España - Navarra

De como Machado fue al pueblo de Gayarre y de como le fue en él

Salvador Aulló
viernes, 24 de diciembre de 2004
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Pamplona, lunes, 13 de diciembre de 2004. Baluarte. Concierto de ópera a cargo del tenor Aquiles Machado acompañado por la Orquesta Filarmónica del Noreste de Alemania bajo la dirección de Jorge Rubio en el que se escuchó: 1.- Obertura y 2.- ‘O Fede negar potesi… Quando la sere al placido’, ambos de Luisa Miller (Verdi). 3.- Preludio y 4.- ‘Notte! Perpetua notte; Non maledirmi, o prode’, ambos de Los dos Foscari (Verdi). 5.- Preludio y 6.- ‘Forse la soglia attinse… Ma se m’e forza perderti’, ambos de Un baile de máscaras (Verdi). 7.- Intermedio de Manon Lescaut (Puccini). 8.- ‘La dolcisima efigie’, de Adriana Lecouvreur (Cilea). 9.- Interludio: Il sogno, de Guillermo Ratcliff (Mascagni). 10.- Improvisso: ‘Un dì all’azurro spazio’ de Andrea Chénier. 11.- Danza de las horas y 12.- Cielo e mar, ambas de La gioconda. Propinas: 1.- Recondita armonia, de Tosca y 2.- ‘Besos y sueños’, vals de ronda venezolano
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Una feliz iniciativa de la ‘Asociación Gayarre de Amigos de la Ópera’ que no se vió correspondida por el público. Aquí, hasta el más listo falla y, no le queramos buscar excusas, porque traer a Aquiles Machado, aunque sea un lunes, es razón más que suficiente para llenar el Baluarte y dos Baluartes que hubiera habido, si el personal que acude masivo adonde supone que lo van a ver fuera, de verdad, aficionado a lo que aparenta.

Esta vez, y por esa parte, el fallo no estuvo en la organización del concierto. A los organizadores hay que aplaudirlos a quien no hay que aplaudir es a los otros, a los que el nombre de uno de los mejores tenores del momento, les debía decir algo y a los que el tenerlo al alcance de la vista y del oído en una ciudad donde no es fácil que lo volvamos a ver anunciado, debía suponer algo para no faltar. Ellos se lo perdieron.

Sin embargo a la organización hay que achacarle otros fallos como la falta de reflejos ante los problemas inesperados. Y vamos con la explicación: en el programa de mano, sobrio pero suficiente, había un error como una casa ya que ponía dos veces que se iba a cantar ‘Forse la soglia attinse… Ma se m’e forzi perderti’, una correspondiente a Los dos Foscari y otra a Un baile de máscaras, cosa que es imposible porque, o es de una obra, o de la otra. De las dos no puede ser.

Como cuesta mucho trabajo pensar que sean tan irresponsables que nadie repasara el programa al recibirlo de la imprenta, los reflejos hubieran sido hacer una separata urgente al programa corrigiendo el fallo. Aún cabía otra opción en el caso de que lo de la separata no hubiera sido posible: cuando la megafonía dice que se apaguen las alarmas y los móviles se podía haber comunicado el error para evitar las preguntas a las azafatas que, como es lógico, no sabían nada. No costaba nada decir que “lo que se va a escuchar en Los dos Foscari no es lo que viene en el programa sino el recitativo ‘Notte!, perpetua notte che qui regni’ y el aria ‘Non maledirmi, o prode’. Ustedes perdonen”.

Ahora vamos ya con lo que pasó.

También fue fallo de la organización el no haberlo pensarlo dos veces antes de contratar orquesta o director, porque, los dos juntos, no fueron de recibo. La Orquesta del Noreste de Alemania podrá ser muy buena pero no funcionó ¿sería por culpa suya o del director?. Hay amistades peligrosas que pueden hacer fallar muchas cosas. El conjunto director-orquesta hicieron que el trabajo del tenor quedara deslucido por la falta de gusto y calidad de la música. Como detalle a su favor se puede decir que, como el aria de Los dos Foscari viene al principio del segundo acto cuyo preludio es muy corto, lo iniciaron con el del acto primero uniendo, sin que se llegue a notar, el del segundo y así dejar entrar, como en la obra, al tenor con su ‘Notte!, perpetua notte’, aunque es de suponer que esto se hace para dar más tiempo de descanso al tenor y, que, probablemente, no lo hayan inventado ellos.

Aquiles Machado cantó con una voz más ancha que la que le hemos escuchado otras veces. Esto va en perjuicio de sus agudos que bajan un poco, pero esto no quiere decir otra cosa que el deber de adaptación a un nuevo repertorio que seguro sabrá encontrar.
Mientras lo encuentra nos dejó una muestra de su realidad actual: Una voz generosa y con una capacidad de utilizar los pianos y hasta los pianísimos como en ‘Quando le sere al placido’ o de mantener las notas como en ‘Non meledirme o prodre’ y el empuje de su ardor en ‘Forse la soglia attinse’ o el gusto en ‘Ma se m’e forza perderti’ con un comienzo y un final de una gran belleza. En la segunda parte nos volvió a deleitar con su gusto exquisito en ‘La dolcisima efigie’, el ardor, en la ‘improvisación’ que le piden al poeta Andrea Chénier que haga sobre el amor: ‘Un dì all’azurro spazio’. El comienzo de su ‘Cielo e mar’ no fue lo mejor de la noche pero luego lo arregló en las zonas del gusto. En la propina ‘Recondita armonia’ se lució como en sus mejores momentos y fue donde los aplausos subieron en intensidad.

La serenata de su Barquisimeto natal ‘Besos y sueños’ no fue lo que debió haber sido por culpa de una orquesta que no nos dejó disfrutarla. No supieron distinguir que esto no es un aria de ópera sino una canción suave y que la intensidad de la música tiene que estar de acuerdo con ello.

A pesar de los pesares expuestos, fue una noche agradable. Nos quedamos esperando la evolución de este estupendo tenor.

Como nota interesante sobre el aria 'Cielo y mar' de La gioconda vamos a contar algo que no viene mal aunque algunos lo conozcan: Giordano, que tenía buena amistad con Gayarre, le pidió al tenor navarro que escuchara lo que finalmente sería su Gioconda. Gayarre, que era un hombre prudente, le dijo que él no se consideraba con autoridad para opinar pero Giordano no le dejó escaparse y se la hizo oír completa. Cuando terminaron, el autor pidió opinión al tenor y éste intentó salirse por la tangente diciendo que no debía, pero, otra vez acorralado, dijo que había notado un fallo grave en la obra; esto le picó al compositor, pero se aguantó y le pidió que le dijera cual era ese fallo: “No hay ningún aria para tenor en toda la obra”. Giordano se quedó con su rabia pero no tuvo más remedio que reconocerlo, porque así era. Corrigió ese error componiendo el aria ‘Cielo y mar’ que luego estrenaría el mismo Gayarre el 8 de Abril de 1876 en ‘La Scala’ de Milán.

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