Ópera y Teatro musical

Ángel Mayo, aquel verano de 1962: un gentilhombre en Bayreuth

Carlos Ginebreda
viernes, 5 de diciembre de 2003
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0,0004087 Hace ya algunos meses que Ángel Fernando Mayo (Madrid, 12.11.1939; Madrid, 14.06.2003) nos dejó y permanece entre nosotros el mismo recuerdo y la misma emoción, y ello no hace más que fortalecerse con el paso del tiempo. Su biografía dice que era Licenciado en Derecho, alto funcionario de la Administración, experto en la música de Wagner y del romanticismo y postromanticismo alemán, traductor, crítico y comentarista. Fue Subdirector de la revista Ritmo, y colaboró en numerosas publicaciones entre las que hay que destacar la revista Scherzo, el diario Mundo Clásico y últimamente en el boletín de Diverdi (238 artículos). También lo hizo en diarios como ABC y El Mundo y en programas de Radio Nacional. Escribió y preparó notas y trabajos para numerosos programas de mano, tanto para conciertos como para representaciones operísticas.Sucedió un verano del 62Pero más allá del frío dato biográfico ¿quién fue Ángel Fernando Mayo? Hay muchas facetas de la persona y del amigo que pueden destacarse, pero me seduce iniciar estas notas con la idea de imaginar a aquel apasionado joven que en 1962 remite una carta a Wolfgang Wagner, en la que pide trabajo al Teatro de los Festivales de Bayreuth, aceptando las condiciones que buenamente le ofrezcan. Fue admitido como tramoyista, pero si nos preguntamos qué creía encontrar allí, una primera aproximación nos indicaría que no sabía muy bien lo que iba a ver -así me lo explicó en alguna ocasión- y lo cierto es que tuvo una enorme intuición.El resultado es que pudo contemplar una de las maravillas estéticas del siglo XX, el Nuevo Bayreuth (los Festivales Wagner celebrados después de la Segunda Guerra Mundial) con aquel fabuloso equipo de cantantes-actores bajo la dirección estética de Wieland Wagner y administrativa de Wolfgang Wagner, nietos de Richard Wagner. Dice John Ardoin, que las dos figuras más importantes de la revolución en la estética musical de la segunda mitad del siglo XX, fueron María Callas y Wieland Wagner. La genial Callas, por el dramatismo de su canto y Wieland, por la moderna concepción de las obras de su abuelo.Parafraseando a Stefan Zweig, cada persona tiene uno o varios momentos estelares en su vida: para Ángel, persona de exquisita sensibilidad, aquel mundo le produjo un impacto de tal envergadura, que marcó su vida y su obra. Es seguro que tenía las convicciones de un auténtico wagneriano cuando fue allí, pero aquello debió dejarlo perplejo. Durante más de dos meses, experimenta modernidad y tradición, Wieland Wagner y Knappertsbusch, cantantes de la vieja escuela y de la nueva hornada, luces, color y penumbra, y sobre todo, Wagner con mayúsculas, su obra de arte total, en teatro vivo.Wieland Wagner había sido acusado de rupturista, y a este propósito, en una carta dirigida a Adolf Zinstag fechada el 10 de octubre de 1951, se defendía así:"Creemos que Vd. estará de acuerdo en que nuestra principal tarea es preservar Bayreuth como un teatro vivo, como era la intención de Wagner. Supondría tener una visión equivocada respecto del gran genio teatral, si todos asumiéramos que Wagner fundó el Festival como un Museo del Teatro wagneriano" (1).En Bayreuth vive Ángel la experiencia wagneriana en lo que fue denominado 'Taller' con la máxima intensidad, y así le ocurre con todas las obras que se representan ese año en el Festival, aunque alcanza el máximo nivel con el Parsifal de Wieland Wagner/Hans Knappertsbusch, su querido "Kna”, al que admiró el resto de su vida, y al que dedicó gran esfuerzo para su recuperación humana y discográfica (2). Y esta experiencia no sólo le sucede a él. Unos años antes, el viejo Ernest Newman, decano de los críticos wagnerianos y biógrafo de Wagner, que había presenciado innumerables representaciones en Bayreuth y fuera de Bayreuth, en la época de Cosima y Siegfried Wagner, incluso con las escenografías originales, escribió en el Sunday Times, tras la representación del Parsifal de la reapertura de los Festivales, de 30 de julio de 1951:"Este no es sólo el mejor Parsifal que visto y oído en mi vida, sino además una de las tres o cuatro experiencias más emotivas de mi vida" (3).