Ópera y Teatro musical

Giacomo Puccini en su Centenario, otras facetas: sus viajes y su avidez como espectador

Gustavo Gabriel Otero
miércoles, 3 de julio de 2024
Puccini cazador, en "Caras y caretas" (1 de julio de 1905) © 2024 by Colección Gustavo Gabriel Otero Puccini cazador, en "Caras y caretas" (1 de julio de 1905) © 2024 by Colección Gustavo Gabriel Otero
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Despreciado por los intelectuales, ignorado por los musicólogos, envidiado por los colegas, denostado por los críticos, amado por el público: Giacomo Puccini. En el año del Centenario de su muerte se puede afirmar sin temor que Puccini es el último compositor de ópera verdaderamente popular. El fenómeno pasajero augurado por muchos no existe. Su perfecta combinación de modernidad y tradición, de profunda italianidad y a la vez de universalidad, de melodía y audacias armónicas y cromáticas, lo colocan en el pináculo de la fama.

Este Centenario parece ser una buena posibilidad de revalorizar su obra para los aún indecisos, de agigantar el recuerdo, de estudiar detenidamente su vida y sus composiciones. Pero, fundamentalmente, de disfrutar su música.

Todos lo teatros del mundo en mayor o menor medida han programado sus obras, y se estima que no pasa un día sin que alguna composición del maestro de Luca no esté en cartel en este año en algún lugar del orbe. Pero, quizás, el teatro que ha tomado la delantera en los homenajes sea el Regio de Turín, punto de partida histórico de su reconocimiento como compositor. 

Comenzó la temporada pasada, en junio de 2023, con Madama Butterfly, para iniciar la actual temporada con La Bohème en octubre de 2023, una nueva producción de La Rondine, en noviembre de 2023, para continuar ya en este año con tres nuevas producciones escénicas: La fanciulla del West (marzo/abril), la juvenil Le Villi, también en abril, para cerrar la temporada en junio/julio con Il Trittico. Mientras que iniciará el próximo curso con una idea de programación notable: ofrecer Manon Lescaut en paralelo con Manon de Massenet y Manon Lescaut de Auber, en octubre de 2024; las tres obras con nuevas producciones escénicas firmadas por Arnaud Bernard y la dirección musical de Renato Palumbo, Evelino Pidò, y Guillaume Tourniaire, respectivamente.

Dejamos a cargo del lector la tarea de disfrutar la música de Giacomo Puccini mientras nos dedicamos a repasar dos aspectos menos conocidos de su vida: sus viajes y las obras que presenció como espectador.

De Lucca a Milán

Puccini y su esposa en un tranvía sin identificar. © 2024 by Colección de Gustavo Gabriel Otero.Puccini y su esposa en un tranvía sin identificar. © 2024 by Colección de Gustavo Gabriel Otero.

Desde su nacimiento, el 22 de diciembre de 1858, hasta octubre de 1880 vivió junto a su familia en la casa de Corte San Lorenzo 9 en ángulo con Vía del Poggio en Lucca. Fueron frecuentes las escapadas veraniegas a la casa de sus ancestros en Celle y luego trabajó como pianista en las localidades cercanas de Bagni di Lucca, Ponte a Seraglio y Lerici.

Resulta imposible determinar cuál fue el primer espectáculo operístico que presenció Puccini en su vida. Las fuentes indican que concurría a diversos teatros de Lucca. Hay certeza de su presencia en La Vestale de Saverio Mercadante en el Teatro Pantera en 1875 pero aún se ignora qué títulos pudo presenciar de los muchos ofrecidos hasta 1880 en el Teatro del Giglio, que pobló sus carteleras de obras de Verdi, Bellini, Rossini, Donizetti, Mercadante, Friedrich von Flotow, Paccini, Mozart, Gounod, Cimarosa e incluso Il Guarany del brasileño Carlos Gomes.

Lo que sí está documentado es su viaje, en la primavera o el verano de 1876, hasta Pisa para presenciar Aida de Verdi en el Teatro Nuovo. Según los más recientes estudios se fletaron trenes especiales desde Lucca a Pisa y su respectivo regreso para poder presenciar el espectáculo. La leyenda del viaje caminando hasta Pisa trastabilla. Pero conociendo algunas de las diabluras del joven Puccini es posible pensar que no haya abonado el correspondiente pasaje para usar esos trenes especiales y por eso el mito del viaje a pie. 

