España - Madrid

Tres violas femeninas le ganan a dos violas masculinas

Juan Krakenberger
jueves, 9 de junio de 2005
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Madrid, lunes, 6 de junio de 2005. Sala de la Fundación Caja Madrid. Aglaya González, Ladislau Cristian Andris, Vicente Nogués, Laure Gaudron y Cristina Laura Pop, violas. Héctor Sánchez, piano. Obras de Robert Schumann (Märchenbilder op 113 para viola y piano), William Walton (Concierto para viola y orquesta: Primer movimiento), Stan Golestan (Arioso y Allegro de Concierto), Franz Schubert (Sonata ‘Arpeggione’ D 821) y Ernest Bloch (Suite para viola y piano: ‘Lento-Allegro’ y ‘Allegro irónico’). Concierto a cargo de alumnos de la Cátedra de Viola de la Escuela Superior ‘Reina Sofía’. Profesor Titular: Gérard Caussé. Profesor Asistente: Jensen Horn y Sin Lam. Asistencia: 60% del aforo
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Debido a causas varias, solamente se presentaron cinco alumnos de ésta cátedra. De entrada quiero destacar la excelente labor del pianista de la misma: Héctor Sánchez es un excelente músico, y acompaña con mucha eficacia y cariño. También señalar que todos los alumnos tocaron sus piezas de memoria, cosa que da fe del trabajo minucioso realizado.

La más joven del grupo, Aglaya González, de 17 años, tocó los Märchenbilder op 113 para viola y piano, de Schumann., cuatro piezas, las laterales lentas, las centrales más bien movidas. Nuestra joven violista tiene su corazoncito, y toca con expresión y sentimiento. Su agilidad es asombrosa: hasta en los pasajes rápidos del 3º movimiento todo estaba en su sitio. Pero falta tal vez más fuerza o intensidad; y a mi juicio es una cuestión de técnica, de músculos entrenados, que cuando hay mucho talento -como en este caso- frecuentemente queda relegado a segundo plano. Me enteré que ella fue puntera en la obtención de una beca Erasmus: ¡ojalá esto le ayude a completar su evolución!. Promete muchísimo y el hecho que también haya sido elegida para una gira de la Joven orquesta europea Gustav Mahler (donde no abundan precisamente las cuerdas españolas) demuestra qué buen ojo tienen en la Escuela Reina Sofía al elegir el alumnado.

Luego oímos el ‘1º movimiento’ del Concierto para viola y orquesta de William Walton a cargo de Ladislau Cristian Andris. Una versión enérgica de esta pieza, nada fácil por cierto, a cargo de este joven alto y fuerte. Saca buen sonido de su instrumento, pero aún tiene que superar algunas tensiones que hacen que algunas de las dobles cuerdas no hayan salido con la perfecta limpieza deseable.

A continuación tocó Vicente Nogués el Arioso y Allegro de Concierto de Stan Golestan (1875-1956). Música post-romántica, a veces algo agitanada, pero bien escrita para que la viola pueda demostrar tanto su capacidad cantabile como su faceta virtuosística. El sonido que este joven viola produce es algo áspero, porque presiona el arco sobre las cuerdas en vez de ‘colgarlo’ -como si fuera un peso- y eso conlleva tensiones y sonido amordazado. La técnica de la mano izquierda está bien, pero si no se hace sonar como es debido, el resultado se frustra. Tiene que perfeccionar, pues, su arco, desde el codo en adelante, y evitar los ángulos agudos entre la muñeca y el antebrazo.

Siguió una preciosa versión de la Sonata ‘Arpeggione’ D 821 de Schubert. Escrita para un instrumento que ya no se utiliza, un violoncello en forma de guitarra con seis cuerdas y trastes, ha sido transcrita para violoncello o viola, porque sería una pena no gozar de sus excelentes melodías. Sus tres movimientos, un ‘Allegro Moderato’, un ‘Adagio’ y el ‘Finale: Allegretto’, sonaron en todo su esplendor en las manos de Laure Gaudron y de Héctor Sánchez. Esta violista tiene un sonido muy agradable, de gran calidez, afina perfectamente. Musicalmente es muy sobria, y cuando Schubert intercala en el último movimiento algún trozo de música netamente popular, un poco más de libertad -algún rubato, aunque solamente insinuado- quedaría mejor. Pero aún así, la versión fue buena, y cosechó aplausos entusiastas.

Para terminar, Cristina Laura Pop tocó los dos primeros movimientos de la Suite para viola y piano de Ernest Bloch, un ‘Lento-Allegro’ y un ‘Allegro irónico’, respectivamente. La música de Bloch es post-romántica con excursiones disonantes, para crear un clima muy personal, que la hace inconfundible. La música popular judía y sus giros melódicos se hallan siempre presentes. Cristina Laura Pop tiene un arco muy, muy bueno, con el cual produce inflexiones sonoras que colorean el discurso de manera admirable. Siendo así, y con la siempre eficaz colaboración del pianista, la versión fue primorosa.

Saldo netamente a favor de las tres violas femeninas, otra muestra más como la mujer está avanzando en el campo de las cuerdas altas en todo el mundo.

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