Reportajes

Guerra sucia en Baviera

J.G. Messerschmidt
lunes, 21 de abril de 2003
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0,0001904 Hay guerras y guerras. En algunas se lanzan bombas, en otras palabras. Unas se hacen por el dominio de grandes reservas petrolíferas; otras, simplemente, por unas condiciones laborales dignas. En el Ballet del Estado de Baviera ha estallado una contienda de este último tipo entre los bailarines y su director, Ivan Liska. A principios de abril una plataforma autodenominada Bayern Ballett difundió un comunicado en el que se daban a conocer los graves problemas que presuntamente aquejan a la compañía. Los anónimos autores del texto se lamentan de las condiciones adversas en que los bailarines desarrollan su labor y hacen a Ivan Liska objeto de serias acusaciones. La ineficaz gestión técnica de Liska, a quien también se atribuyen maneras dictatoriales, sería la causa de las numerosas lesiones y del agotamiento psíquico y físico sufrido por los bailarines en los últimos meses. También se anuncia el abandono de la compañía por parte de cinco de sus nueve primeros solistas.A la dimisión de las nuevas estrellas del conjunto, Lucía Lacarra y Cyril Pierre, dada a conocer muy poco después del comienzo de su actividad en Alemania, se añaden ahora las de Kusha Alexi, Maria Eichwald y Oliver Wehe (primeros solistas), así como la de la solista Barbora Kohutkova. El comunicado hace público asimismo el conflicto surgido entre Liska y su amigo y mentor, el coreógrafo John Neumeier, durante una reciente visita de éste a Múnich. Al parecer, Neumeier se habría mostrado muy insatisfecho del nivel organizativo y técnico del cuerpo de baile muniqués, que debía interpretar tres de sus ballets. Por último, el comunicado pone en duda la capacidad del Ballet de Baviera para afrontar los compromisos de la próxima temporada, dado el deterioro general sufrido por el conjunto.El papel de los medios de comunicaciónSegún informaciones publicadas por el diario Münchner Merkur, que atribuye el comunicado a los bailarines de la compañía, éstos habrían confirmado las acusaciones vertidas y expresado su deseo de mantenerse en el anonimato por temor a represalias. Liska, siempre según Münchner Merkur, se habría negado repetidamente a dar explicaciones precisas sobre el caso. De manera casi simultánea a la publicación de las mencionadas informaciones en Münchner Merkur, apareció en el foro de internet del Ballet de Baviera un mensaje con un enlace a la revista de Tanznetz, donde Horst Koegler, ‘Papa' de la crítica alemana de danza y uno de los más autorizados expertos mundiales en la materia, recoge el comunicado atribuido a los bailarines muniqueses, se pregunta por la autoría del texto y augura a Liska dificultades en el futuro. El hecho de que el mensaje publicado en el foro del Ballet de Baviera (administrado por la dirección de la compañía) desapareciera sin dejar huella al día siguiente de su publicación, debe ser interpretado como un episodio más en una guerra entre bailarines y director que tiene como campo de batalla los medios de comunicación.Este corresponsal se puso en contacto con el director adjunto de la compañía y portavoz de la misma, Wolfgang Oberender. A la solicitud de entrevista con la bailarina Lucía Lacarra (realizada antes del estallido de la crisis) el portavoz respondió que la Sra. Lacarra estaba de viaje. A una nueva solicitud hecha tras conocerse el comunicado de Bayern Ballett, la respuesta fue que no se la podía molestar porque “estaba resfriada”, pero que sería posible hablar con ella en breve. Por lo que respecta a la crisis, el portavoz afirmó no disponer de tiempo para dar explicaciones detalladas y se remitió a un artículo publicado por el diario popular [“Boulevardzeitung”] Tageszeitung, en el que, siempre según el portavoz, se hallaba información suficiente para aclarar la situación.El citado artículo acusa a los bailarines de correr a “quejarse a papá” en el Ministerio de Ciencia y Arte, en vez de hablar “con papá director” en el seno de la compañía, y recoge unas declaraciones del Ivan Liska, en las que éste afirma no necesitar responder a cartas anónimas. Asimismo, se explica la dimisión de Maria Eichwald haciéndose eco de unas declaraciones en que la bailarina (de 28 años) aduce razones de edad como motivo para dejar el Ballet de Baviera. También el periodista Karl Peter Fürst, muy próximo a la dirección de la compañía, se apoya en las mismas palabras de Eichwald en un escrito de réplica a Horst Koegler. Todo apunta a que el diario Tageszeitung se ha convertido en portavoz prácticamente oficial de la dirección del ballet bávaro y que periodistas próximos a ésta se han movilizado para neutralizar a la plataforma Bayern Ballett.Un poco de historiaEl Ballet del Estado de Baviera fue fundado por Konstanze Vernon, destacada pedagoga y ex-primera bailarina del Ballet de la Ópera de Baviera, tras la disolución de éste en 1989. La compañía conoció un rápido y exitoso desarrollo en la década de 1990, en la que alcanzó gran reconocimiento internacional. Este prestigio le permitió incorporar a sus filas a figuras de fama mundial, como Evelyn Hart o Elena Pankova. En 1998 Ivan Liska sucedió a Vernon en la dirección. Hasta esa fecha Liska había sido destacado miembro del Ballet de Hamburgo y uno de los hombres de confianza de John Neumeier. Su llegada a la dirección del ballet muniqués coincidió con la salida de algunos solistas, como Tina-Kay Bohnstedt y Kiki Lammersen. Poco después, tensiones con el nuevo director provocaron una nueva dimisión, la de Luca Masala, uno de los bailarines más carismáticos y apreciados del conjunto.La primera verdadera crisis de la ‘era Liska' llegó, sin embargo, en la temporada 1999-2000, con la destitución de Elena Pankova, la figura de mayor relieve con que ha contado el ballet bávaro hasta el presente. La rescisión del contrato de Pankova no fue justificada por la dirección con argumentos profesionales, sino aduciendo falta de entendimiento entre la bailarina y el director, lo que provocó gran irritación en amplios sectores del público y críticas por parte de la prensa especializada. El nombramiento de Lucía Lacarra como primera solista debería haber servido para dotar nuevamente al Ballet de Baviera de una gran estrella internacional. Sin embargo, tampoco esta vez las cosas parecen haber funcionado de manera ideal: nada más incorporarse a su nueva compañía, Lacarra y su marido, Cyril Pierre, también flamante primer solista, decidieron marcharse al final de la temporada.Cambios y crisisLa actual crisis se inscribe en el marco de un proceso de renovación de la cúpula directiva del Teatro Nacional de Múnich, sede de la Ópera y el Ballet del Estado de Baviera. A principios de año se anunció que el intendente de la Ópera, Sir Peter Jonas, y su director general de música, Zubin Mehta, renunciaban a la renovación de sus contratos y que serían sustituidos a partir de 2006 por Christoph Albrecht y Kent Nagano respectivamente. Ahora la sucesión del debilitado Ivan Liska podría concretarse en breve, según insinuaciones de un portavoz del Ministerio de Ciencia y Arte citadas por el mencionado Tageszeitung.
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