España - Navarra

Con ritmo, gracia y oportunidad

Salvador Aulló
miércoles, 16 de febrero de 2005
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Pamplona, sábado, 5 de febrero de 2005. El asombro de Damasco. Música de Pablo Luna y libro de Antonio Paso y Joaquín Abati (Estrenada en el Teatro Apolo de Madrid el 20 de Septiembre de 1916) Director de escena: Ignacio Aranaz. Reparto: Ben Ibhem: José Mari Asín (actor que canta); Fahima: Mª José Martos (s); Ali-Mon: Luis Alvarez (bt); Zobeida: Carmen Iglesias (s); Nhuredin: Rodrigo Esteves (bt); Derviche, Ka-Fur y Califa: Javier Baigorri (actor); Muecín: Iñigo Irigoyen (t); Zahara: Ana Hernández (s); Abriza: Belén Ochotorena (s); Moselín: Oscar Muñoz (polivalente). Orquesta “Pablo Sarasate”. Director: Luis Remartínez; Coro Lírico de Navara. Director: Koldo Pastor.
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La misma producción que se puso en escena seis días en Noviembre de 1999 pero ésta con mejores voces en general. De aquellas fechas puse: “La dirección de escena, vestuario y todo lo relativo a la producción, muy bien. Orquesta y coros, bien. Entretiene e hizo que muchos jóvenes fueran a verla. Seis días, seis llenos. Cosa poco frecuente”.

 

Esta vez vamos a ampliar los datos diciendo que es una producción sencilla pero atractiva. En la que no hay nada superfluo pero tampoco falta nada. Pensada con gusto y ayudada por unos juegos de luces que le dieron gran parte del éxito. Entonces no hubo, y ahora si, sobre-títulos que contribuyeron a que se entendiera de que iba la cosa, dada la costumbre de las sopranos de pensar sólo en dar las notas sin poner especial énfasis en la dicción, problema esta vez ampliado a ‘Ben Ibhen’, del que hablaremos.

 

La dirección de escena dio la sensación de no ser rígida ni monolítica; se notaba libertad en la interpretación. Libertad necesaria para que el intérprete se exprese y eso, en estos tiempos, es de agradecer.

 

El asombro de Damasco, zarzuela cercana a la opereta u opereta queriendo pasar por zarzuela, tuvo tal éxito en su estreno que en Diciembre del mismo año ya había llegado a las cien representaciones. No pretende otra cosa que entretener, cosa que consigue plenamente con una música pegadiza y fácil de oír.

 

En el reparto del estreno fue ‘Zobeida’, Rosario Leonís; ‘Fahima’, Julia Castrillo; ‘Ben Ibhem’, Casimiro Ortas (hijo); ‘Alí Mon’, Patricio León; Gran Visir, Francisco Meana. Encarnación Fuentes, buena soprano y bailarina de calidad, fue la principal Almea.

 

Tras una introducción del muecín recodándonos lo grande que es Alá, interviene en primer lugar el comerciante de ungüentos y potingues curativos ‘Ben Ibhem’, que canta las excelencias de sus productos al coro. ‘Ben Ibhem’ es el protagonista de la obra y está interpretado por el imprescindible José Mari Asín: José Mari, no pretende ser cantante porque sabe los límites de su voz pero como actor, no tiene límite: se mete al público en el bolsillo nada más salir y eso es mérito suyo, de su chispa innata y de su saber estar en el escenario. Si nos perdemos algunas palabras cuando canta nos las encontramos cuando habla. Sus gestos son tan precisos y certeros como su dicción hablada.

 

Le sigue María José Martos, como ‘Fahima’, la vendedora de los mejores perfumes de Damasco y vecina de ‘Ben Ibhem’, que también ofrece sus perfumes a las pobladoras del coro para que puedan conquistar al hombre de sus sueños. María José Martos, ayudada por los sobre-títulos para mejor comprensión de lo que dice, muestra una voz agradable y digna de más y mejores papales. Sobrada, segura y con buen timbre, se le escucha con gusto.

