Francia

Meter la pata pero no mucho

Francisco Leonarte
jueves, 27 de junio de 2024
Steier, La Vestale © 2024 by Guergana Damianova / OnP Steier, La Vestale © 2024 by Guergana Damianova / OnP
París, sábado, 15 de junio de 2024. Opéra National de Paris. Sala Bastille. La vestale, ópera en tres actos. Música de Gaspare Spontini. Libreto de Étienne de Jouy. Puesta en escena de Lydia Steier. Escenografía, Étienne Pluss. Trajes, Katharina Shlipf. Iluminación, Valerio Tiberi. Video, Étienne Guiol. Dramaturgia, Olaf A. Schmitt. Con Élodie Hache (Julia), Michael Spyres (Licinius), Julien Behr (Cinna), Jean Teitgen (le souverain pontife), Florent Mbia (Le chef des aruspices, un consul). Ève-Maud Hubeaux (la grande vestale). Choeurs et Orchestre de l'Opéra National de Paris. Directora del coro, Ching-Lien Wu. Dirección musical, Bertrand de Billy
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Aunque bastante olvidada -a pesar de las sucesivas resurrecciones, de la cantada por Rosa Ponselle a la presente, pasando por la protagonizada por Callas- La vestale es, simple y sencillamente, una de las grandes obras maestras de todos los tiempos. Spontini intuyó en su obra toda la música del siglo XIX, y según los momentos escuchamos pistas que serán claramente seguidas por Rossini (finale del primer acto del Barbero de Sevilla), por Wagner (El anillo del nibelungo), por Verdi (preludio de la escena de Felipe II en Don Carlos) y hasta por Mussorgski (el llanto del Inocente en Boris Godunov). Por sólo citar los casos más evidentes. Eso sin contar su fuerza dramática, su cohesión, la capacidad de evocación de su música...

Ya sabemos que París, y más concretamente la Opéra National de Paris, es poco generosa con los autores que han hecho su gloria. No hay más que ver lo poco (y mal) que se representa a Meyerbeer, por no mentar a Auber o Halévy y no recordar que los títulos representados de Massenet, Gounod, Bizet y Saint-Saëns son siempre los mismos...

En París hemos tenido la suerte de volver a escuchar La vestale ya sea escenificada (con Ermonella Jaho, direcciones escénica de Lacascade y musical de Rohrer), ya sea en versión de concierto (con Marina Rebeka, dirección musical de Christophe Rousset), en ambos casos en el Teatro de los Campos Eliseos. Pero hacía 150 años que no había vuelto a la casa que la vio triunfar, a la Ópera de París (llamada, en el momento de su estreno, Académie Impériale de Musique).

O sea que había mucha expectación ante esta Vestale...

Hacer las cosas «bien»

Desde un punto de vista musical, es innegable que la institución (la Gran Tienda, como la llamaba Verdi) ha intentado hacer las cosas bien. Para el difícil papel protagonista, una soprano a la vez con fuelle, con volumen y con inteligencia (Elza van der Heever). Para su enamorado, Licinius, cuya vocalidad es muy particular, entre tenor y barítono, un especialista perfectamente idoneo (se presenta como baritenor), Michael Spyres. Como Gran Sacerdotisa, una joven mezzosoprano francesa ya confirmada, Ève-Maud Hubeaux, y como Gran Pontífice, un sólido bajo Jean Teitgen. Al frente de la orquesta y coros, alguien que es considerado un especialista en ópera romántica, Bertrand de Billy.

‘La vestale’ de Spontini. Dirección musical, Bertrand de Billy. Puesta en escena, Lydia Steier. París, Opéra National, junio de 2024. © 2024 by Guergana Damianova / OnP.‘La vestale’ de Spontini. Dirección musical, Bertrand de Billy. Puesta en escena, Lydia Steier. París, Opéra National, junio de 2024. © 2024 by Guergana Damianova / OnP.

Y para la puesta en escena... bueno, aquí es donde la Ópera Nacional de París suele meter la pata. Se suele sentir con la obligación de llamar a «nombres de la puesta en escena» , y los citados «nombres» suelen hacer pifias porque lo que les importa es hacerse publicidad a sí mismos y no darle brillo ni coherencia a la obra en cuestión. Tuvimos el caso con la completamente fallida puesta en escena de Hamlet de Thomas por Warlikowski, lo tuvimos con la fallida puesta en escena de Los Hugonotes de Meyerbeer por No-recuerdo-quién, etc... En este caso llamaron a Lydia Steier.

