España - Andalucía

Spanish Brass: la milagrosa calidez de los metales

José-Luis López López
lunes, 20 de enero de 2003
Málaga, miércoles, 15 de enero de 2003. Teatro Cánovas. Quinteto de Metales Spanish Brass Luur-Metalls (Carlos Benetó Grau, trompeta; Juanjo Serna Salvador, trompeta, Manuel Pérez Ortega, trompa; Indalecio Bonet Manrique, trombón. Pedro Castaño Castaño, tuba). Obras. Luciano Berio: 'Call'; Enrique Sanz-Burguete: 'Bettina versus Goethe'; Joan Guinjoan: 'Vectoriel'; Pedro Guajardo: 'Metalmorfosis'; Witold Lutoslawski: 'Mini Overture'; César Cano: 'Pentametalia', op. 4; Pere Casas: 'Trotub’s'; Xavier Montsalvatge: 'Questions & Answers'. IX Ciclo de Música Contemporánea. Aforo: 500 localidades. Ocupación: 60%.
0,0003099 Tras haber oído los cinco compactos (de los que daremos cuenta en los próximos días) publicados hasta ahora por este Quinteto de Metales, su escucha cercana y en vivo nos confirma lo que ya suponíamos: que Spanish Brass Luur-Metalls es, sin duda, uno de los conjuntos más importantes de la Blasermusik europea y mundial en estos momentos. Y a las pruebas nos remitimos: este concierto de música contemporánea excelentemente seleccionada, con obras de clásicos del siglo XX (y XXI) como Lutoslawski, Berio, Montsalvatge o Guinjoan, con dos estrenos absolutos, encargados para la ocasión a Pedro Guajardo y Pere Casas, y otras dos piezas ya conocidas, de Enrique Sanz-Burguete y César Cano, se caracteriza por su diversidad y por la dificultad virtuosística que muchas de las obras presentan.Y ambas cosas fueron resueltas con maestría: la variedad, disponiendo las obras a lo largo del programa a través de una secuenciación sabiamente estudiada, que hizo que al público le parecieran breves las dos partes de un concierto que, reloj en mano, fueron generosamente extensas. Las dificultades, mediante una técnica depurada, que conseguía, por momentos, llevar al límite, y casi más allá, las posibilidades tímbricas de cada instrumento, bien mediante los, a veces inverosímiles, ataques sonoros de los intérpretes; bien mediante el uso de una colección numerosa de sordinas, de todas las formas y características.Y todo ello, dando tal impresión de facilidad, de estar los músicos disfrutando con lo que hacían, de divertirse aun tocando las obras más difíciles, que la consecuencia fue que el público, no sólo se quedó prendido en la calidad de lo que escuchaba, sino que se contagió del entusiasmo que irradiaba desde la escena. A este cronista, con tantos años de asistir a conciertos de música contemporánea, le ha sido dado ver de todo: abandonos discretos o masivos de los asistentes; meritoria resistencia de empeñosos oyentes, dispuestos a tratar de entender, a gusto o a disgusto, algo de lo que estaban oyendo; estudiantes de Conservatorios decididos a aprender algo que en muchas de sus doctas casas no se practicaba (afortunadamente, los tiempos, en eso, están cambiando); snobs aguantando estoicamente por la vanidad y el temor al que dirán. Aparte de la habitual, y mínima, presencia de la “tribu de los locos” a la que confiesa pertenecer quien esto escribe, que, según el lugar y las circunstancias, podía oscilar desde la cantidad de dos o tres amigos hasta un grupo que, en el más optimista de los supuestos, nunca necesitaría de más de dos cifras del sistema decimal para ser enumerado.Y hete aquí que, en el Cánovas de Málaga, los aproximados trescientos asistentes, que daban a la sala de mediano tamaño una abrumadora sensación de lleno, dada la experiencia que tenemos de este tipo de conciertos, no sólo escuchaban con atención, sino que se les notaba concentrados, sonrientes, felices, y, al final de cada interpretación, y sobre todo, al concluir el concierto, explotaban con espontáneo júbilo alborozado. Tanto más grato para el observador, que reparó en que una proporción mayoritaria del público eran jóvenes, y no pocos con más aspecto de ser oyentes rockeros que reverentes asistentes dispuestos a consumir música tardorromántica u óperas de repertorio en tantas salas de concierto tradicionales.SBL-M, para ir entonando el ambiente, comenzó con un Berio: Call (1985), una pieza breve en la que el autor juega con las más diversas