Musicología

La Fornarina, de 'Rosa de te' a Ángel de Benlliure

Maruxa Baliñas
viernes, 19 de noviembre de 2004
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Con demasiada frecuencia en España seguimos apreciando más aquello que consideramos propio, lo que nos individualiza, que lo que nos acerca a Europa. Ese nacionalismo avaro de la autarquía franquista, la magnificación del ‘Spain is different’, ha hecho que –todavía en la actualidad- la ‘copla española’ de los años 1940-1950 sea más conocida en España que el cuplé, una tipo de canción de cabaret similar a la de casi todos los países europeos en las primeras décadas del siglo XX. Y así figuras como la de La Fornarina, todo un mito en las dos primeras décadas del siglo pasado, han desaparecido totalmente de la memoria popular y la mayoría de la gente piensa que el fenómeno del cabaret, de las variedades, es algo de París o de Berlín (y si es culto, sabrá que también Londres, Viena o Moscú fueron focos importantes).

La Fornarina

Consuelo Bello Cano, más conocida por su seudónimo de 'La Fornarina', nació en Madrid el 28 de Mayo de 1884 en una casa situada en el nº 12 de la antigua Cuesta de Areneros, luego llamada Marqués de Urquijo. Su padre era un guardia civil, Laureano Bello Alvarez, natural de Destri (Orense). Su madre, Benita Cano Rodríguez, era natural de Toboso y trabajaba como lavandera. La situación familiar era muy modesta y Consuelo Bello comenzó a trabajar como lavandera siendo aun una niña. Durante su adolescencia probablemente se dedicó a la prostitución, además de trabajar como costurera, modelo, etc. Debutó en el teatro hacia los 17-18 años y con un enorme éxito, lo que cambió totalmente su vida. Desde el comienzo de su carrera estuvo íntimamente relacionada con el periodista y autor teatral José Juan Cadenas, con quien sin embargo no llegó a contraer matrimonio. Falleció el 17 de Julio de 1915, también en Madrid, enterrándose al día siguiente en el cementerio de San Isidro, en concreto en el patio de la Concepción, sepultura nº 14. Su sepultura fue esculpida por Mariano Benlliure, uno de los escultores españoles más importantes y cotizados de la época. En ella, como es típico, un ángel pide silencio.

Su carrera se inició como vicetiple en el Teatro de la Zarzuela de Madrid. En 1902 se traslada al Salón Japonés donde le ofrecen su primer papel importante: debuta en la revista El Pachá Bum-Bum y su harén con un papel mudo, en el que simplemente debía despojarse en escena de una larga capa, quedando desnuda en escena. Su sueldo era sin embargo de 5 pesetas diarias, cantidad bastante alta teniendo en cuenta el papel que desempeñaba.

Según otra versión de sus andanzas, la aportada por el periodista López Moya, autor de una biografía de La Fornarina, Consuelo Bello era una honrada modistilla que trabajaba en una tienda de modas, ‘Frou-Frou’, donde fue descubierta por dos periodistas, Betegón y Saint-Aubin, quienes la recomendaron al empresario del teatro Japonés, debutando directamente en El Pachá Bum-Bum y su harén.

El seudónimo de Fornarina le fue dado por uno de estos periodistas, Betegón o Saint-Aubin, en recuerdo de la musa de Rafael. Aunque también se ha dicho que el nombre estaba relacionado con el restaurante Fornos y su tertulia. Fornarina personalmente prefería el seudónimo de Carmen de Granada o haber mantenido el de Rosa de té con el que había debutado.

En este mismo año de 1902 debuta en el Salón Actualidades cantando y bailando. Su sueldo era ya de 15 pesetas diarias, mientras la otra estrella del programa, Candelaria Medina, cobraba sólo 7 pesetas. Además de esta cantidad Fornarina recibía de sus admiradores un ‘sobresueldo’ difícil de cuantificar. Trabajó también en Romea en 1902 o 1903. A partir de 1904 es considerada una de las ‘reinas’ del cuplé. Trabajó en Madrid, sobre todo en el Salón de Actualidades (1904-5), y en Lisboa, además de realizar sus primeras giras por diversas provincias españolas, a menudo en medio de grandes campañas contra la inmoralidad.