La novedad de la obra, el tratamiento dramático y musical y la posibilidad de asistir a un espectáculo ofrecido por una compañía de mayor envergadura que cualquiera de las que podía ofrecerle su Lucca natal fascinaron a Puccini y, para su propia fortuna y la de sucesivas generaciones de amantes del género, optó por apartarse de la tradición familiar de músicos de iglesia para intentar abrirse camino en la ópera.

Sabemos -y además resulta imposible imaginar que fuera de otro modo- que, durante la segunda etapa de sus estudios en Milán, que se prolongó hasta 1883, concurrió frecuentemente a los teatros Dal Verme, Carcano y Alla Scala. Se encuentra documentada su asistencia a L’Etoile du Nord de Giacomo Meyerbeer, Fra Diavolo de Daniel-François-Esprit Auber, Carmen de Georges Bizet, al estreno local de Der Freschütz de Carl Maria von Weber y de Hérodiade de Jules Massenet, y el mundial de Dejanice de su coterráneo Alfredo Catalani. También al oratorio La Rédemptiom de Charles Gounod. Seguramente presenció otros títulos, pero su asistencia no está debidamente comprobada.

Viajar como promotor de sus propias obras

Encuentro entre Puccini y Toscanini en la Estación de Tren de Viareggio. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.Encuentro entre Puccini y Toscanini en la Estación de Tren de Viareggio. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.

Giacomo Puccini asiste a los estrenos mundiales de sus obras y con inusitada frecuencia se traslada a supervisar las puestas de las primeras representaciones locales o de las reposiciones más importantes. La elección de los teatros y de las ciudades en las cuales se presentaban las óperas se basaba en cuidadas estrategias comerciales y de programación de la Casa Ricordi.

Desde diciembre de 1884 cuando se traslada a Turín para supervisar los ensayos y asistir a las representaciones de la inicial Le Villi hasta octubre de 1923 con su viaje a Viena para presenciar en la Staatsoper las reposiciones de Bohème, Madama Butterfly y Tosca, Giacomo Puccini es un viajero incansable supervisando producciones escénicas, ensayos musicales y asistiendo a las presentaciones de sus óperas. Su compromiso en el montaje era siempre subrayado por la prensa, para destacar la calidad y la fidelidad de la ejecución, la frase ‘el autor asistirá a la representación’ era un clásico en las publicaciones de la época.

Pero también esos viajes servían para presenciar las distintas producciones líricas del momento, una forma de estar al corriente de las novedades y de la actualidad.

El difícil camino al éxito

El suceso obtenido con su ejercicio final del Conservatorio -el Capriccio Sinfonico- lo impulsó a tentar suerte en la composición de una ópera y el primer certamen musical de la Casa Sonzogno, de 1883, fue el acicate. Por su trabajo no recibió siquiera una mención, pero aún así logró estrenar su ópera el 31 de mayo de 1884 en el Teatro Dal Verme de Milán, con el título de Le Willis. Las posteriores puestas en Turín -reestructurada y con su nombre definitivo de Le Villi-, Milán, Bolonia, Fermo, Trieste (en ese momento ciudad que no pertenecía a Italia y por ende su virtual primer viaje al exterior, en enero de 1887), Pisa, Nápoles y Vercelli que se sucedieron entre diciembre de 1884 y enero de 1890, lo forzaron a visitar esos teatros para supervisar ensayos y asistir a funciones. Situaciones como ésta se repetirían incesantemente durante el resto de su vida.

Mientras tanto encontró lugar en medio de la agitación incipiente de su agenda para ver, marzo de 1884 en el Teatro Manzoni de Milán La Jolie fille di Perth de Georges Bizet -naturalmente en italiano- donde le causó muy buena impresión el bajo Giovanni Tanzini (Piacenza, 1851-1936); y en mayo de ese año las dos óperas ganadoras del Concurso Sonzogno (ambas tan oxidadas hoy como la memoria de sus autores): La Fata del Nord de Guglielmo Zuelli y Anna e Gualberto de Luigi Mapelli. Pero también para presenciar Rienzi de Wagner, y Otello de Verdi.

Por esos años concurre dos veces a Bayreuth, en 1888 junto a Ferdinando Fontana -el libretista de Le Villi y de Edgar- donde asisten a representaciones de Parsifal, y de Die Meistersinger von Nürnberg. Regresa en 1889 con el director Franco Faccio enviados por Ricordi para establecer los cortes necesarios para el estreno italiano y en italiano de Los maestros Cantores (que se cumple en diciembre de ese año en La Scala y donde, naturalmente, asiste), vuelve a presenciar una obra que siempre tuvo en alta estima: Parsifal y posiblemente también ve Tristan und Isolde. Volverá a los Festivales de Bayreuth, de incógnito, en 1912 para escuchar nuevamente Parsifal (en compañía de Josephine von Stengel).