posibilidades (ritmo, efectos tímbricos con o sin sordinas, o con las voces, aleatoriedad) de gran dificultad interpretativa. Esta composición contribuye a crear el clima de todo el concierto: una vez captados los oyentes, el desarrollo de todas las obras del programa adquiere una especie de unidad orgánica, que produce el efecto, con piezas de procedencia tan diversa, de estar asistiendo a la representación de un todo. A continuación, Bettina versus Goethe del valenciano Enrique Sanz-Burguete, cooperó a distender la intensidad del comienzo, en una especie de remanso más fácil y cercano a las formas tradicionales, como el rellano, en medio de una ascensión, que proporciona un agradable descanso.La tercera obra de la primera parte, Vectoriel, de Joan Guinjoan, recupera la tensión expresiva, con un amplio uso de diferentes tipos de sordinas, en un torrente de color sonoro vinculado con el jazz & blues, según reconoce el propio compositor. Esta primera parte concluye y culmina con Metalmorfosis, estreno absoluto, encargado para la ocasión por SBL-M, del madrileño y actualmente profesor titular del Real Conservatorio Superior ‘Victoria Eugenia’ de Granada, Pedro Guajardo, obra que combina una rica expresividad de todos los parámetros musicales con una puesta en escena en la que los efectos luminosos y la actuación y movimientos de los intérpretes pone de relieve la sinergia que se puede producir entre el juego sonoro y el juego espacial. El carácter mágico, lleno de ternura y humor, de la obra de Guajardo, interpretada gozosamente por los cinco metalistas, caló en el público de modo entusiástico, con la alegre espontaneidad que siempre quisiéramos percibir en un concierto de tan alto, y al mismo tiempo natural, nivel.Tras el descanso, en el que los asistentes se felicitaban mutuamente de encontrarse en tal lugar y ocasión, la segunda parte tuvo un corte similar: comienzo con la Mini Overtura de Witold Lutoslawski, obra también breve, pero fiel muestra del estilo magistral de este magno compositor: elaboración depurada, llena de desafíos técnicos, de la trama sonora, exquisita sensibilidad para la sutileza tímbrica y rítmica... Une petite chef d’oeuvre.De modo semejante a la primera parte, tras el vértigo, el descanso. Pero enseguida hay que advertir que, así como Sanz-Burguete aportó un interludio agradable, de indudable valor funcional en el conjunto de la primera parte, la obra del también valenciano César Cano Pentametalia, op. 4, fue lo más débil de esta excepcional noche. Descrita por su autor como ‘una obra en un solo movimiento, modal (basada en una escala de nueve sonidos) y predominantemente contrapuntística’, su ‘sintaxis armónica, regida por la combinación de motivos melódicos’ peca de monotonía, y su excesiva extensión resulta algo cansada, no por extensa, sino por reiterativa. Su mérito técnico no es, en absoluto, desdeñable: pero quizá tuvo la mala suerte de encontrarse en una compañía cuyo gran nivel, clásico o recientísimo, no llega a alcanzar esta composición. Las pruebas circunstanciales nunca pueden ser sustantivas en ningún juicio; pero, quizá, algún significado tenga el hecho de que esta obra no figuraba en la programación primitiva de este concierto, y se introdujo en sustitución de otro encargo de estreno que, por el momento, no llegó a concretarse.También es extensa la obra siguiente, Trotub’s, de Pere Casas, el otro estreno absoluto de la velada, también por encargo de SBL-M. Y, sin embargo, esta composición-collage de cinco movimientos independientes, con ciertas características comunes, pero con un rico despliegue diferenciado, con una gran variedad de procedimientos tímbricos, rítmicos e instrumentales (por ejemplo, el tercer movimiento es para trombón solo, y el quinto y último, en palabras del propio autor, ‘se inicia como una fanfarria e intenta mantener este carácter, en algún momento con cierta violencia, hasta el final’), hizo recuperar a los oyentes el sentido de la percepción integral de todo el concierto, ligeramente decaída por unos momentos.El broche de oro de esta segunda parte, y de todo el concierto, fue Questions & Answers, de Xavier Montsalvatge ¿Qué se puede decir, que haga honor a una obra de