Ópera y Teatro musical

La zarzuela en Cuba (1)

Alberto Joya
viernes, 1 de mayo de 1998
0,0002897 La Habana fué durante el siglo XIX una de las plazas teatrales más fuertes de toda América Latina. La frase "para triunfar en América hay que pasar por la Habana", constituyó una premisa para todos los actores y compañías lírico-dramáticas que querían probar suerte en tierras trasatlánticas.Llegaban primero a los teatros de La Habana y del éxito -o del fracaso- conquistado en las presentaciones que allí se hicieran, dependía el arribo a otros pueblos americanos. Como muestra basta citar a los actores españoles Andrés Prieto (discípulo de Maiquez, el renovador de la técnica de actuación en España) y Matilde Díaz, llamada la perla del teatro español, y a los compositores Manuel Fernández Caballero, que residió durante algunos años en la provincia de Matanzas y colaboró como director de orquesta en la Habana, y Joaquín Gaztambide, que se presentó durante un año al frente de su compañía en el Teatro Tacón.Desde finales del siglo XVIII el teatro lírico, en relación con el resto de las manifestaciones teatrales, ocupaba un lugar especial en el ambiente cultural de los principales centros urbanos de Cuba. La construción del primer teatro en la capital en 1776, el Coliseo, más tarde nombrado Principal, fué el acontecimiento que impulsó la difusión del teatro lírico y de la música en general en todo el pais.En 1790 aparece el primer número del Papel Periódico de la Habana, en el que se anuncia que una compañía española está actuando permanentemente en el Teatro Principal, haciendo tonadillas escénicas donde se suman canto y baile. Esto propició que se iniciara en la vida de la aristocracia española y de la burguesía criolla -quienes financiaban el mantenimiento de los lujosos epectáculos líricos- el gusto por ese tipo de actividad cultural convirtiéndose casi en un hábito que se extendió a todo lo largo del siglo XIX. El desarrollo que iba alcanzando cada centro urbano y en especial la capital de la isla, estaba marcado por la construcción de nuevos teatros, de sociedades y liceos. Hasta el momento la referencia más antigua que se conoce sobre la primera zarzuela estrenada en la Habana, aparece en el Papel Periódico anunciando su estreno para el 29 de octubre de 1771, la zarzuela en un acto se titula El Alcalde de Mairena y su autor se nombra Joseph Fallótico. Desgraciadamente no se ha podido determinar si era realmente una zarzuela, pues se ha perdido la obra. Todo se diluyó en las noticias de la prensa.Las tonadillas llegan a Cuba procedentes de España, como los cantores y los músicos, pero rápidamente van surgiendo sus émulos criollos; es aprendizaje directo, porque no hay sitio todavía para academias musicales. La tonadilla comienza a declinar en la Habana a principios del siglo XVIII, pero continuará existiendo en el interior de la Isla.La tonadilla: la madre del teatro bufo cubanoEn la última década del siglo XVIII y durante la primera mitad del XIX son muy inestables las representaciones de los espectáculos de zarzuelas. Hasta el estreno de El Duende, de Luis Olona y Rafael Hernando en el Teatro Tacón en 1853, no se introduce definitivamente el género en Cuba, a juzgar por la cantidad de títulos que aparecen citados en los anuncios de la prensa después de esa fecha.En ese mismo año se estrena El tío Caniyitas de Soriano-Fuertes con más de 30 funciones; Jugar con Fuego de Ventura de la Vega y Barbieri, y el Valle de Andorra de Olona y Gaztambide entre otros muchos títulos. A partir de este momento ocurrirá un desenfrenado consumo de zarzuelas, que no era más que el reflejo de la vida teatral que transcurría en la Metrópoli.Las reiteradas presentaciones de los espectáculos zarzuelísticos por los intérpretes y compañías españolas incitaron cada vez más a los empresarios dueños de teatros en Cuba. Ellos ávidos por encontrar novedades y atracciones para el buen recaudo de sus fondos, promovieron entre los compositores y artistas residentes en Cuba la creación de zarzuelas. Surge entonces el primer título que se conoce como escrito en Cuba y no precisamente de autor cubano: Todos locos o ninguno del catalán José Freixes, estrenada en el Teatro Tacón el día 3 de Marzo de 1853. A este estreno le surgieron en ese mismo año: Colegialas son colegiadas del mismo autor, pero arreglada por Victor Laudaluza (caricaturista y dibujante costumbrista vasco radicado en Cuba, que incursionó en el género como Doña Toribia. Apuros de un bautismo de Rafael de Otero; Por los parneses de Romero y El delirio paternal de José Robreño, son tres títulos de autores cubanos.En el Teatro Villanueva , en 1854, triunfa otra compañía española