Ópera y Teatro musical

La zarzuela en Cuba (5): Rodrigo Prats (1909-1980)

Alberto Joya
miércoles, 25 de agosto de 1999
0,0003652 Rodrigo Prats, el último y más actual de la trilogía de grandes compositores del género lírico en Cuba, completa el panorama de la zarzuela cubana en el siglo XX con una visión más consecuente de los aspectos dramático y musical, dentro del teatro costumbrista cubano.Rodrigo Prats, nació el 7 de febrero de 1909 en Sagua la Grande, provincia de Villa Clara. A los nueve años de edad se adentró en el estudio musical bajo la guía de su padre, el compositor Jaime Prats, y del profesor Emilio Reynoso. Concluyó su formación básica más tarde en el Conservatorio Orbón .Debutó como violinista cuando contaba sólo trece años de edad en la Cuban Jazz Band, primera orquesta de este tipo creada en Cuba, bajo la dirección de su padre. Casi simultáneamente ingresa en la Orquesta Sinfónica de La Habana fundada por el maestro Gonzalo Roig. Su debut como director de orquesta tuvo lugar en la Compañía Teatral de Arquímedes Pous, siguiéndole a esta, una serie de agrupaciones teatrales en las que figuró como director.Fue fundador y director de la Orquesta Sinfónica del Aire, de la Orquesta de Cámara del Círculo de Bellas Artes, subdirector de la Orquesta Filarmónica de La Habana, director musical de la RHC Cadena Azul, director por concurso-oposición de la Orquesta Sinfónica del Ministerio de Educación, director musical del Canal 4 de Televisión, fundador y director del Grupo de Teatro Jorge Anckermann en el Teatro Martí y director del Teatro Lírico de La Habana.Entre su producción musical, contamos con numerosas canciones, las cuales pueden catalogarse como joyas clásicas representativas de los diferentes géneros y épocas de la canción cubana. Su canción más antigua, Una Rosa de Francia , compuesta a la edad de quince años, constituye una obra de antología, un verdadero ejemplo modelo de la criolla-bolero en su más auténtica esencia. Otra obra, dentro del ambiente estilizado del bolero lo es su Miedo al desengaño, que cumple junto a la mayor parte de sus canciones el requerimiento de una voz lírica para su correcta interpretación, ya que para ellas han sido concebidas, no son simples boleros, criollas, y cadenciosas canciones escritas al estilo tradicional, sino que salidas de la pluma de un compositor culto y de un alto nivel musical, contienen la esencia de las raíces populares de la canción tradicional pero revestidas de la elegancia, el cuidado, y el rigor que las distingue, valiéndose para ello de una esmerada armonización, una exquisita orquestación o una realización meticulosa en su parte instrumental, ya sea para piano o para orquesta. Quizás por ser un conocedor profundo de la orquesta como tal, por su labor continua como director o porque interpretaba al piano sus obras junto a sus cantantes preferidos, están llevadas todas estas canciones por el difícil camino del acierto. También compuso Rodrigo Prats varios pregones: El Heladero, El Tamalero o El Churrero dan muestra de ello, llegando con los mismos hasta la raíz más pura de lo popular cubano.Un grupo de canciones más posteriores, compuestas a partir de la década del cincuenta, nos dan una imagen más avanzada dentro de la armonía contemporánea de la canción popular, la riqueza armónica de las canciones del feeling cubano, o el tratamiento armónico de la música del continente americano de la época, en especial los compositores de Estados Unidos, se mezclan en una interacción de influencias, que da por resultado un estilo propio en cada país y más específicamente en cada compositor. El creador asimila estos elementos y los traduce acorde a su formación. experiencia y sensibilidad, tres elementos que en Rodrigo Prats se manifiestan con entera maestría.La zarzuela en Rodrigo PratsFueron muchas las zarzuelas compuestas por el maestro Rodrigo Prats, entre las más conocidas podemos citar: La Perla del Caribe, María Belén Chacón, La