muy celebrada Abigaille, entregada asimismo dramáticamente. Ambas sopranos conmovieron en la escena de la muerte, demostrando que al arrojo iba pareja una grandísima sensibilidad.

La profesionalidad del veterano Simón Orfila como implicado Zaccaria fue sonoramente premiada a lo largo de la primera función. Conoce bien su potencial y lo emplea con inteligencia para ofrecer un sacerdote de gran temperamento. Los más cavernosos medios de Dario Russo y su marmórea recreación sirvieron para ofrecer un punto de vista más espectral del personaje.

Cantera nacional a la que cualquier teatro debería tener en cuenta por su brillantez fueron la mezzosoprano Mónica Redondo, Fenena de bella y generosa voz aterciopelada —detuvo el tiempo en su breve intervención solista del cuarto acto— y la soprano Carmen Buendía, cuya Anna destacó en los números de conjunto imponiéndose con unos restallantes agudos que dejaban ver las grandes posibilidades del instrumento. El resto de los integrantes de ambos repartos cumplió muy positivamente con sus roles.

Y se cierra el apartado vocal con un coro al más alto nivel. El trabajo detallista y concienzudo de Íñigo Sampil y sus ilusionados integrantes se viene demostrando año tras año: el empaste, la entrega y la disposición fueron cartas ganadoras en unas noches en las que su protagonismo resultó incontestable.

Por último, aunque no por la calidad de su prestación, pues en todas las secciones sonó de manera brillante, la Sinfónica de Sevilla y sus dos directores. Compartían Sergio Alapont y Gaetano Lo Coco, con diferencias de aproximación narrativa y tempi en algunos números, el ímpetu en la lectura, con un juego inteligente de dinámicas y precisión y control en los momentos de mayor dificultad; además de una gran atención a los cantantes, no siempre en posiciones en las que se facilitase la conexión con el foso.  

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