España - Extremadura

Medea arrasa Mérida

José Amador Morales
martes, 9 de julio de 2024
Azorín, Medea © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida Azorín, Medea © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida
Mérida, jueves, 27 de junio de 2024. Teatro Romano de Mérida. Luigi Cherubini: Médée, tragedia lírica en tres actos sobre libreto de François-Benoît Hoffmann basado en la tragedia de Eurípides (431 a.C.) con recitativos musicalizados por Alan Curtis. Paco Azorín, director de escena y escenografía. Ángeles Blancas (Medea), Leonor Bonilla (Dirce), Nancy Fabiola Herrera (Neris), Noah Stewart (Jasón), Esteban Baltazar (Creonte), Mercedes Gancedo y Karina Demurova (Doncellas). Coro de Extremadura (Amaya Añúa, director). Orquesta de Extremadura. Andrés Salado, director musical. Coproducción del Teatro Real de Madrid, del Abu Dhabi Festival y del Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida
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El Teatro Romano de Mérida, antigua colonia Augusta Emerita erigida por el cónsul Marco Vipsanio Agripa, fue inaugurado hacia los años 16-15 a.C. y es acreedor del título de Patrimonio de la Humanidad desde 1993. Tras sufrir importantes remodelaciones en el siglo I d.C. y durante el III, fue abandonado en el siglo IV tras la oficialización de un cristianismo que rechazaba el teatro y la danza por considerarlas inmorales, siendo en parte demolido y cubierto de tierra. Ya en 1910 comenzaron las excavaciones arqueológicas que llevaron a su reconstrucción parcial en 1962. Entre medias, desde 1933 este Teatro Romano alberga el Festival Internacional de Teatro Clásico de Mérida.

Y es en este prestigioso e inigualable marco en el que la representación de la ópera Medea ha abierto la septuagésima edición del citado festival entre una gran expectación, ya que suponía sólo la segunda vez que la obra de Luigi Cherubini volvía al mismo, con la novedad de ser presentada en su versión francesa así como de formar parte de una coproducción con un Teatro Real que ya la había presentado al inicio de esta última temporada.

Indudablemente la arquitectura soberbia e imponente del Teatro Romano de Mérida, prendada de tan rica historia, mostró como pocas veces una profunda simbiosis entre la obra y su contexto histórico, ofreciendo un escenario soñado para esta obra maestra del drama clásico. Medea, basada en la famosa tragedia de Eurípides, narra la desgarradora historia de una mujer consumida por la pasión y la venganza tras ser traicionada y anulada de facto por su esposo, Jasón. Desde el momento en que las primeras notas resonaron en la noche un tanto nubosa -había llovido levemente durante la mañana- y agradablemente fresca de Mérida, hasta el desenlace de esta tragedia intensa y emotiva, podemos afirmar que esta Medea cumplió las expectativas de ser una experiencia inolvidable tanto para los amantes de la ópera como para los entusiastas del teatro clásico fundamentalmente porque la tragedia encontró en estas piedras milenarias un poderoso eco que amplificó (y de qué manera) su impacto emocional..

Cherubini: Médée. Andrés Salado, director musical. Paco Azorín, director de escena. Teatro Romano de Mérida, junio de 2024. © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida.Cherubini: Médée. Andrés Salado, director musical. Paco Azorín, director de escena. Teatro Romano de Mérida, junio de 2024. © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida.

La Medea de Cherubini vio por primera vez la luz en París un 11 de marzo de 1797, pero curiosamente no en la Ópera de París, sino en el Théâtre Feydeau. Luigi Cherubini y su libretista eligieron el formato de la opéra comique, con diálogos hablados, ante la escasa popularidad de la tragedia lírica en la Francia post-revolucionaria. A pesar de este esfuerzo, la ópera no tuvo éxito inmediato en Francia y cayó en el olvido. 

Sin embargo, conforme fue avanzando el siglo XIX comenzó a ser bien acogida particularmente en tierras germánicas, donde Cherubini fue aclamado y admirado hasta por el mismísimo Beethoven. Así pues, Medea pasó por varias adaptaciones para convertirla en una ópera sin partes habladas, siendo la versión alemana con recitativos de Franz Lachner una de las más destacadas.

Pero el verdadero resurgimiento de Medea llegó en el siglo XX, gracias a la legendaria Maria Callas quien con un talento dramático incomparable, interpretó a Medea en su versión italiana en múltiples escenarios internacionales, incluyendo Florencia, Milán, Dallas y Londres, dejando un legado imborrable en sus diversas caracterizaciones registradas en grabaciones tanto en vivo como en estudio (EMI, 1958) así como en una tan insólita como legendaria participación en la película Medea dirigida por Pier Paolo Pasolini en 1969 en el rol protagónico. Estas interpretaciones, son joyas discográficas a las que los amantes de la gran soprano griega volvemos una y otra vez, al mismo tiempo que permanecen como referencias interpretativas ineludibles para acercarse al rol.

Otra gran soprano, bien que en las antípodas artísticas de la Callas, la catalana Montserrat Caballé fue la que protagonizó la citada versión de esta ópera de Cherubini ofrecida en el festival de teatro emeritense en 1989, acompañada de grandísimos cantantes como José Carreras y Elena Obratzsova y dirigida por Antoni Ros-Marbá.