Puccini en las Pirámides de Egipto (febrero de 1908). Junto a su esposa y el maestro Setti. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.Puccini en las Pirámides de Egipto (febrero de 1908). Junto a su esposa y el maestro Setti. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.

No es éste el espacio adecuado para profundizar sobre los sinsabores que le produjeron la concepción y la recepción de que fuera objeto su Edgar, pero a los fines del presente digamos que estuvo en su estreno mundial en Milán y luego se presentó en Lucca, en Ferrara -versión en tres actos, enero de 1892- y en Brescia, continuando con su costumbre de viajar a supervisar las puestas de sus óperas e iniciando su periplo por países extranjeros. Así Madrid –donde además presencia, el 20 de febrero de 1892, el Guillermo Tell de Rossini- fue su primer destino internacional, con motivo del estreno de su única ópera que tiene como título el nombre del personaje del tenor y que, según los más modernos estudios, no es en modo alguno una obra menor (o ‘sopa recalentada’, como habitualmente se repite sin fundamento), sino un gran paso a la madurez musical enmascarado por un libreto mediocre. Como es habitual serán muy pocas las oportunidades en este 2024 de presenciar en vivo Edgar, sólo en el Festival de Torre del Lago (en julio) y en la ópera de Niza, en noviembre.

María Isabel Rosal Moral especula en su tesis doctoral, presentada en 2022, titulada ‘La recepción de las óperas de Puccini en España’ que el compositor italiano podría haber concurrido en su viaje a la capital de la península a representaciones de las zarzuelas Tiquis Miquis de Ruperto Chapí, De la noche a la mañana; ¡A los toros!, La caza del oso o el tendero de comestibles de Federico Chueca, todas en cartelera durante la estancia del maestro en Madrid, y probablemente a algunos de los conciertos que Luigi Mancinelli ofrecía en el Teatro del Príncipe Alfonso de Madrid. El maestro Mancinelli fue quien dirigió este estreno de Edgar el 19 de marzo de 1892 en el Teatro Real y las dos funciones siguientes, con el concurso del tenor Francesco Tamagno en el rol del título.

Como es sabido, el verdadero éxito le llegó de la mano de Manon Lescaut estrenada en 1893 en Turín, e inmediatamente encontramos a Puccini presenciándola en Trento, Brescia, Lucca, Hamburgo, Bolonia, Roma, Nápoles, Milán, Pisa, Budapest, Florencia, Londres, Bolonia y Bucarest, en el lapso que va hasta mayo de 1895.

Un viajero incansable por Italia

Puccini y familia en automóvil frente a la Casa de Torre del Lago. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.Puccini y familia en automóvil frente a la Casa de Torre del Lago. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.

La muerte de la madre en julio de 1884, las complicaciones con sus conciudadanos por su relación con una mujer casada, los iniciales problemas económicos y la venta de su casa natal en 1889, determinaron que Puccini no estableciera su domicilio en Lucca, aunque pernoctara muchísimas veces en esa ciudad. Naturalmente asistió al estreno local de sus obras, que siempre se dieron en el mes de septiembre: así en 1892 ve Edgar, en 1893 Manon Lescaut, en 1896 La Bohème, en 1900 Tosca, en 1907 Madama Butterfly, y en 1911 La Fanciulla del West. También asiste a las reposiciones cumplidas, en septiembre de 1908 y de 1923 de Manon Lescaut, y a las de Tosca en 1912.

La estabilidad artística y económica lo lleva a recuperar, luego, la casa natal de Lucca (aunque nunca vuelve a vivir en ella), a comprar una Villa en Chiatri, una morada en Abetone (Pistoia), la Torre della Tagliata (Orbetello), y naturalmente la casa de Torre del Lago y el terreno en Viareggio donde construirá su última vivienda. Su domicilio en Torre del Lago -trasladado en 1921 a Viareggio- implicaba permanentes desplazamientos entre su Toscana natal y la capital lírica de Italia, Milán, ciudad a la que viajó al menos en 32 oportunidades entre el estreno de Edgar en 1889 y octubre de 1924, cuando se entrevistó con Toscanini con miras al probable estreno de su Turandot.

