España - Castilla y León

Que venga Dios y lo vea...

Montserrat Font Batallé
jueves, 26 de diciembre de 2002
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Salamanca, martes, 10 de diciembre de 2002. Salamanca ( Centro de Artes Escénicas). Grigori Sokolov. Ludwig van Beethoven: Dos sonatas Op. 14, nº 1 en mi mayor y nº 2 en sol mayor; '15ª sonata en re mayor', Op. 28; Soghomon Komitas: ‘Seis danzas para piano’; Sergei Procofiev: ‘sonata no.7 en si bemol mayor’, op.83. Aforo: 1.732 localidades; Ocupación: 90%.
0,0002844 El consagrado pianista Grigori Sokolov (San Petersburgo, 1950), uno de los grandes mitos del pianismo ruso a nivel internacional en la actualidad , brindó un divino y espectacular recital en el nuevo auditorio de Salamanca, consiguiendo arrancar siete bises de los aplausos de un público atento y agradecido, en su mayoría alumnado musical joven, que se volcó en reconocer la maestría de este genial intérprete, que a los 16 años ya obtuvo por unanimidad el Primer Premio y Medalla de Oro del Concurso Internacional Chaicovsqui de Moscú, con Gilels, Boulanger, Zecchi...entre los grandes del tribunal. Si bien, su fama tardó en consolidarse en Occidente, asistir a un recital en directo de Sokolov es un placer de dioses.Tectónico y miniaturista a la vez son las palabras que mejor definen el piano de Sokolov . Sorprende unánimemente su contundente firmeza explosiva. Sokolov toca con el magnetismo de un volcán y te atrapa. Prefiere expresar toda la fuerza sonora con la geología del piano: el sonido en estado puro, más que esconderse en nubes armónicas de buen gusto. Para este empirista de las teclas, la música es comunicación ´directa´, lenguaje hablado hecho música, por lo que todo detalle de la partitura, todo gesto musical vale para dibujar geografías bellas y nuevas a la vez. De aquí que el poder persuasivo de su estilo sea único, fugaz e irrepetible en cada una de sus interpretaciones, como la música misma, efímera y monumental cuando alcanza su mayor plenitud...Así la infinita gama expresiva de sus dedos cuenta la música clásica de siempre con una narratividad impecable, suscribiendo las palabras del poeta vanguardista catalán J. V. Foix : “ M´encisa el vell i m´enamora el nou...” (Me cautiva lo viejo y me enamora lo nuevo).Lo nuevo también cabe en las manos de Sokolov. Y es que este maestro de maestros es un ´pianista universal´, un transmisor de cultura pianística– pedagogía nada común entre los intérpretes de nuestro tiempo-. En el entrañable recital salmantino, plasmó ese universalismo que lo identifica con música clásica de Occidente , una primera parte dedicada a tres sonatas compuestas por el genio de Bonn entre 1791 y 1801; y una segunda parte oriental contemporánea con música del compositor y musicólogo armenio-turco Soghomon Komitas (1869-1935), prácticamente un desconocido del repertorio pianístico .La Séptima sonata de Procofiev culminó el recital, revelando que Sokolov domina desde la forma sonata más clásica de Beethoven a las complejas formas de sonata del siglo XX. Todo un recorrido geográfico y monumental por las formas, los tiempos y espacios del pianismo de las manos de este todo terreno del teclado que finalizó regalando breves piezas para piano de Chopin, Schubert, Couperin entre otros...en generosos bises sucesivos.OccidenteLa 9ª Sonata en mi mayor sonó atrevida y táctil a la vez, con una nitidez clara y precisa en los temas del ´Allegro´ que sobresalieron por los picados en crescendo y a la vez fortissimi iniciales, brillando en el ancho abanico de sonoridades que exhibe Sokolov. El ´Allegreto´ convirtió los graves del acompañamiento en murmullos de contenida tensión y el ´Rondó´ fue una lección de articulación perfecta en los pasajes rápidos y las escalas.La 10ª Sonata en sol mayor adquirió una agilidad sorprendente. El color clásico se enriqueció de matices y polifonías anchas en el ´Allegro´, para resolver en la sencillez que caracteriza el ´Andante´ de forma aterciopelada y silenciosa. Una pulsación ligera dialogó con fuerza majestuosa en los cruces de manos del ´Scherzo-Allegro assai´.La magia llenó el ´Allegro´de la 15ª Sonata en re mayor, conocida como la ´Pastoral´ del piano. Y en el ´sotto voce´del ´Andante´ se escondió tímidamente para recobrar todo el magnetismo inicial en una espectacular reprise cuyas frases largas retrasaron el punto de retorno del tempo inicial a modo de olas. La pulsación en martellato lució en el ´Rondó´. El ´Allegro ma non troppo´ siguió de forma más jocosa sin perder nunca el control del tempo en ‘rallentando’.OrienteLas Six Dances de Soghomon Vardapet ( estrenadas en Paris en 1906) fueron todo un descubrimiento. Estas descripciones de las regiones armenias oscilan entre el impresionismo de Debussy y el lenguaje popular de Bartók o Kódaly, reflejando así los colores del exotismo oriental - muy en boga en el París de principios de siglo- y del nuevo estilo gregoriano de la Schola Cantorum, del todo opuesto al formalismo de las sonatas clásicas. Temas en arabesco con giros en espiral, ornamentaron escalas menores melódicas, dibujando largos melismas. La primera de las danzas ´Erangi´ reveló la elegancia de Sokolov por la monodia oriental, casi a la manera de un ´recitativo secco´. ´Unabi´ adquirió una melodía muy cantabile y se replegó en los pianissimi, ´Marali´ alcanzó momentos de clímax y ´Sciuski´ brilló tímbricamente. ´Et-Arach´ fue la más preciosista y ´Schoror´ regresó a las raíces populares con austeras armonías. Sokolov supo graduar cada dosis de expresividad con una gran sensibilidad en el declamado, en lo que me atrevería a calificar de experimento miniaturista, a medio camino entre el post-romanticismo, el arte naïve y el minimalismo más moderno.La séptima de las sonatas de Procofiev sonó diabólicamente explosiva. El ´Allegro inquieto´ se convirtió en un canto metafísico en la segunda parte o ´Andantino´ con un sabor más agridulce y monumental en el ´Andante caloroso´. Pero lo bueno estaba por llegar. El último ´Precipitato´ cobró tintes de tormenta y jazz a la vez. Sin caer en un fácil e incisivo ostinato, los ritmos aksak percutidos( combinaciones de compases de amalgama, binarios y ternarios mezclados, muy queridos por Procofiev) crecieron incesantemente y coronaron el concierto con un ´fortissimi´ más que espectacular, por la enorme tensión y fuerza acumuladas. Prueba de fuego superada para este volcán del piano llamado Sokolov.
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