Habana que vuelve, Guamá, Soledad y la que puede considerarse su obra más completa y querida: Amalia Batista.De todas estas zarzuelas, y de otras también compuestas por el maestro Prats, escuchamos continuamente en los programas musicales de Cuba, Miami, México, Venezuela, Francia, España o donde se realicen conciertos o representaciones de música cubana, romanzas y canciones de las obras teatrales de Rodrigo Prats, su Romanza para tenor de la zarzuela Soledad, o la romanza de María Belén Chacón, son casi habituales en dichos programas.Amalia Batista, es en la obra de Rodrigo Prats, lo que para la zarzuela cubana significan la María la O del maestro Ernesto Lecuona, o la Cecilia Valdés del maestro Gonzalo Roig. Las tres constituyen el más alto exponente del género lírico en Cuba.Con argumentos relativamente similares en ciertas cuestiones de índole social y dramático, son tres nombres de mujer, tres mulatas representativas de la exuberancia, la sensualidad y la pasión del trópico, en amores ocultos con un hombre blanco, en algunos casos de origen español como el Leonardo de la Cecilia Valdés, lo cual lleva a situaciones obviamente dramáticas por no estar reconocidos por la vida social de la época y lo cual hace del personaje protagónico de la mulata un ser totalmente marginado, discriminado y desdichado en cuanto de amor elegido se trata. Todo este drama, lleno de ilusiones, esperanzas, pasiones, desdichas y venganzas, dan lugar dentro de estas obras, a romanzas llenas de diferentes sentimientos de amor, rencor, despecho, odio y arrepentimiento, a veces mezclados en una misma romanza como muestra de la realidad viva en el ser humano.Por otra parte, en diferentes partes de la obra, el texto y la música realzan evocadoramente aspectos de la belleza sensual característica de la mujer cubana, de la naturaleza y del paisaje, conformando una estampa muy cubana en toda su magnitud.La única grabación de Amalia Batista realizada hasta el momento se ha hecho en Cuba, por los Estudios de Grabaciones EGREM y cuenta con Solistas, Coros y Orquesta Sinfónica del Gran Teatro de La Habana, bajo la dirección del autor.Rodrigo Prats, maestro y hombre generosoPosiblemente Rodrigo Prats sea el compositor cubano que más manuscritos originales diversos encontremos en los archivos particulares de músicos y cantantes cubanos. En época que no existía la fotocopiadora y la imprenta musical en Cuba tenía sus limitaciones impuestas por razones económicas, Rodrigo Prats copiaba de su propia mano canción por canción, obra por obra, que cualquier artista le pidiese. A veces no copiaba, sino que volvía a escribirla de memoria y de ahí resultan sutiles diferencias de un manuscrito a otro, teniéndolos todos como válidos, unos nos dan unas u otras posibilidades que perteneciendo todas al lenguaje musical pratsiano nos conducen hacia una interpretación acertada. Ayudaba en el montaje de sus obras a los cantantes en sesiones privadas para que llegado el momento del concierto o de la representación teatral estuvieran todos los detalles logrados previamente. Era un hombre verdaderamente querido por todos los que lo conocimos, tratamos y compartimos el escenario con él. Siempre tenía a mano una anécdota, un consejo, una palabra de aliento y de impulso a los jóvenes intérpretes. Un hombre tremendamente exigente en su trabajo y en el de los demás cuando de música se trataba pero siempre de buen humor. Era un hombre del que siempre emanaba sabiduría y del cual siempre se sacaba provecho. Una gloria de la música cubana.El maestro Rodrigo Prats murió en La Habana, el 15 de septiembre de 1980.Su Misa Cubana, compuesta originalmente para la boda de su hijo, fue cantada en la celebración litúrgica que tuvo lugar en La Habana en la reciente visita de su Santidad Juan Pablo II a Cuba.BibliografíaOrovio, Helio: Diccionario de la Música Cubana. Editorial Letras Cubanas. La Habana, Cuba, 1981.
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