España - Cataluña

Víctor Hugo y la ópera

Jorge Binaghi
miércoles, 5 de enero de 2005
--- ---
Barcelona, jueves, 16 de diciembre de 2004. Gran Teatre del Liceu. Victor Hugo a l’òpera. Concierto en el ‘foyer’ del Liceu, con fragmentos de óperas inspiradas en obras de V. Hugo. Ponchielli, Gomes, Pedrell, Bertin, Campana, Mazzucato, Marchetti, Bellini, Verdi, Pacini, Mercadante y Donizetti. Intérpretes: Svetlana Bassova y Mónica Luezas, sopranos; Anna Tobilla, mezzo; Jordi Figueras y Büllent Külekçi, tenores. Armando Noguera, barítono. Dimitar Darlev, bajo. Alan Branch, piano. Asesoría musical y presentación: Jaime Tribó
0,0001608

Son buena cosa estas funciones ‘con ocasión de’ un título de la temporada que se realizan en el foyer del Liceu para poner en contacto con la atmósfera de la época y con títulos menos -o nada- conocidos (justificada o injustificadamente), relacionados con el músico, el libretista, el autor del texto original, las condiciones de la lírica en el momento preciso, etc. Y de agradecer la calidad e interés de la selección, así como la introducción y las resumidas pero precisas notas de Jaime Tribó, un hombre unido al Liceu pero sobre todo con una pasión por el género y una curiosidad únicas. Sin él, sería difícil poder acceder a algunos de estos fragmentos, aunque él mismo agradezca, en este caso particular, la colaboración -en diversas formas- de Renata Vercesi y de Miquel Ortega (este último en calidad de revisor de un fragmento del inacabado Ernani belliniano, no el menor ejemplo interesante de esta particular función).

El interés de los operistas por Hugo, un autor de una importancia capital no sólo en la literatura y no sólo en Francia, es sabido, pero no tanto los títulos que se inspiraron en él o, menos, su única incursión como libretista de su propia ‘Notre Dame de Paris’ para La Esmeralda de la pobre Louise Bertin (1836), a quien sus contemporáneos hundieron sin remedio, pese al apoyo de Berlioz (que desmintió su participación en la composición) y de Liszt. Auténticas rarezas como la del catalán Pedrell en Quasimodo de 1875 y en italiano, la mencionada Bertin, otra Esmeralda del para mí desconocido Alberto Campana, un íntimo de Donizetti que sin embargo estrenó esta obra en San Petersburgo con el protagonismo de nada menos que la Patti (1869). Tampoco yo conocía a un Alberto Mazzucato, al parecer detestado por Verdi, con otra Esmeralda (se ve de lejos qué interesaba sobre todo a los autores), anterior en fecha a su estreno barcelonés en 1840.

Al lado de estos, los otros autores son conocidos, o famosísimos. Aparte de Verdi (concertante final de su Ernani) o el ya citado fragmento de Bellini, Donizetti (final de concierto con el final del segundo acto de Lucrecia Borgia), figuraban Carlos Gomes con Maria Tudor, Ponchielli con su Marion Delorme, Marchetti y Ruy Blas, Pacini con Maria regina d’Inghliterra, y muy especialmente Il giuramento de Mercadante, una obra que, sobre el mismo texto que sirvió de base a la más exitosa y popular Gioconda de Ponchielli (Angelo), merecería formar parte del repertorio al menos con la misma irregular pero intensa presencia de su más afortunada gemela.

Es difícil hacerse idea de una obra a través de un aria, un dúo, un momento de conjunto, pero mejor que nada es. Sobre todo dada la dificultad evidente de los fragmentos. Supongo que había que incluir algo de Verdi, pero yo hubiera prescindido de su Ernani en beneficio de los cantantes. Estos tienen una buena voluntad increíble (Luezas tuvo que reemplazar en el último momento a una colega que no se presentó), para aprender fragmentos que muchas veces son imposibles o los superan y que seguramente no volverán a cantar.

Sobre todos destacó el tenor (supongo que turco) Külekçi que no haría mala figura en un teatro. Svetlana Bassova desplegó medios inmensos, pero típicamente eslavos, poco adecuados para este tipo de repertorio. Me hubiera gustado escuchar algo más al bajo Darlev, que parecía en posesión de un material de importancia y en su participación en la Borgia lo hizo con estilo. Mónica Luezas hizo esfuerzos importantes, como se ha dicho, y en más de una ocasión coronados por el éxito. Anna Tobella y Jordi Figueras cantaron las partes que les fueron confiadas de modo encomiable y dejando advertir posibilidades más que realidades. En cuanto al barítono Noguera posee algo más que posibilidades, pero daba la impresión de estar ante un cantante que ya lo sabe todo y personalmente lo he encontrado engolado y con tendencia a forzar, tanto en el fragmento de Bellini como en el aria de ‘Frollo’ de la ópera de Pedrell.

Branch acompañó bien aunque por momentos se dejara llevar por el entusiasmo.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.