Reportajes

La navidad llegó con Pinnock

Bellerofonte
martes, 17 de diciembre de 2002
--- ---
0,000132 La llegada de la Navidad inunda España de mesías haendelianos y oratorios navideños bachianos, lo mismo que la llegada de la Semana Santa propicia la invasión de las pasiones del ‘Kantor'. Tal es la falta de imaginación de quienes programan los acontecimientos musicales en la ‘piel de toro', incapaces de ver más allá de sus narices. ¿Qué puede aportar al aficionado una obra que escucha año tras año por estas fechas? Poco, la verdad sea dicha. Pero es como las lentejas: o las tomas, o las dejas. Sólo así se entiende esa ridícula media entrada que el pasado día 12 registró el Auditorio madrileño con motivo de la visita de uno de los grupos señeros de la interpretación barroca, The English Concert.El atractivo de este Oratorio de Navidad radicaba precisamente en eso, en The English Concert. No seré tan audaz de decir que esta música no vale la pena. Todo lo contrario, pues se trata de uno de los monumentos musicales más impresionantes de la historia. Pero volvemos a lo de la reiteración. Madrid ha vivido en los últimos años oratorios navideños de todos los pelajes. Con instrumentos modernos y con instrumentos originales. Con orquestas autóctonas y con orquestas extranjeras. Sin embargo, la ocasión tenía algo de especial, pues seguramente era la última vez que Madrid iba a ver a Trevor Pinnock dirigir la orquesta que él fundara hace ahora treinta años. Dentro de poco, Pinnock cederá la batuta a Andrew Manze para dedicarse en cuerpo y alma a esa otra faceta que tenía un tanto abandonada por culpa de la dirección orquestal, la de solista de clave.Hacer una crítica de una actuación de The English Concert (en este caso, acompañado por su propio coro) resulta de lo más sencillo. O, tal vez, de lo más complicado, pues se trata de extremar todos los sentidos para intentar captar algún fallo, por insignificante que sea. Siempre me ha asombrado la asombrosa perfección que alcanza este grupo y la naturalidad con que ejecuta todo lo que se le pone por delante, ya sea barroco tardío, ya sea clasicismo o preclasicismo. Ésta no iba a ser la excepción. El coro estuvo extraordinario (aunque yo, que soy muy pejiguero, prefiero los coros alemanes, holandeses o flamencos para las grandes obras corales del ‘Kantor'); la orquesta tocó con la maestría de siempre y los solistas rayaron a una gran altura, especialmente la soprano Lisa Milne, que posee un estruendoso chorro de voz, y el tenor Johan Mark Ainsley, cada vez más a gusto en los papeles bachianos. Por poner una pega, diré que la mezo Diana Moore estuvo simplemente cumplidora.Las dos horas del espectáculo pasaron rápidamente, señal de que todo estuvo en su sitio. Por lo que a mí respecta, hasta se me hizo corto y para nada me hubiera importado ‘tragarme' las dos cantatas (4 y 5) que se recortaron para aligerar el programa (son los problemas de empezar un concierto a las diez y media de la noche; los músicos europeos flipan cuando han de venir a tocar a España y se topan con un horario como éste). Aún así, tuve tiempo para hipotetizar sobre lo que será el futuro de The English Concert sin Pinnock. Manze es un director cualificado, como ya ha demostrado en sus esporádicas apariciones al frente de La Stravaganza de Colonia o de la Academy of Ancient Music (el ‘eterno rival' de The English Concert), pero será difícil que pueda superar a Pinnock, un músico con mayúsculas, al que seguramente no se le ha reconocido la labor, tan ingente como brillante, que ha realizado (¡más quisieran Gardiner o Hogwood haber hecho la mitad de lo que ha hecho Pinnock!).Pinnock no sólo dirigió este Oratorio de Navidad con sus habituales energía y solvencia, sino que hasta permitió una pequeña pose para la galería: dirigió, como siempre, desde el clave, pero lo hizo de pie, a la usanza del siglo XVIII. Ver tocar a alguien hoy en día un instrumento de teclado en esa incómoda posición no deja de chocar. Pero hasta en eso estuvo natural el director inglés.No quiera acabar sin destacar un último detalle. Trompas y trompetas son siempre el objeto de feroz crítica por los que todavía, a estas alturas de la película, cuestionan el empleo de instrumentos originales. Conseguir en una actuación en directo que no desafinen estos diabólicos vientos es tarea casi imposible. Pues bien, los trompetistas de The English Concert estuvieron apabullantes, en especial, el primero de ellos, Mark Bennet, que se llevó el mayor aplauso de la noche. Escuchar en el aria para bajo de la primera cantata Grosser Herr, o starker König o en la coral de la sexta cantata Nun seid ihr wohl gerohen a estos monstruos de la trompeta natural resultó una experiencia inolvidable.
Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.