En Milán presenció el estreno mundial de Falstaff de Verdi y los de las hoy casi olvidadas Guglielmo Ratcliff, Le Maschere y Parisina de Pietro Mascagni, Germania y La figlia di Iorio de Alberto Franchetti, Oceana de Antonio Smareglia, Déborah e Jaele de Ildebrando Pizzetti, Nerone de Arrigo Boito, Il Domino Azzurro de Franco Da Venezia, Manuel Menéndez de Lorenzo Filiasi y La cabrera de Gabriel Dupont. Asistió, también, a las primeras presentaciones italianas de Messalina de Isidore De Lara, Pelléas et Mélissande de Debussy, Elektra y Der Rosenkavalier de Strauss. Además, vio obras de Giuseppe Adami (Parigi), Franco Alfano (Il principe Zilah), Gaetano Donizetti (Linda di Chamounix), Cesare Galeoti (Anton), Franz Lehár (Endlich allein), Giovanni Paccini (Saffo), Lorenzo Perosi (La risurrezione di Cristo), Verdi (Rigoletto), Wagner (Lohengrin y El ocaso de los dioses), y Riccardo Zandonai (Francesca da Rimini).

A Roma concurrió en al menos 21 oportunidades; las más importantes se correspondieron con el estreno mundial de Tosca, los estrenos italianos de La Fanciulla del West e Il Trittico y la primera audición de su última partitura completa, el Inno a Roma.

Como simple espectador presenció en Roma los estrenos mundiales de Iris de Mascagni, Giove a Pompei la comedia musical de Umberto Giordano y Alberto Franchetti, con libreto de Luigi Illica y Ettore Romagnoli; y Anna Karenina de Iginio Robbiani. También asistió a Macbeth de Verdi, dos producciones de Il piccolo Marat de Mascagni (1921 y 1922), a Giulietta e Romeo de Riccardo Zandonai y Der Rosenkavalier de Richard Strauss.

Casi siempre con el objeto de presenciar sus obras viajó innumerables veces por toda la península. No es mucho lo que vio de otros compositores en estas ciudades italianas: Aida de Verdi y Pergolese de Bruno Landi, en su Lucca natal, Salome de Strauss (Nápoles, 1908, aunque ya la había presenciado en Graz en mayo de 1906) y Francesca da Rimini de Zandonai en su estreno mundial en Turín el 19 de febrero de 1914. Es importante señalar su viaje a Florencia del 1ro. de abril de 1924 con el sólo propósito de escuchar, en el Palacio Pitti, Pierrot lunaire de Arnold Schönberg.

Singular importancia adquiere su presencia en obras teatrales que luego devendrían en sus óperas, así asiste a La Tosca de Victorien Sardou en 1889, tanto en Milán y como en Turín y una vez más en 1895 en Florencia, a la Madame Butterfly de David Belasco en Londres en 1900, a The girls of the Golden west también de Belasco en Nueva York en enero de 1907, y La houppelande de Didier Gold en París en 1912.

Visita a Celle, tierra de sus antepasados, del 26 de octubre de 1924. © 2024 by Colección de Gustavo Gabriel Otero.Visita a Celle, tierra de sus antepasados, del 26 de octubre de 1924. © 2024 by Colección de Gustavo Gabriel Otero.

Pocas veces lo hallamos como verdadero turista: en junio de 1894 por Sicilia -aunque aprovechó este viaje para ‘empaparse del ambiente’ en preparación para la composición de La Lupa de Giovanni Verga, uno de los muchos libretos que luego desechó-, una breve estada en Malta, varios viajes a Boscolungo Abetone, también a algunos villorrios toscanos y a Viareggio, antes de instalarse definitivamente en esta ciudad balnearia, además de viajes para estar con su amante de turno. Sus tres largos itinerarios en automóvil con amigos podrían catalogarse de verdadero turismo: en agosto de 1904 viaja por la Toscana y alrededores, en julio de 1913 por el centro de Italia y en agosto de 1922 un largo periplo a través de Austria, Alemania y Holanda retornando a través de la Selva Negra y Suiza. En este viaje presenció el Drama de la Pasión (Passionsspiel) en Oberammergau y en Ingolstadt tuvo el famoso incidente con un hueso de ave que se le alojó en la garganta y necesitó el auxilio de un médico para extraerlo, quizás origen del tumor de garganta del que padeció (sin olvidar, naturalmente, alguna propensión familiar al cáncer y su compulsivo consumo de tabaco).

