Francia

El género ínfimo francés

Francisco Leonarte
lunes, 1 de julio de 2024
Jane Avril dansant (1893) © 1893 by H. Toulouse-Lautrec / CC Jane Avril dansant (1893) © 1893 by H. Toulouse-Lautrec / CC
París, domingo, 16 de junio de 2024. Théâtre des Bouffes du Nord. On aura tout vu. Canciones en torno al 1900-1920 francés. Georges Millandy / René Mercier, Paris! (1920); Henri Pacory / Érik Satie, Je te veux (1902); Théo Botrel, Le Mouchoir rouge de Cholet (1898); Edgar Favart / Xavier La Mareille, Ce que c’est qu’un drapeau (1900); Bernard Boussagol / Eugène Rimbaud et Edmond Bouchaud, Ah! Je l’attends (1900); Montéhus / Raoul Chantegrelet et Paul Doubis, La Grève des mères (1905); Pedro Badia et Charles Borel-Clerc / Paul Briollet y Léo Lelièvre, La Matchiche (1905); Aristide Bruant, Dans la rue (1889); Émile Gitral / Vincent Scotto, La Leçon de piano (1911); Dalleroy / Yvette Guilbert, Vierges! (1892); Georgius / René Mercier et Henri Piccolini, Si j’étais midinette (1916); Félix Baumaine et Charles Blondelet / Hervé, Moldave et circassienne (1864); Maurice Boukay / Marcel Legay, La Femme libre (1897); Félix Mortreuil et Eugène Joullot / Charles Helmer, Fumeur d'opium (1906); Léon Laroche / Louis Byrec, Je suis pocharde! (1890); Charles-Louis Pothier / Charles Borel-Clerc, Le Train fatal (1918); Pierre Chapelle / Paul Fauchey, Le Rondeau du café-concert (1919); y André Barde / Raoul Moretti On aura tout vu! (1934). Concepción y dirección de escena, Flannan Obé. Colaboración artística, decorados y trajes, Pierre Lebon. Luces, Ingrid Chevalier. Regidor de luces, Bertrand Killy. Con Marie Gautrot (mezzosoprano), Flannan Obé (tenor), Pierre Lebon (barítono) y Delphine Dussaux (piano).
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Ya se sabe, quien compone una sinfonía, un cuarteto, una ópera, no siempre confesará que desea que guste al público. Pero sí pretenderá abiertamente que su obra quede en los anales. Componer «para la Gloria», componer «para la posteridad»...

Quien compone una canción, una canción del verano, una de esas que «pegan» y que el público se apropia como si fuera suya de toda la vida, en realidad no compone «para las generaciones futuras» sino para el momento presente, para «ya», para que guste al público de ahora y ganar dinero -cuanto más dinero mejor.

De suerte que si los anales, lógicamente, están repletos de sinfonías, cuartetos, óperas y similares obras de prestigio, de las cancioncillas pocos investigadores se ocupan: no tienen el suficiente prestigio para ser tenidas en cuenta por los universitarios. De suerte que es más fácil, hoy en día, saber qué ópera fracasó en París en 1900 que saber a ciencia cierta qué tarareaban los parisinos en el mismo año. Y ello a pesar de los evidentes trasvases entre música llamada «culta» y música llamada «popular» (en fin, trasvases hasta 1945 más o menos, diría yo, hasta la llegada de Boulez y su insufrible elitismo que tanto daño ha hecho a la música culta).

Por eso no podemos sino celebrar la ocasión de conocer dichas canciones efímeras, de escucharlas en directo como debieron de sonar en su época (por supuesto existen sabrosas grabaciones de época, pero hablamos de música en directo).

Justamente el recorrido presentado en el espectáculo On aura tout vu permite realizar una serie de reflexiones al hilo de lo que escuchamos. En algunos casos, por ejemplo, constatamos la inmanencia de los refranes populares: en la canción feminista La Femme libre reconocemos el estribillo que ya Lesage, Fuzelier et Dorneval utilizaron en 1721 en uno de los números de La forêt de Dodonne, una de las más sabrosas obras del Teatro de Feria francés.

En otros casos constatamos la «internacionalidad» de dicho repertorio. Así, al igual que en los años 1960 Sinatra se apropió de una canción de Claude François (Comme d'habitude), transformándola en un éxito planetario (My way), o que La Gran Vía de Chueca fue traducida al francés y al italiano, y las operetas de Offenbach al español o al inglés (refirámonos al estupendo trabajo de Enrique Mejías al respecto), en el espectáculo que nos ocupa pudimos escuchar «La Matchiche», que como «La Machicha»1 tuvo también gran éxito en España (Olga Ramos, en los años 1980 del pasado siglo la seguía cantando), aunque la danza original viene de Brasil (donde el maxixe era una danza autóctona de esclavos y prostitutas) pero la melodía utilizada es más bien un pasacalle cuya real autoría es todavía debatida (¿Pedro Badía, de quien hay pocas referencias? ¿O más bien Ramón Estellés i Adrián en su zarzuela de 1895 Los inocentes2? ¿Estellés más algún retoque a partir del pasodoble La Giralda de López Juarranz? ¿Estellés partió de algunas notas del brasileño Gomes en Il Guaraní («Sento una fiamma indomita»)? ¿Algún retoque proveniente de Felipe Valdés que lo presenta como «danzón cubano» o de Foglietti a quien Félix Mayol se la escuchó? ¿Cuál es la real participación del arreglista francés Borel-Clerc cuya partitura fue la utilizada por Mayol y que en definitiva es quien cobró los cuantosísimos derechos de autor? Ya ven ustedes que la cosa da para mucho...)