Ángel F. Mayo, privilegiado cronistaHa habido otros cronistas, como Penélope Turing (4), que nos han explicado la excelencia de aquel Festival de 1962. Hizo un tiempo suave y agradable, y el nivel estético de aquél año marcó un antes y un después. Tannhäuser, con escenografía de Wieland y ballet de Béjart, Tristán con Böhm, Nilsson y Windgassen y el ya citado Parsifal, de Wieland/Kna.Allí mismo decide Ángel que tiene que explicarlo con la palabra escrita, y he ahí otra gran cualidad de Ángel Mayo, su sabiduría al escribir, con una excelente prosa, con rigor de cronista privilegiado y con el mejor objetivo de alguien que escribe: transmitir al lector ideas y emociones, información y sensibilidad.Su primer artículo, aparece a la vuelta del Festival, en el número de septiembre de 1962 de la revista Destino (5), una de las pocas o quizá la única intelectualmente seria de la época, y narra cómo fue aquello. Cómo se las arregló para conseguir que le publicaran aquel extenso y documentadísimo trabajo no lo sabemos, pero el tesón que puso debió de ser proporcional al espectáculo vivido aquel verano. Luego lo ha vuelto a explicar en muchas de las publicaciones donde ha colaborado, pero donde mejor lo ha expresado es en un artículo publicado el año 1989, en el que, con aquella maravillosa prosa poética suya, nos explica:"Una neblinosa mañana de finales de junio de 1962 hice por primera vez el camino desde la estación de Bayreuth al Festspielhaus, no de rodillas como decía Albert Lavignac que ha de ir el 'verdadero peregrino', pero sí a pie y viendo poco a poco concretarse el edificio de mis sueños (...)" (6).La importancia del detalleHace algún tiempo en la Televisión Alemana, pasaron un reportaje, algo así como un No-Do, dedicado a aquel Festival de Bayreuth de 1962. Puede verse cómo era el ambiente, el trabajo entre bambalinas, la preparación del coro de Parsifal con Wilhelm Pitz, la rueda de prensa de Wieland Wagner comentando su nueva escenografía de Tristán, un periodista le dice que es lo mejor que ha visto y oído en su vida. También puede contemplarse lo que veía un joven que salía de un Madrid que se hallaba entre la autarquía y los Planes de Desarrollo. Gentes, costumbres y modas de la Alemania del llamado milagro alemán del Plan Marshall. En definitiva, allí empieza a verse la estética de los sixties, de los felices años sesenta, pero también se vive el drama de la Alemania dividida y de los problemas de los países vecinos del Este. Ángel como siempre, no pierde detalle.Éste era otro rasgo fundamental de su carácter, fijarse en el detalle. Y allí, en la tramoya, como espectador privilegiado, podemos imaginar a nuestro amigo Ángel, empapándose como una esponja de todo lo que ve, oye y siente, y con todos sus detalles. Mientras en Alemania Inglaterra o Francia, uno puede leer cientos de sesudos artículos sobre Wagner tales como 'Wagner y el psicoanálisis', 'Schoppenhauer y su influencia en Wagner', 'Mitologías nórdicas y Wagner', con Ángel hemos tenido la gran fortuna de leer sus artículos aderezados con detalles y anécdotas vividas, y con la información teórica mínima esencial, transmitida de forma clara y sencilla. Le estaremos eternamente agradecidos por ello.Ángel, Bayreuth y sus amigosCada vez que Ángel volvía a Bayreuth -y he podido comprobarlo en persona con él en los años 1995 y 2000- recordaba todo como el primer día, indicando lo que había cambiado y lo que permanecía igual, y siempre el punto de referencia era aquel verano de 1962. En 1995, cuando fui con él y con nuestro común amigo Alfredo López-Vivié, conocí a sus amigos de aquella época: Dieter Suchanek (hijo de la secretaria de Wolfgang Wagner en los años sesenta) y Heinrich Vogel, jefe del almacén de material y desde 1962, amigo entrañable de Angel. La cerveza corría a litros, y las comidas eran un auténtico festival. Y es que con Ángel, había dos festivales, El Festival Wagner y el festival dentro del Festival, es decir, el Festival con él, la comida, el paisaje, y sobre todo, sus amigos, alemanes pero también muchos españoles.En 1995, en la mañana del primer día, su entrada en las oficinas del Festspielhaus fue como debía serlo todos los años que iba allí, saludaba a todos los que conocía, que no eran pocos, y recuerdo su efusivo saludo a Frau Erna Pitz, la viuda de Wilhelm Pitz, recordando viejos tiempos, luego compras de libros y algunos discos. Por la noche, de vuelta al