En el otoño o invierno de 1907 debuta en el Apollo-Théâtre de París donde se mantiene varios meses. De allí pasa a Berlín, Budapest, Viena, Leipzig, etc. En los años siguientes alterna sus giras por el extranjero con actuaciones en España, Díaz de Quijano cuenta que cada primavera vuelve 'Fornarina' a los Madriles. Con las primeras acacias en flor coinciden los anuncios de la 'Fornarina'. En 1910 se presenta en el Teatro de la Comedia de Madrid, uno de los teatros más serios y prestigiosos, siendo ésta una de las primeras ocasiones en que se abre un teatro ‘de verso’ para recibir a una cupletista, pero en este momento, Fornarina es ya considerada una de las glorias españolas. Continuan también las giras ‘por provincias’, pero su llegada ya no es motivo de escándalo, sino un acontecimiento en el que participa un público amplio, mujeres incluidas.

En 1913 La Fornarina puede ser considerada una mujer rica y recibe además el premio gordo de la lotería nacional portuguesa; su mantón de Manila, solamente, vale ya unas veinte mil pesetas. Sin embargo en este año empiezan sus problemas: José Juan Cadenas comienza a interesarse por otras cupletistas, especialmente por Manón, para quien crea todo un repertorio nuevo, y ambos acaban por separarse. Tras el invierno parisino, el regreso al Teatro Apolo de Madrid en la temporada de 1914 está cargado de problemas, Fornarina se ve obligada a estrenar un repertorio totalmente nuevo, debido a que tras su ruptura con J. J. Cadenas éste le había prohibido legalmente cantar sus obras, sin embargo la fidelidad de su público se mantiene. Reaparece en el Teatro Apolo el 14 de Abril de 1915, nuevamente con gran éxito. Se aloja en el Hotel Palace y es una de las musas culturales del momento, pero apenas unas semanas después cae enferma y aunque sigue actuando ocasionalmente, ya no llega a moverse de Madrid y cancela sus giras veraniegas.

El repertorio de La Fornarina combinaba cuplés franceses y canciones españolas. En España cantaba a menudo cuplés franceses picarescos, en la mayoría de los casos traducidos por José Juan Cadenas. En Francia y el resto de Europa cantaba más bien cuplés españoles, a menudo compuestos por Quinito Valverde, que se convirtió así en un compositor muy conocido en París. Esta será la tónica hasta que su ruptura con Cadenas y, en general, los cambios que había ido sufriendo el cuplé en España -tendiendo a una moderación mayor y un cierto sentimentalismo incluso- le obligaron a un cambio de repertorio. Sin embargo, casi no le dio tiempo a asentarse en este nuevo tipo de cuplé, porque enseguida falleció. En todo caso, y dentro del panorama español, casi todos los autores de libros sobre el cuplé (José Quijano, Sebastián Gasch, Álvaro Retana, etc.) resaltan que Fornarina es la intérprete por excelencia del cuplé francés importado, la que trajo a los escenarios españoles la intención, la picardía, el gesto insinuante con sello de París. Y pese a sus esfuerzos por imponer un repertorio más sentimental, más suave, quedó siempre como representante del cuplé puro.

La Fornarina fue además la primera cupletista en ser tomada en serio. Se le dedican artículos e incluso libros, que no se quedan en el mero cotilleo. Al revés, se tiende a soslayar sus comienzos para centrarse en una versión bastante feminista de su vida, en el modo en que superó sus circunstancias y se convirtió en una mujer espiritual y cultivada, pero sobre todo libre para elegir su propio destino.

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