Ópera y Teatro musical

Una musa para Jules Massenet (II): ‘Thaïs’

Paco Bocanegra
jueves, 23 de enero de 2003
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0,0001945 Massenet, en Mes souvenirs, ofrecía su propia descripción de las cualidades que hicieron de Sybil Sanderson una irresistible ‘Thaïs': “¡Qué estupenda voz! ¡Ella iba desde el si grave al si agudo, tres octavas, tanto a plena voz como en pianissimo! ¡Estaba asombrado, fulminado, pasmado! Debo añadir que, además de la particularidad del instrumento, reconocí en la futura artista una inteligencia, una llama, una personalidad que se revelaban luminosamente en sus admirables rasgos. Estas son cualidades de la mayor importancia en el teatro.”El compositor de Hérodiade, Manon, Esclarmonde, Thaïs... reflejó sin duda en las heroínas de sus óperas su particular habilidad para plasmar un estilo lleno de gracia y encanto femeninos, popular en su momento por continuar la mejor tradición lírica decimonónica, pero poco más tarde tachado de anticuado y sentimental.Sin embargo, con la revalorización de sus obras, se ha hecho justicia a su talento, entre otros, para caracterizar a esos personajes con unas melodías de apariencia sencilla, en el que las palabras fluyen con total espontaneidad y en el teatro, tal y como lo concebía, se adherían mejor a una presencia acorde a la de Sanderson, a cuyos méritos, descritos más desapasionadamente A. Brunet como “[una voz] Precisa, de amplio registro, ágil, etérea, notable por su pureza cristalina y voluptuosa ternura” se unía una notable naturalidad y atracción escénicas.Thaïs, un poème méliqueLa composición de Thaïs, la otra gran creación de Massenet para Sanderson, comenzó en 1892, aunque a causa del traslado de la soprano a la Opera Garnier y diversas modificaciones realizadas en el último momento, la primera representación no tiene lugar hasta el 16 de marzo de 1894. En tanto, por aquellas fechas alcanzaba su 200º representación de Manon.El libreto de L. Gallet, basado en la novela homónima de Anatole France, lo protagoniza la cortesana alejandrina famosa por su belleza y vida disoluta, a quien el fanático eremita Athanaël –Paphnuce en el original- se propone redimir para perdición de ambos, pues éste acaba destruyendo su paz de espíritu al enamorarse de la mujer y aquélla, apartada del mundo en el desierto egipcio, muere exhausta por sus penitencias. En este aspecto se distancia del original de France donde el tema central es el conflicto íntimo del anacoreta.A modo de prefacio, Gallet explica su concepto de la poésie mélique según la cual se estructura el libreto. Si los compositores, afirma Gallet, invariablemente alteran los ritmos e ignoran las rimas –“puesto que lo que rima poéticamente no siempre rima musicalmente”- de los versos de los libretos ¿por qué entonces continuar con la tradición de escribir en verso y no ofrecerles en cambio textos con las características de la prosa? De ahí la denominación de poème mélique como una forma en la que poesía y música mantienen su carácter intrínseco, mas acomodándose mutuamente.El resultado, de versos libres y ritmo contrastado, mantiene en sus líneas melódicas una tensión dramática constante, pero alterna y como al límite del desfallecimiento, donde se insinúa una atmósfera ya decadentista, refinada y vagamente exótica, con mayor evidencia en lo concerniente al papel de ‘Thaïs', un personaje enfermizo en cierto sentido como lo pueda ser ‘Des Eissentes' del A rebours de Huysmans.Su entrada en escena en el acto segundo, con su desencantado monólogo ante el espejo “Ah! Je suis seule, seule en fin! ... Dis-moi que je suis belle” constituye un buen ejemplo de ello, y nos retrata a la mujer hastiada de la vida mundana y temerosa del paso del tiempo y su juventud. No sorprendente pues tanto su conversión tras la invocación de Athanäel “Je suis Athanaël, moine d´Antinoé”, que transcurre, no obstante, con una rapidez extraordinaria incluso para los cánones operísticos, y al cabo de la cual la cortesana estalla en una histérica mezcla de llanto y carcajada. Tal vez para suavizar el efecto Massenet introduce a continuación el bellísimo interludio orquestal, la “Meditation”.Un papel a propósito para Sybil Sanderson, quien al decir de las crónicas sufrió un morboso accidente con su atuendo en la primera función; más tarde habría de repetirse ocasionalmente, hasta hacer comentar a algún espectador que el papel lo había escrito Massenet “para darle la oportunidad de despojarse de sus trapos”.Un proyecto frustradoSi el lustro transcurrido entre los estrenos de Esclarmonde y Thaïs (1889-1894) señaló el apogeo artístico de Sybil Sanderson, sus años de gloria no habrían de prolongarse. A pesar del delirio suscitado por la soprano en Francia, su carismática personalidad no logró imponerse en Londres (1891) o Nueva York (1894-5 y 1901-2).Fue la suya una figura asociada siempre a la polémica, cuya carrera estuvo marcada con progresiva frecuencia por excesos, con un abandono temporal de la escena en 1897, escándalos –cancelaciones, la relación con William Randolph Hearst, modelo de ‘Charles Foster Kane' en el filme Citizen Kane de Orson Wells- y problemas de salud que arruinaron su última aparición en el antiguo Metropolitan.Debilitada por una cirrosis originada por su adicción al alcohol, Sybil Sanderson fallecía en 1903 a la edad de treinta y ocho años víctima de una neumonía infecciosa. Frustrado quedó el proyecto de una nueva ópera al parecer pensada también por Massenet para ella, Chérubin, estrenada en 1905 por Mary Garden, a quien Sanderson, siempre atenta con sus colegas noveles, promocionara en sus inicios.A su muerte, se asegura que un desolado Massenet desestimó cualquier reposición de Esclarmonde mientras vivió y su ópera predilecta, de hecho, tan sólo conoció fugaces reposiciones –Paris 1923 y 1931, con Fanny Heldy y Gabrielle Ritter-Ciampi, Bruselas 1934- hasta su recuperación por el tándem Richard Bonynge-Joan Sutherland en la Ópera de San Francisco el 23 de octubre de 1974.DiscografíaNo se han conservado testimonios sonoros de Sybil Sanderson.Esclarmonde1975 – J. Sutherland, G. Aragall, C. Grant, H. Tourangeau, L. Quilico, R. Davies, R. Lloyd. Coro “John Alldis” y National Philarmonic Orchestra, director R. Bonynge. DECCAThaïs1935-. G. Boué, J. Giradeau, R. Bourdin, M. Roux. Coro y Orquesta del Théàtre National de l´Opera de Paris, director G. Sebastian. MALIBRAN1959 – A. Esposito, R. Massard, J. Mollien, L. Lovano, S. Michel. Coro y orquesta de la Radio Francesa, director Albert Wolff. LE CHANT DU MONDE1976 – B. Sills, S. Milnes, N. Gedda, R. van Allan, P. Kern. Coro “John Alldis”, orquesta New Philharmonia, director Lorin Maazel. EMI1998- R. Fleming, T. Hampson, G. Sabbatini. Orchestre National Bordeaux Aquitaine, director Yves Abel. DECCA
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