España - Canarias

Plomos de ayer y hoy

Saturnino Moreno Barreto
jueves, 20 de enero de 2005
--- ---
Las Palmas de Gran Canaria, martes, 18 de enero de 2005. XXI Festival de Música de Canarias. Auditorio Alfredo Kraus. Orquesta del Festival de Budapest. Ivan Fischer, director. Béla Bartók: Música para cuerda, percusión y celesta. Gustav Mahler: Sexta Sinfonía.
0,00018

La Orquesta Festival de Budapest fue creada en 1983 por Ivan Fischer y Zoltán Kocsis con músicos "elegidos entre la flor y nata de los jóvenes intérpretes húngaros" con el fin de celebrar tres o cuatro conciertos anuales. Gracias al mecenazgo y a la subvención de los distintos planos de la administración húngara, la orquesta es hoy una formación estable que se ha convertido en símbolo musical de la ciudad que la acoge y por extensión de todo el país, al que sirve exportando su música por todo el mundo.

Sería injusto querer encontrar en esta formación de apenas 20 años de edad el compacto sonido centroeuropeo de la que pueden presumir otras orquestas centenarias, y se podría poner en duda ya de paso si es éste un valor en si mismo: no me puedo imaginar a un compositor escribiendo su obra y pensando en la belleza del sonido de la orquesta centroeuropea. Por contra, la Orquesta Festival de Budapest destaca por su ductilidad a pesar de la presencia en sus filas "de la flor y nata de los jóvenes intérpretes húngaros", lo que para otras formaciones podría ser un hándicap más que una ventaja.

El también húngaro Ivan Fischer tenía el apriorístico papelón de actuar ante un auditorio que en los tres días anteriores había sucumbido a los encantos de Bernard Haitink y la Sinfónica de Londres, y supongo que el público no suele ser ajeno a la cosa de comparar, medir y cifrar cuando los hechos se suceden con tanta rapidez. No deja de sorprender que en un terreno tan abierto como el de la música, haya gente que se empeñe en hacerla transcurrir a través de una delgada línea en la que solo cabe el Mozart del pianista X, el Mahler del director Y y el Wagner del tenor Z. En esto tienen más culpa la mitomanía de algunos críticos que la gente que acude a los conciertos.

Tal vez esa mitomanía no le haya llegado aún a Béla Bartók, al que mucha parte del público sigue considerando un bicho raro al que se tiene que tolerar de vez en cuando. Es un sinsentido, si pensamos que su Música para cuerda, percusión y celesta se puede contar entra las más bellas composiciones del pasado siglo, y su autor entre los más sobresalientes compositores de todos los tiempos. Bartók compuso su Música para cuerda, percusión y celesta por encargo de Paul Sacher para conmemorar el décimo aniversario de la Orquesta de Cámara de Basilea, y fue estrenada el 21 de enero de 1937. La obra, la de mayor complejidad de todas las del húngaro, está escrita para dos orquestas de cuerda, dispuestas en torno a los instrumentos de percusión: piano, celesta, caja y timbales a la izquierda y arpa, xilófono, platos y bombo a la derecha, con los contrabajos atrás. La interpretación de Ivan Fischer contribuyó a que a gran parte del público tomara más confianza --si podemos decirlo así-- con la figura de Béla Bartók, en base a hacer una lectura extraordinariamente compacta de la partitura, poniendo de relieve la grandeza de la estructura formal que abarca los cuatro movimientos y distanciándose de aquellas versiones nerviosas y folclóricas de hace años. Una interpretación sobresaliente que el público felicitó con mucha más efusividad de la esperada a tenor de las experiencias anteriores.

El plato fuerte de la noche fue sin embargo la interpretación de la Sexta Sinfonía de Gustav Mahler. El hecho de que a uno le guste la música de Mahler no significa que necesariamente le guste la literatura del compositor. Uno puede ser un genio escribiendo negras, corcheas y semifusas y un completo desastre juntando palabras, como es el caso del austriaco. Por eso resulta enormemente cansado tener que soportar toda la hojarasca pseudopiscoanalítica y filosófica del propio Mahler y sus biógrafos por todas las salas de concierto. Como dice el editor de esta publicación, Xoán M. Carreira, "sabemos que Mahler le guardaba rencor a su padre, o eso dicen sus biógrafos, por haberlo sacado del seno familiar para vivir en circunstancias difíciles a edad tan temprana; no nos consta la opinión de Dvorák y Haydn [cuyos padres también los sacaron tempranamente del seno familiar] pues ni nos la transmitieron a través de su abundante correspondencia ni tuvieron ocasión de psicoanalizarse. Sí la tuvo Mahler, pero una esporádica visita a la consulta de Sigmund Freud le bastó para juzgarlo como un farsante. Esta muestra de la lucidez intelectual de Mahler no ha sido convenientemente valorada por muchos de sus biógrafos, empeñados en psicoanalizar post-mortem a quien no se dejó psicoanalizar en vida".

Así, el programa de mano insiste en que Mahler "no huía de la idea de la muerte, presente en su vida y obra como acontecimiento cotidiano y metaempírico. En su crisol, es la muerte el reactivo de opciones emocionales e ideológicas tales como resignación, salvación, resurrección, etc. Entre otros hilos conductores de las obras tempranas a las de madurez aparece el vínculo fundamental del pensamiento y la muerte. Nunca intentó disociarlos para ser feliz porque ello implicaría la no-conciencia, imposible en una mente de su dimensión".

Gracias a los dioses, Fischer --que sin embargo es uno de los fundadores de la Sociedad Húngara Mahler-- pasa olímpicamente de esta pesadilla y nos muestra una Sexta Sinfonía como lo que es: una gigantesca obra musical equiparable a cualquier otra gran sinfonía de antes o de después, pero sin más aditamento que los que procuran los propios sonidos, que no es poco, consiguiendo un resultado apoteósico y extraordinariamente trasparente, sin el efecto plomizo de otras versiones que beben más en las chorradas que decía el compositor sobre su música que en la música misma. El público, que debe estar harto de tanto plomo, aplaudió en pie a director y orquesta, todos ellos con la sonrisa en la boca.

 

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.