Reino Unido

Veni, Veni, Emmanuel. Festival James MacMillan (y V)

Eduardo Benarroch
viernes, 4 de febrero de 2005
Londres, domingo, 16 de enero de 2005. Sala Barbican. James MacMillan, A Meditation on Iona (1996). Harrison Birtwistle, Exody (1998). James MacMillan, Veni, Veni, Emmanuel (1991-2). Percusión: Colin Currie. BBC Symphony Orchestra. Director: James MacMillan. Festival James MacMillan, 3º día
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¿Queda algo para decir acerca de la música de este compositor ¿Queda alguna emoción que no haya sido explorada y rejuvenecida? ¿Qué es Iona?

Iona es una isla en la parte Oeste de Escocia que fue y es el sitio donde se situó una comunidad ecuménica cristiana y esta isla es también reconocida en la esfera escocesa nativa como la isla de Colm Cille, el príncipe irlandés canonizado como San Columba. La historia de esta islita se remonta a la edad de piedra y presenta una realidad tan vigente y desolada como sus costas abatidas por los vientos del Atlántico. La dureza del paisaje de esta isla (que visité hace muchos años) y sus tradiciones la sitúan bien en el corazón de todo escocés y por eso MacMillan ha compuesto esta obra que sirve como complemento para una estatua de la escultora Sue Jane Taylor. Según MacMillan, la obra tiene la intención de dar una impresión de la isla en la época en que San Columba vivió en ella: “es un lugar de desoladora belleza, un foco de resonancia espiritual y significado histórico”

MacMillan explora, en las palabras del filósofo Jean Baudrillard, la hiperrealidad de la isla, evocando sus múltiples facetas con una música de brutal simpleza. No es música de películas, sino una impresión visceral que trata de transmitir al oyente la impresión atávica de un Dios poderoso. Los sonidos nos recuerdan a Britten y a Messiaen , pero son MacMillan puro, con un maravilloso uso de tambores de metal tan vigentes en la música regional de Jamaica que se adaptan perfectamente a este ambiente escocés. Pero esos sonidos son seguidos de enormes silencios, como evocando la soledad de esa isla. De esta manera MacMillan produce una verdadera meditación que nos llega a través de las cuerdas suavísimas con percusión al fondo, a través de la cual se filtra una viola solista. Es todo muy calmo, incluso la hoja trueno que tiembla con serenidad sobre un tremolando de las cuerdas. El final es frágil e inestable, en el registro más alto de las cuerdas con golpes serenos de percusión: el mundo sigue su curso desde tiempos inmemoriales

Harrison Birtwistle es uno de los héroes de MacMillan y es -a su manera- otro compositor lleno de imágenes espirituales. Su mundo sonoro es de gran complejidad, es un tejido muy cerrado y las texturas son gruesas, pero se escucha todo porque hay estructura. ¡Qué suerte que tenemos en Inglaterra al contar con tantos buenos compositores vivientes, como Harrison Birtwistle, Maxwell Davis, etc., que tienen tanto que decir!.

Pero en el análisis final, nadie presenta el sabor folklórico con tanto sentimiento y en forma tan directa y con tanto carácter como lo hace MacMillan. Exody es un viaje, y en las palabras de Tolstoi en Anna Karenina, “las direcciones son las mismas, pero cada uno toma una ruta diferente”. Es la diferencia entre lo objetivo y lo subjetivo, siendo lo objetivo la ruta indicada y lo subjetivo la ruta elegida por el individuo. Esto constituye el centro nervioso de esta obra. Hay una estupenda sección de sabor pastoral seguida de una inquietud animada que desconcierta al oyente, la primera sección es un cantus que se expande y se contrae, que es denso y de pronto se desintegra en sus partes constituyentes. El subtítulo puesto por Harrison Birtwistle es “23:59:59” o sea, una fracción de segundo antes de medianoche, y es la medianoche de Año Nuevo antes de que comience el nuevo milenio. Por eso la idea es que la obra transcurra en ese preciso momento entre el tiempo del subtítulo y las 24 horas.

Exody es una palabra inglesa que deriva del griego exodia y esa resonancia le da un efecto de éxodo, de salida o partida, sugiere un escape o la prolongación del acto de salir o en otras palabras, la salida de un laberinto. Exody es una obra de gran intensidad sin pausa, que pide mucho al director de orquesta y al oyente, que pero que también satisface mucho. La parte final se las arregla para llegar al Mi , luego de haber navegado por el Do y el Fa sostenido: esta nota que yace en el medio sirve de estabilidad y de aviso de haber llegado, o sea, la salida es ahora una llegada y la obra culmina en una implosión.

El fin de semana con MacMillan concluyó con su obra más difundida y a su vez la más espectacular: Veni Veni, Emmanuel, para percusión y orquesta. Dedicada a sus padres, la obra se basa en la canción adventista del mismo nombre y fue comenzada el primer domingo de adviento de 1991 y concluida el domingo de Pascua al año siguiente. Hay dos formas de analizarla, por una parte es una obra puramente musical abstracta con raíces en algunos cánticos franceses del siglo XV; por otra parte es una exploración musical de la teología que yace por detrás del mensaje adventista. La orquesta y el solista conversan como iguales, mientras la percusión está distribuida en forma masiva a ambos lados del director con el percusionista transitando frente al director entre sus dos secciones. Pero como música para percusión y orquesta, esta es la madre y el padre de todas las obras de este género.

Si la percusión pudiera cantar el único que lo podría lograr es MacMillan. Es una obra de un vigor rítmico exuberante. Si el lector piensa en la percusión como algo que hace ruido, piénselo nuevamente, porque MacMillan hace sonar a estos instrumentos en forma dulce y conmovedora. Hay un diálogo delicioso entre el xilófono y la orquesta que posee una gran intensidad lírica. Por momentos hay algo de Copland y de su obra Rodeo, pero esto es Escocia y sus ritmos, que preceden a los de Copland y de los EEUU.

Hay latidos de corazón que pasan a través de la obra y que -en las palabras de MacMillan- representan la presencia de Cristo. Los textos adventistas proclaman el día prometido de la liberación del miedo, sufrimiento y opresión, y esta obra sirve de espejo. Por eso el texto de San Lucas en el capítulo 21 del Evangelio anuncia que la liberación llegará pronto y que cuando llegue debemos estar erguidos y mantener la cabeza alta. Por eso al final, de un modo totalmente espectacular y sereno al mismo tiempo (es posible, piénsenlo), la obra pasa directamente a la vigilia de Pascua, como si finalmente hubiera encontrado la liberación.

Colin Currie es un joven músico que ganó el Concurso de ‘Young Musician of the Year’ que organiza la BBC todos los años y es el primer percusionista que ha ganado este concurso. La fama de Veni, Veni, Emmanuel se debe a la percusionista Evelyn Glennie (¡escocesa ella!) quien estrenó esta obra y a quien se debe la popularidad que ha adquirido con más de 100 funciones en todo el mundo.

Bajo la dirección del compositor, la obra sonó en todo su esplendor, con humor y con profundidad con una orquesta totalmente entregada a su labor de hacer música de hoy y en realidad de todos los tiempos. Ruego al lector a quien estas notas les haya despertado algún interés que escriba a sus asociaciones musicales y orquestas locales para que incluyan algunas obras de MacMillan, le aseguro que no saldrá decepcionado por los resultados.

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