Sus últimos viajes por Italia, en 1924, tuvieron que ver con su tratamiento médico: así fue a Salsomaggiore en junio y a Florencia en octubre. El 26 de octubre de 1924 volvió a Celle, para recibir el homenaje de sus conciudadanos y, aparentemente, el 28 de ese mes se despide de su amada Torre del Lago.

Un compositor por el mundo

Puccini en el Puente de Brooklyn, Nueva York (noviembre de 1910). Fuente: Puccini, nelle immagini, al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán, 1968. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.Puccini en el Puente de Brooklyn, Nueva York (noviembre de 1910). Fuente: Puccini, nelle immagini, al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán, 1968. © 1968 by «Puccini, nelle immagini», al cuidado de Leopoldo Marchetti, Milán.

De las ciudades extranjeras París es la más visitada por el compositor toscano: al menos lo localizamos en ella 22 veces. Aparte de las puestas de sus óperas concurre a los estrenos mundiales de Louise y Julien de Gustave Charpentier, Ariane de Massenet e Israel de Bernstein. También presencia Aphrodite de Camille Erlanger, Pelléas et Mélisande de Debussy, Ariane et Barbe-Bleue de Paul Dukas, Lorenzaccio de Ernest Moret, Iván el Terrible de Rimsky-Korsakov, Aida de Verdi y probablemente Romeo y Julieta de Gounod. Mientras que, en junio de 1913, demostrando su absoluta amplitud de criterios estéticos y musicales, disfruta de La consagración de la primavera de Igor Stravinsky y, probablemente el año anterior, también de Petrushka,

A Londres viaja en 11 oportunidades, siempre a presenciar sus obras, salvo por la tradicional dupla Cavallería y Pagliacci que ve el 22 de mayo de 1909, y algunas obras teatrales, entre ellas Cuento de invierno (The Winter's Tale) de William Shakespeare en el Teatro Savoy y Everywoman de Walter Browne y Stephen Phillips en el Teatro Drury Lane, que presencia en su viaje de octubre de 1912, y la comedia musical Chu Chin Chow con texto de Oscar Asche y música de Frederic Norton, que ve en el His Majesty's Theatre en julio de1919.

Sus 8 viajes a Viena le permiten conocer las operetas Der arme Millionär de Otthenheimer, Die gelbe Jacke y Die ideale Gattin de Franz Lehár, a la par de algunas más no individualizadas. También aprovecha para ver composiciones de los dos Richard: Wagner y Strauss, derribando con hechos las anécdotas inventadas sobre su escasa consideración de la música de ambos compositores germanos. Die Frau ohne Schatten y una vez más Elektra son las obras de Strauss, mientras que Die Walküre y Parsifal son las de Wagner. Se dice que el 3 de noviembre de 1923 intenta ver sólo el primer acto de Parsifal para continuar con los restantes al día siguiente, atento la duración del espectáculo. La música del alemán lo atrapa nuevamente y ve ambas funciones completas.

En este último viaje a Viena, de octubre de 1923, se hace un lugar para concurrir a Salzburgo, para conocer los monumentos conmemorativos de Mozart, periplo que cumple el 20 de octubre. Viaje en el cual debe ser internado unos días, alrededor del 25, en el Cottage Sanatorium.

Sus 5 viajes a Montecarlo siempre son para presentar sus obras. Uno de ellos, en 1917, para el estreno mundial de La Rondine, partitura que muchos musicólogos actuales tienen en la más alta estima y que en este último tiempo ha comenzado a ser revalorizada por los teatros y en el gusto del público. Las recientes representaciones tanto en Jesi, en Verona, en Turín y en Nueva York parecen confirmarlo, además de las anunciadas producciones en Coccia (Novara, Italia), en Metz (Francia), en Montecarlo, y en la Volksoper de Viena. Sin dejar de mencionar la reciente versión crítica ofrecida en el Teatro Alla Scala de Milán -abril de 2024- debida al trabajo del musicólogo Ditlev Rindom; que contiene una gran cantidad de diferencias en la orquestación, las líneas vocales y el texto, así como variaciones de mayor escala.

