Finlandia

Los últimos rayos del día

Xoán M. Carreira
martes, 28 de septiembre de 2004
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Helsinki, sábado, 28 de agosto de 2004. The Finnish National Opera, Almi Hall. On kauan jo. Carolus Enckell, escenografía. Riikka Rantanen, mezzo-soprano; Jaakko Kortekangas, barítono. Tuija Hakkila y Ilkka Paananen, piano. Ville Sandqvist y Kirsi Ylijoki, actores. Festival de Helsinki
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Erkki Melartin (Käkisalmi, Karelia, 1875; Helsinki, 1937), el más importante de los compositores fineses contemporáneos de Sibelius, es definido como un "ecléctico tardo-romántico" en Inventing Finnish Music (Helsinki: 2003) de Kimmo Korhonen, un espléndido libro de alta divulgación que deberían leer todos los interesados en la música de ese país báltico pues es un ameno, agudo y desprejuiciado informe sobre la vida musical de Finlandia desde mediados del siglo XVIII hasta 2003.

Según Korhonen, Melartin "fue el más versátil de todos los tardo-románticos finlandeses. Aunque el meollo de su extenso catálogo cae dentro del Romanticismo tintado de concencionalismos nacionales típico de su época, también se aproximó a medios de expresión más modernos como el Impresionismo e incluso el Expresionismo en los años 20". Famoso por sus seis sinfonías, una ballet, La perla azul (1930), y una espléndida ópera, Aino (1909), "un estudio sobre la técnica del leitmotiv wagneriano que contiene 22 motivos relacionados con caracteres, sucesos y emociones". El propio Melartin describía su ópera como un "misterio sobre el Kalevala" en una obvia referencia a Parsifal.

Lo más atractivo de la personalidad de Melartin es precisamente -según Kimmo Korhonen- su "mente abierta y sin prejuicios, tanto como compositor como personalmente. Esto se manifiesta en su producción como una expansión del idioma tardo-romántico hacia dimensiones que le llevaron a ser considerado un modernista dentro de la Finlandia de su época".

Sus abundantes canciones tienen toda la variedad de estilos característica de estos años finales de la Belle Époque, desde las melodies simbolistas sobre poemas de Verlaine, La lune blanche opus 19/2 (1906), hasta las muy cercanas a la música tradicional, Sirkan häämatka opus 15/2 (1902), pasando por las que muestran la influencia de Tosti y su elegante sentimentalismo como en Maggiolata o Ritorno, ambas del opus 24 (1906). La Finlandia de 1900 poseía un bullicioso cosmopolitismo, similar al de San Petersburgo en estos mismos años (o en pequeña escala Palermo o Bilbao), tal como se puede comprobar en las espléndida colección de pintura finesa conservada en el Ateneumin Taidenmuseo (Museo del Ateneo). En las canciones de Melartin encontramos representados prácticamente todos los temas que practicaron los pintores de su generación: la mitología y los paisajes finlandeses, los cuentos de Des Knaben Wunderhorn y las sagas tradicionales, pero también el exotismo, y no sólo el ruso, sino también las modas británicas como por ejemplo en su Indisches Lied opus 19/1 (1906) sobre texto de Shelley o la neoclásica añoranza del pasado en Mademoiselle Rococo opus 97/3 (1917). Su paleta abarca incluso la canción devota en latín presente en la ya mencionada opus 24 de 1906.

Al fin y al cabo, Melartin hizo una proeza reservada a muy pocos compositores de canciones: escribirlas en numerosos idiomas distintos con igual perfección. Melartin compuso en alemán, finés, francés, italiano, latín y sueco, todos ellos representados en la antología de sesenta y dos canciones de Melartin publicadas por Matti Tuloisela en dos volúmenes (Helsinki: Warner Chapell Music/Finland Oy, 2000) de la serie Laulukokoelmia (Álbumes de canciones) dedicada a la canción finlandesa anterior a la Segunda Guerra Mundial.

Sin embargo estos dos volúmenes no recogen prácticamente ninguna de las canciones de Melartin sobre textos de Veikko Antero Koskenniemi (1885-1962), un importante escritor finés, autor de un libro de poemas, Elegías (1917), que fue musicalizado por diversos compositores fineses. De hecho, el himno nacional de Finlandia es un texto suyo con música de Jean Sibelius. Sobre estas canciones de Melartin/Koskenniemi, que pertenecen al estilo final de Melartin, mucho más cercano al expresionismo, y mucho menos interpretado que sus canciones anteriores a la Primera Guerra Mundial, se basó este montaje teatral. Hasta donde pude averiguar, sólo unas pocas de ellas están grabadas (Erkki Melartin, Nuori Psyyke, Jaako Kortekangas, voz, Ilkka Paananen, piano; Ilona Records, 2000), precisamente por el barítono y uno de los pianistas del espectáculo que paso a comentar.

El grupo Taite construyó su espectáculo, a medio camino entre lo musical y lo teatral, aprovechando las canciones para plantearse -según declaran en el programa- algunas de las eternas preguntas sobre la expresión artística, el sentido del arte, etc., de una forma que pretende ser tierna. Y lo consigue desde las más variadas expresiones de la ternura: desde la melancolía hasta la ironía. Mi absoluto desconocimiento del suomi me impidió percibir los matices de la historia que se representaba y convirtió -bien a mi pesar- una excelente representación teatral en un recital de canción que me absorbió totalmente. A partir de unos personajes prototípicos, pero tratados con matices -el cantante, el guardia de seguridad, la starlett, el artista bohemio, los dos pianistas, caracterizados y comportándose de forma bien diversa- se fueron insertando las canciones de Melartin como una reflexión sobre los mismos temas planteados en el diálogo entre los personajes.

Últimamente hemos leído a varios prestigiados críticos españoles criticar muy duramente la representación escénica de ciclos de lieder alegando que este género pertenece al ámbito de la música pura. No malgastaré el tiempo del lector refutando semejante majadería. La canción es un género doméstico, pensado para la práctica privada, al menos hasta la Primera Guerra Mundial. Su adaptación a las salas de concierto fue siempre problemática y sigue siéndolo por infinidad de motivos, entre los que no es el menor la barrera idiomática, cada vez más compleja según se amplía el repertorio al incorporarse canciones bálticas, rusas, polacas, checas, etc. La representación de las canciones es una práctica interpretativa legítima que era habitual en los años veinte, y que sigue teniendo vigencia en la actualidad. Su calidad dependerá del talento del director escénico y de capacidad teatral de cantantes y pianistas, así como de los medios escénicos disponibles. El grupo Taite demostró que -sin un gran presupuesto y sin el menor deterioro de la calidad musical- se puede hacer canción teatral. El público lo agradece, por lo menos a juzgar por la cantidad de gente joven que se vió en On kauan jo, un espectáculo que se mantuvo en cartel durante todo el mes de agosto con excelente taquilla.

Päivän  viime säteet [Los últimos rayos del día] es el título de una de las canciones de Melartin/Koskenniemi que me gustó especialmente.

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