La ocasión también para notar los famosos trasvases entre música culta y música popular con el Je te veux de Érik Satie, que buena parte de los melómanos de pro conocen porque está firmada por un autor de prestigio aunque este la compusiera para ver si ganaba dinero con ella. Ejemplo también es la cita de la mentada Matchicha por Gershwin en su famoso Un americano en París.

Tuvimos, por supuesto, ejemplos de canción sicalíptica francesa, con La leçon de piano, de Vincent Scotto, que después triunfará con otras canciones menos picantes, e incluso con operetas o músicas de película, además de la evocación de una figura extremadamente popular en su día (una auténtica diva de la canción picante, que amasó una muy importante fortuna, y fue aclamada por toda Europa, de las clases más humildes hasta la realeza, príncipe de Gales incluido) Yvette Guilbert, con su muy divertida Vírgenes.

Canciones destinadas directamente al consumo inmediato, nacidas frecuentemente como reacción a tal o cual noticia política o social, destinadas también a hacer reaccionar al público (emocionante esa Grève des mères, canción pacifista) o simplemente divertirlo (como esa cáustica On aura tout vu que sirve de título al espectáculo y que popularizó Dranem).

Pero aparte del interés en general del repertorio abordado y en particular de la selección presentada, está el disfrute del espectador. Y eso está más que asegurado merced a los cuatro artífices del espectáculo.

Flannan Obé firma la puesta en escena, con algunos gags y situaciones que no por no ser muy originales son menos eficaces cuando están bien trabajados: El retraso en empezar, el problema técnico que nadie sabe resolver, las diferencias de estatus entre los intervinientes ... Todo está trazado con brío y con simpatía, haciendo cómplice al público que no puede sino reír abiertamente.

Es cierto que por momentos hay un exceso de gags. A fuerza de querer hacer reír, ya no se ríe. Máxime cuando se recurre a acentos, deformaciones de voz o exageraciones que impiden una adecuada comprensión del texto cantado. Pero en general, entre invenciones de la puesta en escena e invenciones comprendidas en las propias canciones utilizadas, las risas y el buen humor están asegurados. Decorados y trajes sencillos y eficaces. Buen trabajo de luces.

Y sobre todo, mucha complicidad entre los actores-cantantes. Se nota que los cuatro gamberretes se lo han pasado pipa durante los ensayos.

Es de destacar además lo frescas que son las voces, notable además la diversidad de colores que puede adoptar según las canciones la mezzosoprano Marie Gautrot, en quien se intuye una voz importante. Muy buen nivel de inteligibilidad de los cuatro, salvo cuando, como decimos, se empeñan en tomar un acento o fingir un tipo de voz, pensando tal vez que la comicidad de la interpretación será mayor que la comicidad del texto...

Y es de destacar, sobre todo, la variedad de estilos que según la obra abordada adoptará quien cante. Al final, el público aplaude a rabiar. Flannan Obé toma entonces la palabra. Y nos anuncia la trágica muerte de Jodie Devos, la excelente soprano belga que un fulgurante cáncer de mama se ha llevado. Es difícil de créer. Pero por desgracia cierto. Se acabaron las risas.

Seguimos aplaudiendo un tanto atolondrados. Y nos volvemos a casa.

Notas

1. Para más información sobre «el caso Machicha», https://www.youtube.com/watch?v=5sifoItrI1Y • https://anchaesmicasa.wordpress.com/2017/06/23/la-maxixe-2-es-espanola/ • https://anchaesmicasa.wordpress.com/2017/06/26/la-maxixe-5-nacio-del-puebo/ • https://www.raulgomezrojas.com/single-post/2017/09/20/the-choon-gum-song • https://jewish-music.huji.ac.il/en/node/23210 • https://jewish-music.huji.ac.il/en/node/23210 • https://alexandria.ucsb.edu/lib/ark:/48907/f3m045j4 parodia mexicana

2. Ramón Estellés i Adrián (1850-1899), otro de los compositores españoles, en este caso valenciano, que parecen olvidados a pesar de sus muy sabrosas obras. Como muestra, este dúo de los patos. https://www.youtube.com/watch?v=IBdUPLjNqZY

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