Obituario

Bastante poca cosa. In Memorian Françoise Hardy (1944-2024)

Agustín Blanco Bazán
jueves, 27 de junio de 2024
Françoise Hardy en 1966 © 2024 by Vittoriano Rastelli / Wikipedia Françoise Hardy en 1966 © 2024 by Vittoriano Rastelli / Wikipedia
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"On est bien peu de chose, et mon amie la rose, me l'a dit ce matin..." Difícil de traducir, pero algo así como: somos bastante poca cosa, me lo ha dicho esta mañana mi amiga la rosa. Enseguida de la muerte de Françoise Hardy subí a Facebook esta canción suya, tan emblemática en los años sesenta del siglo pasado y me sorprendí por la repercusión. Con la mayoría de mis contemporáneos son asiduas las charlas sobre los artistas musicales de nuestra juventud, pero sobre Françoise Hardy no creo haber hablado con nadie desde mi adolescencia. Y ahora resulta que muchos de mis contertulios habituales también la tenían como ídolo, aunque nunca me lo habían dicho. 

El de Hardy era un sex-appeal tan francés como el de Brigitte Bardot, más introvertido, pero pero también de una sensualidad irresistible. Ojos, labios y una silueta menuda y esbelta acompañaban su guitarra con canciones de letra y melodía fácil, siempre susurradas con íntima calidez. Escucharlas (y también bailarlas) era simplemente, erotismo puro. 

En Francia, la noticia de su muerte descolocó un poco el ruido mediático provocado por el llamado a elecciones generales y ésta no fue la única vez que Hardy se cruzó con los avatares políticos. Comenzó por hacerlo cuando el 17 de enero de 1944 se mezcló con un alerta de bombardeo en la clínica donde nació. Y en octubre de 1962, la canción algo sosiña que se convertiría en su carta de presentación, Tous les garçons et les filles, fue usada radialmente como cortina de alivio a las noticias de un referéndum nacional para convertirse en un hit vendido en medio millón de discos antes del fin de año. Para los que todavía se acuerdan: era uno de esos disquitos 45 (cuarenta y cinco revoluciones por minuto). 

El texto de esta canción describe a una joven sola que mientras espera el amor observa a parejas de jóvenes que al haber llegado a él caminan de la mano sin angustias de futuro. Es un texto fácilmente asociable con el destino de esta cantautora, una hija natural criada por una madre dominante y consciente de un distanciamiento que la acompañó toda su vida. Después de amores elegidos con la equivocación propia de una autoestima débil, Hardy se casó con el cantante Jacques Dutronc, como ella un exponente del género ye-ye (versión continental europea del yeah yeah de los Beatles). Fue un matrimonio más bien abierto pero nunca cancelado con un divorcio formal, y con un hijo. 

Durante su edad de oro, Hardy se cruzó como cantante, artista e inevitablemente modelo, con famosos admiradores y colaboradores: Serge Gainsborough, Patrick Mondiano, Micherel Berger, Yves Saint Laurent, Paco Rabanne, etc., etc., y varios etcéteras más. Mientras hacía todo ésto, algunos la dejamos, como a los veinte se dejan los amores de los quince. Mucho tuvo que ver en esta despedida del mundo íntimo de Hardy la impronta revolucionaria del 68, y la protesta política y social que enturbió la apacible sensualidad de sus garçons et les filles con adrenalinas más comprometidas vaya Dios a saber con qué. 

Pero Hardy siguió sacando nuevos álbumes, en varios idiomas, incluidos el italiano y el francés. El último salió en 2018, cinco años después de recuperarse de un cáncer de laringe. Varias entrevistas televisivas la muestran a los setenta con un pelo plateado, gloriosamente bella, relajada y atenta en su elegancia felina, y hablando muy francamente de las lecciones aprendidas a lo largo de una vida difícil con un humorístico aire de auto-deprecación. En febrero pasado comunicó a un cronista de La Figaro que la vuelta del cáncer y las sesiones de radioterapia le impedían hablar, pero siguió comunicándose por email, sin abandonar su presencia de ánimo. 

En 1966 Bob Dylan amenazó no salir a cantar en un recital en L´ Olympia si Françoise Hardy no iba a verlo a su camerino. La cantante aceptó y Dylan le dedicó I want you en avant- première mientras la devoraba con los ojos. Con su típica deficiencia de autoestima Hardy creyó que Dylan se interesaba más en su físico que en su música, pero también es posible pensar que el cantante poeta norteamericano veía uno y otra tan unidos como en Mon amie la rose. La balada de Cécile Caulier y Jacques Lacome está inspirada en un poema de Rostand y más remotamente en Omar Khayyam, y Françoise Hardy lo completa todo con típica intimidad y redondez musical. La rosa es una amiga que habla de una existencia frágil. Poca cosa, nos dice, salvo su belleza efímera, sólo una brisa entre la vida y la muerte:

 
“On est bien peu de chose
Et mon amie la rose
Est morte ce matin…»
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