 

Después aparece ‘Zobeida’ (Carmen Iglesias) que cuenta a ‘Fahima’ sus desventuras: Su marido, Omar el rico comerciante de Mosul, que está enfermo y arruinado, le ha dicho que su salvación económica y vital está en la recuperación de la importante cantidad de dinero que le prestara a ‘Ben Ibhem’. El comerciante le dice que si sin condiciones, pero al ver su cara, tras un importante juego de luces que muestra su asombro, pone una condición que ella, como mujer honrada, no debe aceptar.

 

Antes de seguir debemos decir que la voz de Carmen Iglesias es muy digna. Ya la habíamos oído en Arnedo el 17 de Diciembre del 2000 como ‘Laura’ en La linda tapada y fue la única que se salvó de la quema en aquella ocasión y antes, en el Teatro de La Zarzuela, había sido una buena ‘Aurora’ en La del soto del parral. Tampoco importaría que se le dieran más ocasiones. Su voz es clara y agradable de color, con gusto y potencia suficientes.

 

Cuando ‘Ali Mon’, el Cadí de Damasco, hace su aparición en la plaza del mercado nos damos cuenta  de que Luis Alvarez es incombustible, de que sigue siendo un hombre de escenario, de que ahí está su salsa y su vida. Con su voz siempre en su sitio, sin perder su brillo y su categoría.

 

Una vez que hemos comprobado esto, ‘Fahima’ y ‘Zobeida’ recurren a su vara justiciera para que les haga la justicia que pregona, cosa que también promete… hasta que ve la cara de la bella ‘Zobeida’. Entonces le entran los mismos deseos que al comerciante de ungüentos y la bella vuelve a dar calabazas y empieza a sentirse incómoda con tanta belleza.

 

La pareja formada por la bella de Mosul y la perfumera de Damasco deciden recurrir al Gran Visir ‘Nhuredin’, que aparece en forma de Rodrigo Esteves, un buen barítono al que ya conocíamos en Pamplona por su interpretación de ‘D. Alfonso’ en La favorita. Sigue Esteves con su voz, de impostación natural y buen timbre baritonal, confirmado los buenos pronósticos que le auguramos.

 

Siguiendo con la trama de esta obra, también el Gran Visir, que le promete ayuda desinteresada a la bella, la vuelve interesada cuando ve la belleza de la de Mosul y pretende los mismos favores que los anteriores asombrados.

 

Antes de que se acabe el primer acto, cuando está recogiendo los óbolos para las Almeas que acaban de bailar, ‘Zobeida’ cita por separado a sus tres admiradores en la casa de ‘Fahima’ para esa noche, por consejo del derviche peregrino y cansado que ‘Fahima’ había acogido en su tienda de perfumes.

 

En el segundo acto ocurre lo que tenía que ocurrir, según el argumento de la obra: Llegan los tres pretendientes a casa de ‘Fahima’, con una gloriosa entrada de ‘Ben Ibhem’ y la sorpresa de los otros dos al ver a sus rivales donde no los esperaban. Cuando parece que se calman los ánimos se presenta el bandido ‘Ka-Fur’, que resulta ser el mismo derviche que, a su vez, es el califa disfrazado, que pone en ridículo a los tres aprovechados antes de hacer justicia y todos felices, vuelven a cantar la pegadiza presentación de ‘Ali Mon’.

 

Todo esto sirve para que José Mari Asín y Carmen Iglesias nos canten y bailen el número del camello. Para que el coro nos haga unos bailes muy agradables que compiten con el de las Almeas en el acto primero.

 

Falta decir que el muecín cumplió, que los papeles secundarios fueron bien llevados, que al actor que hace de Derviche, Ka-fur y Califa le vino muy bien tener que hablar poco porque si habla mucho se queda más ronco de lo que ya estaba, que las Almeas bailaron sus danzas orientales muy bien en conjunto, que el coro, para ser la primera vez que sale a escena, se movió con buen aire. Pagó su debut con los correspondientes nervios y estuvo más suelto el último día, como es natural.

 

El polivalente Oscar Muñoz hizo de todo: desde el afectado por el picor que va pedirle remedio a ‘Ben Ibhem’ hasta el criado de ‘Fahima’ que anuncia la llegada de los tres enamorados y de ‘Ka-Fur’, pasando por ser el elemento del coro que está en todas partes.

 

La orquesta ‘Pablo Sarasate’ sonó bien, no tapó en ningún momento a los cantantes, y Luis Remartinez la llevó con ritmo, gracia y oportunidad.

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