Cherubini: Médée. Andrés Salado, director musical. Paco Azorín, director de escena. Teatro Romano de Mérida, junio de 2024. © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida.Cherubini: Médée. Andrés Salado, director musical. Paco Azorín, director de escena. Teatro Romano de Mérida, junio de 2024. © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida.

La producción de Paco Azorín, que ya vimos en su estreno madrileño el pasado otoño, convenció más si cabe en esta presentación en Mérida. La atemporalidad tanto del aparato escénico como del vestuario, un logrado movimiento de actores (especialmente eficaz en el caso del coro utilizando toda la amplitud del escenario) y atinado juego luminotécnico, se imbricaron muy acertadamente con el marco del Teatro Romano. Además, las distintas procedencias de los conjuntos de personajes -argonautas, corintios, furias… - aparecieron aquí más definidas.

El papel de Medea es uno de los más desafiantes de la historia de la ópera, requiriendo una vocalidad prácticamente inexistente hoy día, lo cual suele ser motivo para rechazar su puesta en escena a la hora de programar este título por los distintos teatros líricos. Los difíciles saltos interválicos entre registros agudos y graves que caracteriza su parte, la intensidad del dramatismo de las situaciones y la longitud de su presencia sobre el escenario hacen de Medea una de las interpretaciones más extenuantes del repertorio.

Aquí una valiente Ángeles Blancas se aventuró con una Medea cuya voz evidentemente no posee el peso vocal que demanda este rol. Y es que la soprano española (aunque nacida en Munich) carece de un registro grave suficiente -bien que no lo forzó en ningún momento- y un agudo a veces demasiado raspado, pasando algunos apuros en los momentos más exigentes de la ópera.

Cherubini: Médée. Andrés Salado, director musical. Paco Azorín, director de escena. Teatro Romano de Mérida, junio de 2024. © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida.Cherubini: Médée. Andrés Salado, director musical. Paco Azorín, director de escena. Teatro Romano de Mérida, junio de 2024. © 2024 by Jero Morales / Festival de Mérida.

Pero no obstante lo anterior, y como en tantas otras ocasiones en su caso, Ángeles Blancas “fue” Medea desde el minuto uno (incluso antes, pues ya su aparición en el escenario instantes previos al comienzo de la obertura y mientras gran parte del público aún buscaba su asiento, era de un impacto sobrecogedor), convenciendo y conquistando a los presentes por su increíble capacidad expresiva y el magnetismo de su soberbia presencia escénica. Su voz, suficiente pero no poderosa, fue en cambio rica en matices, lo que le permitió transmitir una amplia gama de emociones: desde la ternura y la vulnerabilidad hasta la furia y la desesperación, su canto llevó al público a través de los tumultuosos estados de ánimo de Medea, capturando la esencia de la semidiosa hechicera.

Su Medea no era solo una figura trágica, sino una fuerza de la naturaleza. Cada fraseo y cada mirada transmitían el dolor y la venganza de Medea traicionada por Jasón, mostrando una intensidad emocional que logró una comunicatividad y una conexión directa con el espectador al alcance de muy pocos artistas.

A gran altura brilló también la siempre musicalísima Leonor Bonilla como Dirce a un tiempo enamorada y temerosa, mostrando su límpido y hermoso registro agudo y sobreagudo. Por su parte Nancy Fabiola-Herrera ofreció otra gran caracterización como Neris, sabiendo aprovechar su bellísima aria del tercer acto “Ah! nos peines seront communes”, cantada con exquisito fraseo e intensidad expresiva acompañada con idéntico buen gusto por el extraordinario fagot obligato de Reynold Luis Cárdenas.

En el lado masculino bajó un tanto el nivel con el discreto Creonte de Esteban Baltazar, aceptablemente cantado, pero al que le faltó un punto de empaque y autoridad vocal de un personaje que es el Rey de Corinto. Pero sin duda fue el desde todo punto de vista imposible Jasón de Noah Stewart el punto más bajo del reparto, con una emisión estrangulada y voz de mil colores, sin apoyo ni proyección, acusó no poca fatiga vocal al forzar continuamente un instrumento que no colaba una sola nota en condiciones por el pasaje, sufriendo y haciendo sufrir a la audiencia ante los continuos percances canoros.

La acústica del Teatro Romano de Mérida mostró su lado más amable desde el escenario, aportando una atractiva proyección unidireccional a las voces, lo que confirió un punto de mayor autenticidad e interés a la labor de los cantantes. Sin embargo se cebó con un sonido orquestal que desde la “orchestra”, nunca mejor dicho, sonó pobre, desequilibrado (con unos timbales y un trombón constantemente y muy por encima de la masa orquestal) y, en definitiva, con mucha dificultad desde las caveas.

Tampoco se compensó esta circunstancia con un mayor número de músicos que, al menos en la cuerda, hubiese sido muy conveniente o, al menos, con una discreta y cuidada -¿por qué no?- amplificación. Así las cosas, sólo pudimos advertir una dirección musical de Andrés Salado competente en el acompañamiento a las voces y ágil en la elección de los tempi, pero poco más. A pesar de lo anteriormente señalado, fue indiscutible la profesionalidad puesta de manifiesto por la Orquesta de Extremadura y sobre todo de un Coro de Extremadura que sorprendió por su excelente empaste y afinación, amén de su desenvoltura sobre el escenario. 

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