Reino Unido

Paga uno y llévese otro (bueno) gratis

Enrique Sacau
jueves, 10 de marzo de 2005
Londres, sábado, 26 de febrero de 2005. Queen Elisabeth Hall. Giacomo Puccini, Le villi. Pietro Mascagni, Cavalleria Rusticana. Simon Torpe (Guglielmo Wulm and Alfio), Camilla Roberts (Anna), Aldo di Toro (Roberto), Luis Rodríguez (Turiddu), Alwyn Mellor (Santuzza), Elisabeth Sikora (Mamma Lucia), Claire Bradshaw (Lola). Chelsea Opera Group Orchestra & Chorus. Andrew Greenwood, conductor.
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La bien asentada y respetada Chelsea Opera Company programó una versión de concierto de dos óperas italianas del siglo XIX: la escasamente interpretada Le villi de Giacomo Puccini y una pieza permanente del repertorio, Cavalleria Rusticana, de Pietro Mascagni. La combinación de ambas me parece una excelente ocasión de atraer audiencia con el gancho de la última mientras se nos presenta la rareza pucciniana que, dada su falta de consistencia dramática, pero gracias a su excelente música, funciona mejor en versión de concierto.

En Le villi, la soprano Camilla Roberts cantó el papel de ‘Anna’, la mujer abandonada cuya premonitoria aria sugiere desde el principio que sus sinceros sentimientos serán fuente de inmerecido dolor. El timbre uniforme de Roberts es tan luminoso en las notas altas como generoso en las graves. Fraseó con gusto y convenció de principio a fin. Me llevó un poco más de tiempo acostumbrarme al inicialmente cortante fraseo de Aldo di Toro, que cantó ‘Roberto’. Al final, sin embargo, su cantó ganó en intensidad y su timbre sonó robusto y vulnerable. Su larga aria “Torna ai felici dì” fue, quizás, el mejor momento de todo el concierto. Simon Torpe—‘Guglielmo Wulm’ en Le villi y ‘Alfio’ en Cavalleria—no estuvo al mismo nivel; si bien nasal y gutural, lo que su actuación de veras adoleció fue musicalidad.

Lo que primero llamó la atención en Cavalleria fue la voz del tenor Luis Rodríguez desde fuera del escenario. Fue obvio desde aquel momento que su ‘Turiddu’ iba a ser apasionado, si bien no muy sutil. Su voz posee un bello color, aunque debería, quizás, intentar controlarse un poco, dado que se pudieron percibir síntomas de fatiga al final de la ópera. Es, en cualquier caso, un prometedor spinto. La soprano Alwyn Mellor fue una ‘Santuzza’ de poco volumen. Su voz no se proyecta suficientemente y de vez en cuando parecía tragada por la orquesta en forte. Quizás la más impresionante cantante del escenario era la bien conocida contralto Elisabeth Sikora—que cantó ‘Giovanna’ en el Rigoletto de David McVicar en The Royal Opera House en 2002. Apoya su profunda y bella voz en un canto inteligente; es también una gran actriz. Claire Bradshaw convenció como ‘Lola’.

La Chelsea Opera Company reunió para esta ocasión una orquesta y un coro aficionados. Los resultados resultaron irregulares en éste, pero sorprendentes en aquella: esta orquesta hace un trabajo excelente no sólo gracias a la habilidad de sus músicos, sino también a un palpable entusiasmo. El sobresaliente resultado tuvo que ver con el perfecto trabajo del director, Andrew Greenwood que, sabedor de las virtudes y limitaciones de sus músicos, buscó más intensidad que sutileza. Más aún a su favor, al final logro ambas. Quizás nadie en la audiencia se convenció de que Le villi merece un puesto permanente en el repertorio, pero fue una excitante y por momentos emocionante noche.

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