La función del director de escena es crear escándalo

Steier hizo un escándalito, hace poco, con una puesta en escena de Salomé en que la protagonista hacía ademán de masturbarse para poco después sufrir una suerte de violación colectiva (tratándose de Salomé de Strauss, la cosa parece hasta lógica). A la hora de abordar La vestale sin duda la pregunta fundamental para la directora de escena estadounidense era «¿Cómo voy a hacer de nuevo un escándalo?».

Bueno, Steier hace todo lo posible para lograrlo y con los medios más burdos, ésos mismos que vemos en las series de televisión. Mezclándo imágenes de la Semana Santa sevillana (la aparición de una suerte de Macarena gigante merece formar parte de la ‘Historia del Humor Involuntario’, lástima que sea durante uno de los momentos más intensos de la partitura), falsas torturas en directo, falsas bofetadas en directo (cuantas más falsas bofetadas veo en una puesta en escena, más torpe me parece), falsos escupitajos, algún falso coitus interruptus, … Ya ven ustedes, nada que no esté más visto que la Chelito. Pero así la señora Steier puede pretender conservar su estatus de «directora de escena escandalosa», que es el estatus más codiciado entre los directores de escena operísticos... De hecho, la casa advierte a su público que ciertas imágenes pueden herir la sensibilidad del espectador blablabla...

En realidad, lo que se crea en el espectador es la desagradable sensación de estar viendo una película de Tom Cruise en que todo está mezclado con tal de crear un big show, una acumulación de clichés en un batiburrillo informe: la Inquisición española, los nazis (esos que no falten, ¿verdad?), la televisiva El cuento de la criada, Farenheit 451 y unas gotitas de Napoléon, que al fin y al cabo la obra se estrenó en 1807... Da la impresión de tener la cultura de un consumidor de series históricas de bajo nivel.

‘La vestale’ de Spontini. Dirección musical, Bertrand de Billy. Puesta en escena, Lydia Steier. París, Opéra National, junio de 2024. © 2024 by Guergana Damianova / OnP.‘La vestale’ de Spontini. Dirección musical, Bertrand de Billy. Puesta en escena, Lydia Steier. París, Opéra National, junio de 2024. © 2024 by Guergana Damianova / OnP.

Por supuesto, en escena hay cosas escritas y vídeo. Unas y otro no sirven estrictamente para nada sino para que la directora de escena pueda considerarse «in», haciendo como hacen absolutamente todos sus colegas que se consideran «modernos». En el mismo orden de cosas, durante los ballets previstos por de Jouy/Spontini no se baila (hubiera sido una «vulgaridad» imperdonable para una directora «in» bailar durante el ballet) sino que Steier aprovecha para contarnos cosas: que hay un dictador, que el dictador es malo, que el dictador ha tenido una crisis cardiaca, que la Gran Sacerdotisa es reemplazada por otra, que otro dictador sucede al antiguo dictador...

Durante la obertura también pasan «cosas», pero servidor de ustedes ha tomado la decisión de no mirar lo que los directores de escena nos quieren contar durante las oberturas. Durante las oberturas sólo me fijo en la orquesta. Estoy harto de que me fastidien los fragmentos puramente instrumentales con historias que suelen ser vacuas y ñoñas. Así que no les puedo contar muy bien lo que pasó en escena durante la obertura.

Digamos que las intenciones, como a menudo, son buenas. Doña Lydia pretende hacer un alegato contra el fanatismo. El problema es la torpeza con que encara el problema. Evidentemente sólo hace alusión al fanatismo católico, ese que ya no hace víctimas mortales, aludiendo a la Inquisición e historia pasada. No tiene el cuajo de hablar del fanatismo de otras religiones. En fin, todas las valentonadas a que nos tienen acostumbrados los directores de escena. Más postureo que otra cosa1.

Bueno, digamos a favor del trabajo de Steier y su equipo que el espectador puede seguir más o menos el argumento original (aun con los añadidos de la propia Steier). Ya con eso podemos darnos con un canto en los dientes.

Vamos a la música que es lo que nos interesa

Bertrand de Billy, reputado especialista, dirige la suntuosa Orquesta de la Ópera de Paris. Sin embargo hay momentos en que la orquesta suena demasiado fuerte. Momentos en que la solista apiana y la orquesta no consigue apianar lo suficiente para no cubrir a la cantante. Se pierde con ello una buena ocasión para poner de relieve la poesía que subyace en los pasajes intimistas.