referencia, como es Preguntas y Respuestas del maestro tan recientemente desaparecido? Se parte de un Ricercare de Andrea Gabrieli, y se obliga a los intérpretes a actuar ante el público. La participación gestual de cada uno de los miembros del quinteto, con la presencia de unos instrumentos, ahora en escena, ahora fuera de ella, producen una asombrosa serie de contrastes sonoros. Primero está la tuba sola en escena, respondida desde lejos por el trombón y las trompetas, y después se va produciendo sucesivamente la reunión de los cinco instrumentos en el escenario. Para, posteriormente, producirse un movimiento semejante a la inversa (alguien podría pensar en la Sinfonía de los adioses de Haydn): los instrumentistas van ausentándose, uno tras otro, hasta quedar solo el primer trompeta para entonar, mientras también abandona la escena, los últimos compases de la obra, con el eco o ‘última respuesta’ de los demás instrumentos a lo lejos. Entre delicados efectos de luces, Spanish Brass (de quien Montsalvatge dijo: Magníficos intérpretes de mi música y de muchas más) completó así una actuación milagrosa.La respuesta del público, totalmente entregado, tanto al final de la primera parte, como, especialmente, a la conclusión del concierto, fue, para quien esto escribe, realmente emocionante. Sobre todo, los numerosos jóvenes asistentes manifestaron, entre una tromba de aplausos, su gratitud con espontáneo entusiasmo y desparpajo, que fue más allá de los convencionales ¡bravos! Los gritos de ¡olé ese trombón!, ¡qué barbaridad!, ¡tocar más, por favor! y otros de ese talante, además de heterodoxos, tenían la propiedad de percibirse como salidos de lo más hondo del ánimo de los privilegiados asistentes. Una ocasión como pocas.Curso de Apreciación de la Música ContemporáneaLa Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía organiza este Curso, que se celebra cada tarde de concierto (de 18.30 a 20:30 horas; los conciertos son a las 21:00 h.), con asistencia voluntaria (en años sucesivos se pretende que los estudiantes universitarios y de Conservatorio Superior se matriculen en un Curso de los llamados de Libre Configuración, que les conferiría créditos docentes valederos para sus titulaciones respectivas, y cuya asistencia sería, claro es, obligada). El firmante de esta reseña tuvo ocasión de asistir invitado a tan espléndido concierto, porque le fue amablemente encargada una conferencia esa misma tarde, celebrada en una sala anexa del propio Teatro Cánovas. Cualquiera que haya sido invitado a intervenir en conferencias, charlas o mesas redondas sobre Música Contemporánea, ya tiene experiencias repetidas de lo que es ‘predicar en el desierto’: seis, diez, con fortuna quince asistentes (de los que buena parte son organizadores o colaboradores del evento), siempre que no se trate de una actividad académica obligatoria. Pues bien, el autor de esta crónica tuvo su primera sorpresa al encontrarse con cerca de un centenar de oyentes (que luego se triplicaron largamente en el concierto), en buena parte jóvenes, que siguieron, atentos e interesados (quien es profesor desde hace tantos años eso lo capta enseguida) la disertación (ilustrada con pasajes musicales grabados, proyección de algunas obras pictóricas, y lectura de fragmentos literarios) titulada Los juegos del lenguaje contemporáneo: música, arte, literaturaCiertamente, esta iniciativa de la Consejería de Cultura andaluza, que se practica también en Granada y Sevilla, contribuye positivamente a ayudar a que las personas interesadas en la música, y especialmente los más jóvenes, vayan adquiriendo, ampliando y profundizando su sensibilidad hacia la respiración musical de nuestro tiempo, en palabras de Pierre Boulez. Y si a los asistentes se les compensa, minutos más tarde, con conciertos como el de Spanish Brass Luur-Metalls, no debe cabernos duda de que estas iniciativas desembocarán en que las nuevas generaciones oirán habitual, y no excepcionalmente, en las salas de conciertos, a Messiaen, Nono, Lutoslawski, Lachenmann, Berio, Ligeti o Montsalvatge (por mencionar sólo a algunos de los ya clásicos entre los amantes de la música contemporánea).
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