alojamiento que estos últimos años tenía en Bayreuth, en casa de Frau Engl (Brunhilde Strasse, casi esquina con la Furtwängler Strasse) de nuevo tertulia, otra de sus grandes aficiones. Eso sí, cuando algo no funcionaba en relación con las representaciones del Festival o de la organización, la pobre Frau Teckelmann de la 'Sociedad de Amigos de Bayreuth', recibía el chaparrón y procuraba tranquilizar a nuestro encolerizado amigo.Una vida dedicada a la músicaPero sería injusto referirlo todo a ese verano de 1962, pues para la vida musical española y para la crítica musical de nuestro entorno, significó Ángel algo muy importante, a saber: que todos nos centráramos en la música germánica como algo esencial para el arte y la cultura de Occidente y que no olvidásemos a los grandes intérpretes del pasado. Y su sabiduría, expresada en tantos artículos, traducciones, programas de mano y conferencias, llenaron un hueco fundamental en la educación de los melómanos y de los más estudiosos. Qué delicia releer aquel texto sobre Beethoven reproducido en el presente programa, donde explica la recepción de la música de Beethoven en España, su historia y su sentido. En la medida en que el tiempo pase, nos iremos dando cuenta de lo importante que fueron sus enseñanzas.Mientras Mahler y Bruckner estaban llegando a la Inglaterra de los Beatles y Carnaby Street y a la Francia del Mayo del 68, Ángel y la mayoría de los críticos de la revista Ritmo, de la que fue Subdirector en una de sus etapas más intensas, clamaban por el inexplicable retraso de su recepción en España. En el caso particular de Bruckner, del que era una auténtica autoridad, su recepción en España hubiera sido muy diferente -y mucho peor- sin la influencia de Ángel. Sus trabajos sobre Bruckner, son hoy y ayer, materia fundamental (7), y también queda en el recuerdo la alegría personal que tuvo Ángel, cuando Jesús López-Cobos, estrenó la Octava Sinfonía de Bruckner en Madrid.En sus viajes por España mostraba su sabiduría dando conferencias y charlas, pero ya en el aspecto más humano, le interesaban las gentes y las cosas de cada sitio que visitaba, y en especial, el buen comer y el buen beber -por poner un ejemplo, en cada visita a Barcelona era casi obligado un paseo por el mercado de la Boquería- , y tenía amigos en todas partes de España. Cuando se iniciaba la temporada de setas, tan apreciadas en Cataluña, siempre me llamaba para interesarse por el tema, como también me llamaba cuando empezaba la temporada de la lamprea en Galicia, y me decía, “Carlos, ¿por qué no te vienes a Galicia? me voy con Pili porque tengo que dar una conferencia y así nos tomamos una lamprea”. Cuánto me hubiera gustado ir. Hoy Ángel estaría muy contento del homenaje de la Sinfónica de Galicia a su memoria.En el programa de hoy, figura El Burgués Gentilhombre, de Richard Strauss, otro músico muy querido por él. En el título, he llamado a Ángel “Un gentilhombre en Bayreuth”. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua define 'gentilhombre', en su primera acepción, como buen mozo, y en la segunda, como la persona que da al rey noticia de un buen suceso. Mientras todos andábamos sumidos en la España del Cuéntame cómo pasó, Ángel F. Mayo sirvió al arte supremo como su rey, nos dio noticia de un buen suceso en 1962, y no paró de contarnos cosas buenas hasta su muerte.Ya para terminar, nuestros deseos de animar a Pili, su mujer, y a sus hijos a que preserven la obra de nuestro estimado Ángel. Sé de muy buena tinta que están en ello.Notas(1) Programa de Parsifal del Festival de Bayreuth de 1973.(2) A los diez años de la muerte de Kna, en la revista Ritmo, año XLV, número 455, octubre de 1975, Ángel F. Mayo escribe un precioso artículo reclamando la atención a su admirado Kna.(3) Citado en Bayreuth de Frederick Spotts.(4) En New Bayreuth de Penélope Turing.(5) Destino año XXVI número 1309 de 8 de septiembre de 1962.(6) Scherzo, año IV número 31, enero-febrero de 1989. El artículo se titula Mis recuerdos de Hans Hotter y es uno de los artículos más bellos de Ángel F. Mayo.(7) Programa de mano para el Ciclo Bruckner celebrado en el Auditorio Nacional (Madrid). Para quien esto escribe, el trabajo de Ángel F. Mayo sobre Bruckner incluido en este programa, es de lo mejor que se ha escrito sobre Bruckner, dentro y fuera de España.
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