de zarzuelas, y continúan surgiendo los compositores verdaderamente cubanos, aunque todavía inspirados en motivos y música de corte español.La otra gran ciudad, Santiago de Cuba, no quiere ser menos y comienza a programar compañías de zarzuelas como la de Robreño, que llevaba algunos años triunfando ya en la Habana. Pero, ¿cómo eran estas primeras zarzuelas escritas en Cuba?. ¿Representaban un reflejo de la zarzuela española?. Analicemos: Antes de tomar auge la novedosa zarzuela, existían otros géneros líricos como los sainetes y las tonadillas escénicas. Recordemos que la primera zarzuela de la que se tiene noticias fué El jardín de Falerina de Calderón de la Barca y Juan Risco en 1648, y el auge que tomaron los sainetes de Don Ramón de la Cruz que nació en 1731. Toda esta larga historia del teatro lírico en España, es asimilada en un corto período de tiempo. Las zarzuelas en Cuba no surgieron como resultado de un proceso orgánico en el desarrollo tetral. Su presencia, su nacimiento se debió, como diría Alejo Carpentier a "fenómenos de aportación, injertos y trasplantes que resultan insólitos para quien pretenda aplicar determinados métodos de análisis de un arte regido por un rejuego constante de confrontaciones entre lo propio y lo ajeno lo autóctono y lo importado". Este rejuego constante, preparó el camino para la determinación de los elementos esenciales del teatro lírico cubano. Existen referencias sobre la aparición de esos primeros rasgos criollos, a finales del siglo XVIII y principios de XIX, que nos permiten apreciar que a partir de esos años ya es notable el propósito de diferenciar el lenguaje dramatúrgico de las composiciones españolas aunque continúe manteniéndose la estructura y la denominación genérica, "se habla, se pleitea, se reza, y se tañe a la española, pero no como en España".Francisco CovarrubiasSe atribuye al cubano Francisco Covarrubias la creación de los primeros sainetes donde se plantean estos elementos como símbolos de cubanía. Covarrubias comprendió que todos los personajes de las tonadillas, sainetes y zarzuelas podían ser sustituídos por tipos criollos, e hizo lo mismo con los pasajes musicales que también sustituyó por otros de carácter local. Le ayudaron en su labor credora algunos escritores como Agustín Millán y José Crespo, un autor gallego que escribía bajo el seudónimo de Creto Ganga, y así apareció el personaje del negro en el teatro vernáculo.De la seguidilla y el villancico se pasa a la tonada guajira, a la guaracha, a la canción. Este proceso lento, empezado por Covarrubias, estará en todo su apogeo en 1868. Surge entonces el teatro de manga ancha, que dependerá siempre mucho del hacer del actor, creando y recreando personajes, no habrá un negrito, sino muchos tipos de negritos, de mulatas refistoleras, de chinos y de espanoles.Otra característica de este teatro bufo, es que con su espíritu de burla burlando va denunciando realidades sociales y polariza, claro está, las simpatías cubanas frente al régimen español. Llegó a surgir la bufomanía. En contraposición en el Teatro Albizu , templo de la zarzuela española, se celebraban los triunfos frente a los insurrectos, tocando la marcha de la zarzuela Cadiz . ¿Pero, todo esto sucedía mientras estaba la guerra de 1868?. ¿Contradicción?. Más bien complementación: al mal tiempo, buena cara . Nunca estará mejor el teatro bufo cubano que a principios de 1868. Es la herencia de la Madre Patria el aplicar su gran refranero y forjar un carácter que les permitirá sobrevivir en las condiciones más adversas. En las obras escritas a finales di siglo XIX, la participación de la música popular cubana representada en diferentes géneros y modalidades de la canción y la danza fue ganando cada vez más terreno para la ambientación criolla. En esta época se destacan El baile del oso de 1882, con música de Enrique Guerrero, donde se escuchan guarachas cubanas como la famosa Guabina ; la parodia de la zarzuela española La Gran Vía , titulada La Gran Rumba, estrenada en 1894 y musicalizada por Jorge Anckermann, compositor que posee un catálogo de más de cien obras para la escena lírica y La mulata María de 1896 con música de Raimundo Valenzuela, conocido como prolífico creador de danzones.También Laureano Fuentes escribió seis zarzuelas, entre ellas podemos citar Dos máscaras estrenada en 1866 en Santiago de Cuba. José Mauri, escribió más de 40 zarzuelas, aunque cabe destacar aquí su ópera La Esclava, Ignacio Cervantes, gran pianista y compositor de danzas para piano -pequeñas obras maestras-, estrenó en 1889, en el Teatro Tacón la zarzuela: Exposición o el Submarino Peral.
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