Argentina

Butterfly forever

Gustavo Gabriel Otero
viernes, 3 de diciembre de 2004
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La Plata, domingo, 28 de noviembre de 2004. Centro Provincial de las Artes Teatro Argentino, Sala Alberto Ginastera. Giacomo Puccini: Madama Butterfly. Ópera en dos actos. Libreto de Luigi Illica y Giuseppe Giacosa. Daniel Helfgot, dirección escénica. Marta Parga, escenografía. Mónica Toschi, vestuario. Daniel Helfgot y Raúl Bongiorno, iluminación. Patricia Gutiérrez (Madama Butterfly), Juan Carlos Vasallo (Pinkerton), Gabriela Cipriani Zec (Suzuki), Alberto Jáuregui Lorda (Sharpless), Ariel Pecchinotti (Goro), Oreste Chlopecki (Tío Bonzo), Mario Zingoni (Príncipe Yamadori), María Inés Franco (Kate Pinkerton), Cristian Sommer (Oficial de Registro), Mirko Tomas (Comisario Imperial), Luiz de Sa Leitao (Tío Yakuside). Coro y Orquesta Estables del Teatro Argentino. Director del Coro: Luis Clemente. Director musical: Mario Perusso
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No podía faltar en la cada vez más profusa y variada cartelera operística de la Argentina al menos una producción de ‘Madama Butterfly’ en el año del centenario del estreno.

Aunque la noche del 17 de febrero de 1904 no quede entre las gloriosas de la historia de la ópera, la vida de ‘Cio-Cio San’ merced a algunos retoques del compositor se rehabilitó a los pocos meses y desde allí comenzó un derrotero de triunfos que la convirtieron en una de las óperas favoritas del público y que no ha dejado de subir a escena en los tetaros del mundo en estos cien años de vida integrando la decena de obras inoxidables y a las que se vuelve siempre.

El Teatro Argentino de La Plata cumplió con esta nueva producción con el homenaje que la obra y su compositor merecen con una versión digna.

El maestro Mario Perusso, uno de los directores nacionales que más se dedicaron a estudiar la obra del maestro de Lucca en la Argentina, condujo una versión orquestal de primer orden, aunque no se preocupó en demasía por el balance entre el foso y la escena.

El protagonismo de la soprano es casi absoluto y en este caso Patricia Gutiérrez como ‘Madama Butterfly’ ofreció una interpretación sobria y estilísticamente adecuada.

Juan Carlos Vasallo como ‘Pinkerton’, marcado en la ocasión desde el principio como un norteamericano un poco grosero y adicto al whisky que en ningún momento cree en la seriedad de lo que pasará entre el y la muchacha japonesa, resultó vocalmente adecuado para los requerimientos del personaje.

Muy bien actuado el ‘Sharpless’ de Alberto Jáuregui Lorda aunque haya que lamentar una voz de escaso volumen y expresividad.

Irregular el resto del elenco, sobresaliendo la calidad vocal de Gabriela Cipriani Zec (‘Suzuki’) y la debilidad del registro de Mario Zingoni (‘Príncipe Yamadori’).

Como es habitual, excelente el Coro Estable dirigido por Luis Clemente.

En la dirección escénica se vio un trabajo creativo, responsable y profesional de Daniel Helfgot con un sinfín de pequeños detalles (como el catálogo de geishas que le muestra ‘Goro’ a ‘Sharples’) y que tomó como eje en el primer acto el carácter de broma con que se toma las cosas ‘Pinkerton’ y en el segundo lo irreversible del destino de la protagonista.

Adecuado el marco escénico de Marta Parga, poco creativa la iluminación, en especial en el segundo acto, y con notables desaciertos el vestuario de Mónica Tosí aunque se viera atrayente. Entre ellos señalamos el vestir a todo el coro de luto (o sea de color blanco), a la madre de ‘Buterfly’ de negro (sabiéndose que en la cultura japonesa ese no es color de duelo), lo ecléctico de las prendas de la protagonista, y el risible traje del ‘Tío Bonzo’.

En suma: una digna versión de una obra que vivirá por siempre en los repertorios.

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