España - Andalucía

Berio, Jurado, Xenakis, Donatoni: Un concierto memorable

Ismael G. Cabral
lunes, 7 de julio de 2003
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Sevilla, jueves, 26 de junio de 2003. Teatro de la Maestranza. Luciano Berio: ‘Requies’. Pilar Jurado: ‘Donde mueren las palabras...’ (estreno absoluto). Iannis Xenakis: ‘Empreintes’. Franco Donatoni: ‘Arie’. Pilar Jurado, soprano. Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Arturo Tamayo, director. Concierto Fin de Curso de la Universidad de Sevilla
0,0002545 Por segundo año consecutivo la Universidad de Sevilla opta por clausurar su curso académico, propiciando la celebración de un concierto, en el Teatro de la Maestranza en el que la música de nuestro tiempo es la auténtica protagonista. Sirve para atender un acontecimiento que rara vez se produce en la ciudad – pues la nula interpretación de nueva música por parte de la ROSS es alarmante – y a la vez, pone el colofón al Ciclo de Música Contemporánea, congregando en el principal coliseo de la ciudad a un numeroso aforo renovado y atento como pocos.El anterior programa de estas características, protagonizado por Cristóbal Halffter dio paso en esta ocasión a un concierto bastante más ambicioso y retrospectivo que aquel. Eran cuatro las partituras sobre el atril, siendo Requies avisada a última hora e interpretada como homenaje al recientemente fallecido Luciano Berio (1925-2003) – quedándose fuera de programa Don de Pli selon Pli de Pierre Boulez.La composición de Berio es de una orquestación exquisita. Suerte de elegía a la memoria de Cathy Berberian, que ahora también lo es del propio compositor. Requies nos sitúa en el centro de un tiempo musical que parece suspendido y donde numerosas células melódicas se presentan en perenne transición dentro del ámbito de una orquesta de cámara, que sin embargo, alcanza momentos de gran intensidad dentro de lo que se presenta como una oración fúnebre sin palabras y que evoluciona dentro de unos parámetros de gran abstracción y enorme belleza plástica. Tremenda dificultad la que una partitura como esta supone para la ROSS, que sin embargo lució gran precisión y desgranó un discurso consecuente y muy férreamente dirigido por la batuta maestra de Arturo Tamayo.Corroborando la idea de que la música contemporánea es rica en contrastes, Donde mueren las palabras... de Pilar Jurado (1968) nos situó en un mundo sonoro diametralmente opuesto al de Berio. La obra, que llegaba como estreno absoluto y encargo de la Universidad de Sevilla, hace uso de una gran orquesta sinfónica, reforzada con una amplia sección de percusión y piano. La voz, que empieza tan sólo entonando como un instrumento más, no vocaliza hasta bien desarrollada la trama sonora de la composición, para entonces desgranar versos de Luis de Góngora y Vicente Huidobro – observamos una vez más el gran interés que despierta en los músicos el autor de Altazor, pues Cesar Camarero ya se inspiró en él para escribir parte del libreto de Horizonte Cuadradazo-. Hay en la obra de Jurado ciertos tics propios de Tomás Marco –en el uso masivo de la percusión– incluso serían apreciables maneras de un Antón García Abril tanto en la coda como en algunos clímax. Ahora bien, todo ello no es óbice para negarle a su autora una notable voz propia que se aprecia en la estructura global de la partitura y en la enorme dificultad que se auto-impone en la escritura vocal. Es, por tanto, una pieza de una gran riqueza tímbrica, que busca la comunicación y la logra, creación de una compositora, Pilar Jurado, que nos ha dado ya sobresalientes frutos en la música de cámara y que habrá de seguir sorprendiéndonos con sucesivas obras orquestales. Citemos a este respecto la fabulosa e imponente Yggdrasil, estrenada hace unos años en el Festival de Alicante.Tras el descanso, Arturo Tamayo ofreció una breve muestra orquestal de Iannis Xenakis (1922-2001), Empreintes, ya recogida en uno de los discos que compondrán la integral de obras orquestales de Xenakis, que el director madrileño está grabando junto a la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo. Estamos ante una partitura, que poseyendo rasgos claramente reconocibles en la música de su autor, estaría fuera de sus creaciones más representativas. La imagen del dibujo que una mano trazaría en la arena sirve como imagen y metáfora para una obra, que despojada de percusión, se construye en los intensos y desgarrados glissandos de la cuerda y en las titubeantes y agrias maderas y metales. Pese a una cierta falta de incisión en la cuerda, la ROSS en los apenas seis minutos de duración de la obra, firmó una de las piezas más palpitantes y posiblemente más intensas que jamás haya pasado por sus atriles.Para el cierre: Arie de Donatoni (1925-2000), obra que puede considerarse casi un descubrimiento, pues sobre ella pesaba un absoluto desconocimiento que ha sido paliado por la grabación que Tamayo y Jurado han llevado a cabo con la Orquesta Sinfónica de la Radio de Holanda para el sello Stradivarius. Conviene puntualizar aquí que la Universidad de Sevilla, tuvo la gentileza de adjuntar un ejemplar gratuito de este disco con cada programa de mano, al que por cierto, si tenemos que achacarle una gran pobreza y desorden en los contenidos.Arie supone el retorno a la música vocal en el catálogo de Donatoni, allá por 1978. Y su regreso parece estar acompañado de una necesidad de concentrar en una sola obra cuantos recursos vocales surgieran en la mente del compositor. Así, la partitura deviene en una dificultad para la soprano, absolutamente extrema: susurros, agudos llevados al límite, trinos imposibles, dinámicas contrapuestas y un largo catálogo de gestos que son acompañados por una orquestación de mágico e intenso lirismo; casi podríamos hablar de exotismo en algunas asociaciones instrumentales. Que Arie supone una de las obras más felices y líricas de Donatoni, es asunto innegable, y se puede admirar aquí a un creador bien distinto, de las impresionantemente austeras In Cauda o Prom.Pilar Jurado, puso su encanto y talento al servicio de una composición, que voces más vagas tildarían de imposible. Fue consorte excepcional y de lujo en un concierto memorable, en la que estuvo acompañada por ese Maestro de la dirección que es Arturo Tamayo, sólo unas semanas después de estrenar en España, Prometeo de Luigi Nono y a dos meses vista de que haga lo propio con Los Espacios Acústicos de Gerard Grisey. El público, receloso al principio, curioso e inquieto después, disfrutó del festín y aplaudió hasta sacar a saludar a los protagonistas en seis ocasiones
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