Así, el famoso (y maravilloso) instante suspendido de «Déesse des infortunés» («Nume tutelar» en la versión italiana popularizada por Ponselle y Callas) pierde su magia. Eso sin contar la primera escena entre Licinius y Cinna, en que la orquesta suena como si hubiese una confrontación entre enemigos cuando debiera oírse un canto de amistad.

‘La vestale’ de Spontini. Dirección musical, Bertrand de Billy. Puesta en escena, Lydia Steier. París, Opéra National, junio de 2024. © 2024 by Guergana Damianova / OnP.‘La vestale’ de Spontini. Dirección musical, Bertrand de Billy. Puesta en escena, Lydia Steier. París, Opéra National, junio de 2024. © 2024 by Guergana Damianova / OnP.

En favor de De Billy, el ritmo y la variedad que sabe imprimir a los ballets (que no han sido suprimidos). Aunque de nuevo sea incapaz, de Billy, de guardar el equilibrio con las arpas, apenas audibles, en el ballet final...

En cuanto al coro, cuando se le pide potencia, da potencia. Y suena bien. Eso sí, no se le entiende ni jota. ¿Cuándo tendremos en la Ópera de París un coro al que se le entienda un mínimo cuando cante en francés?

Elza van der Heever, enferma, no puede asumir el papel el día del estreno y es reemplazada a bote pronto (ni siquiera figura en el pequeño papel que se distribuye con el elenco) por Élodie Hache, joven y prometedora soprano. Y la verdad es que se las apaña muy (pero que muy) honorablemente. El caudal de voz no es descomunal pero sí importante. La valentía, mucha, porque el rol de Julia comprende saltos intempestivos que expresan la desazón y el desamparo del personaje, y Élodie Hache los asume con vigor y con convicción. La declamación (fundamental en la ópera francesa) es bastante buena. La implicación es total. Bravo pues por Élodie Hache.

Decepciona un poco Ève-Maud Hubeaux. Tal vez no sea el papel que le corresponda. Esta joven mezzo, a quien todos aplaudimos sin reservas cuando cantó el personaje de Gertrude en el Hamlet de Thomas, no alcanza a asumir con plenitud su particella, quedando sus notas más graves vacías, sin fuerza. Tampoco es fácil cuando Steier le obliga a asumir con continuos movimientos un papel bastante caricaturesco de «lesbiana sádica» (sí, ya lo hemos dicho, la puesta en escena está llena de torpezas y tópicos).

Mejor se las apaña Jean Teitgen, cuya voz noble y caudalosa conviene para el papel de Sumo Pontífice. Cierto, en algunas notas agudas se le nota un pelín en apuros, pero en total sale airoso.

Airoso sale también Julien Behr como Cinna. El volumen de la orquesta impuesto por de Billy no ayuda para expresar los sentimientos de Cinna -tal vez los más convencionales pero también los más serenos de toda la obra-, quedando un tanto opaco frente a los demás personajes.

Buena participación la de Florent Mbia como jefe de arúspices y como cónsul.

Pero el gran triunfador de la noche es sin duda alguna Michael Spyres. Volumen, inteligencia teatral (aun para plegarse a las ocurrencias de Steier), estilo impecable, facilidad absoluta con su tesitura, con graves carnosos y agudos comodísimos, dicción perfecta (el único para el que nunca es menester leer los sobretítulos), implicación total... Spyres es un lujo absoluto como Licinius.

«¿Entonces qué? ¿Vamos o no vamos a esta Vestale?» Sííííííííí. Hay que ir a escuchar esta obra mayor de la Historia de la música. Por muy tonta que sea la puesta en escena (que las hemos visto mucho peores), aunque de Billy no siempre esté todo lo cuidado que uno desearía, aunque haya cositas por aquí o por allá, vale la pena asistir a estar representaciones. Aunque sólo fuera por escuchar la interpretación de Spyres, por escuchar a la prometedora Élodie Hache, simplemente por escuchar esa música hermosísima, por descubrir todas las maravillas que la partitura de Spontini encierra, vale la pena. Vale realmente la pena.

No todos los días hay ocasión de escuchar esta obra maestra. Por mi parte voy a intentar volver todas las veces que pueda.  

Notas

1. Tanto es el postureo de la puesta en escena que al parecer está cosechando efectos contrarios. Gente que se rebota contra tanta corrección y se pasan «al otro bando». Mala cosa, la torpeza disfrazada de buenas intenciones

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