El primero de sus 4 viajes a Hamburgo, en 1892, es para ofrecer Le Villi. Dieter Schickling en un artículo publicado en 2022 desmitifica la supuesta dirección musical, de la primera representación de la obra por parte de un joven Gustav Mahler. Schickling demuestra palmariamente que nunca fue así, como se sugiere en varias publicaciones. Fue Theodor Hentschel quien dirigió las 8 representaciones de esta ópera cumplidas entre el 29 de noviembre de 1892 y el 23 de abril de 1893. Se destaca que Mahler no amaba la música de Puccini y que en sus años de director de la Ópera de la Corte de Viena jamás dirigió una obra del músico de Lucca.

Sus 3 viajes a Budapest lo hacen encontrarse nuevamente con la música de Richard Strauss: vuelve a presenciar Salome (1906) y Der Rosenkavalier (1912), lo que se repite en sus 2 estadías en Berlín: otra vez Der Rosenkavalier y Ariadne auf Naxos de Strauss.

En una sola oportunidad visita Manchester, Dresde, El Cairo, Leipzig, Liverpol, Luxor, Niza, Alejandría, Zurich, y Bucarest.

En agosto de 1921 viaja a Múnich sin que se registre la puesta de alguna de sus obras. En este viaje presencia en solo 10 días (del 15 al 25 de agosto), diez obras: Palestrina de Hans Pfitzner, El Rapto en el Serrallo, La Flauta Mágica y Così fan tutte de Mozart, Parsifal y Tristán e Isolda de Wagner, Das Spielwerk de Franz Schreker, el ballet Josephslegende y Ariadne auf Naxos de Richard Strauss, y Die Vögel de Walter Braunfels, conforme apunta Dieter Schickling en su extraordinaria biografía del compositor.

Puccini y señora en la cubierta del Savoia en Génova antes de partir a Buenos Aires en su primer viaje transatlántico, 1 de junio de 1905. Publicada en ‘Musica e Musicisti’, septiembre de 1905. Foto: A. Testa, Génova. © 2024 by Colección de Gustavo Gabriel Otero.Puccini y señora en la cubierta del Savoia en Génova antes de partir a Buenos Aires en su primer viaje transatlántico, 1 de junio de 1905. Publicada en ‘Musica e Musicisti’, septiembre de 1905. Foto: A. Testa, Génova. © 2024 by Colección de Gustavo Gabriel Otero.

Su primer viaje transatlántico es, en 1905, a Buenos Aires. Asiste a Bohemios de Vives y a San Juan de Luz de Quinito Valverde y Torregosa por la Compañía Cómico-Lírica Española de Luis Alcalá el 4 de julio en el Teatro Comedia, el 12 de julio en el Teatro Apolo a la zarzuela criolla La Trilla de Nemesio Trejo y Eduardo García Lalanne, y el 30 de julio al Teatro Odeón a un Concierto en su honor programado y dirigido por Alberto Williams.

Concurre a La Bohème (25 de junio), Tosca (1ro. de julio), Manon Lescaut (2 de julio) y a la función a su beneficio de Madama Butterfly (19 de julio), siempre en el Teatro de la Ópera con la Compañía Nardi & Bonetti, donde se produce, el 8 de julio, el estreno mundial de la versión definitiva de Edgar -que vuelve a presenciar el 9- y que, por esto, ha quedado intrínsecamente ligada a Buenos Aires, aunque el Teatro Colón jamás la haya programado en sus más de cien años de existencia y con la cual tiene una deuda de honor.

También en agosto de 1905 visita brevemente Montevideo y presencia sólo sus obras: Tosca y Manon Lescaut por la Compañía Bernabei en el Teatro Solis (11 y 16 de agosto respectivamente).

Nueva York lo tienta en 1907 y una vez más en 1910, cuando estrena La fanciulla del west, que también presencia en Filadelfia. Se supone que en alguno de sus dos viajes a Estados Unidos conoce las cataratas del Niágara y asiste a Salome de Strauss y Armide de Gluck. La guerra mundial impidió en 1918 el que hubiese sido su cuarto viaje transatlántico y tercero a Nueva York: de este modo, Il Trittico es la única obra en cuyo estreno mundial Puccini no estuvo presente.

Tres veces viaja a Bruselas, la última a partir del 5 de noviembre de 1924 con la finalidad de curar su cáncer de garganta. En el Teatro de la Monnaie de Bruselas tiene oportunidad de escuchar por vez postrera a sus criaturas: La Bohème el 18 de noviembre y Tosca el 19. A la fecha no ha podido determinarse si presenció las dos o sólo una de ellas.

Por fin, desde esa misma ciudad, el 29 de noviembre de 1924 emprende un último viaje: el último viaje humano posible, llevándose consigo el verdadero final de Turandot.

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