España - Madrid

La profesionalidad de jóvenes cuartetos de cuerda, y un posible estreno mundial

Juan Krakenberger
lunes, 20 de junio de 2005
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Madrid, martes, 14 de junio de 2005. Auditorio de la Fundación Carlos de Amberes. Cuarteto Ardeo, Cuarteto Quiroga, Grupo Muse y Cuarteto Kazakh. Obras de György Kurtag, Leos Janácék, Anton Webern, y Ludwig van Beethoven. Escuela Superior de Música Reina Sofía. Cátedra ‘Cuartetos de cuerda’. Profesor: Rainer Schmidt. Tutores: David Quiggle y Saiko Sasaki. Asistencia: 1º parte: 100%, 2ª parte 60%
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Como ya informé en previas crónicas, la Escuela Reina Sofía selecciona cada año a un reducido número de jóvenes cuartetos de cuerda estables, para que puedan perfeccionarse bajo la dirección de Rainer Schmidt y sus asistentes. Se presentan dos veces al año en público y es así que uno puede apreciar los avances que se han logrado. Los resultados pueden calificarse de muy satisfactorios, en general, y sobresalientes, en particular, como a continuación veremos.

El Cuarteto Ardeo, formado por Carole Petitdemange y Olivia Hugues, violines, Alice Mura, viola y Joëlle Martínez, violonchelo, suele turnar el rol de 1º y 2º violín -tal como hacen muchos cuartetos jóvenes en la actualidad- y ésta vez le tocó a la Srta. Petitdemange de liderar el conjunto. Participaron en el concierto de la víspera, en la sala de la Fundación Caja Madrid, y nuevamente hoy, porque se están preparando intensivamente para participar en el concurso internacional de cuartetos de cuerda que se ha de realizar en Burdeos dentro de poco.

Y es así que posiblemente hayamos presenciado un estreno mundial de una obra del húngaro György Kurtág, escrito en 2005 para este concurso -a menos que otro cuarteto concursante se haya anticipado tocándola en público en otro sitio sin que nos hayamos enterado. Se trata de 6 Moments Musicaux op 44, seis piezas breves que en total duran en torno a un cuarto de hora. Los nombres de las piezas dan una idea de que se trata: I. Invocatio II. Footfalls III. Capriccio IV. In memoriam György Sebök, V. ...rappel des oiseaux (étude pour les harmoniques)... y VI. Les Adiuex (in Janáceks Manier).
 
Digamos de entrada que Kurtag escribe magistralmente para cuarteto de cuerdas. Los efectos sonoros que logra son no solamente preciosos, sino sorprendentes: la riqueza de matices, de colores, de ritmos, de contrastes: todo está muy logrado. Además, la síntesis con que se desarrollan las piezas mantiene vivo el interés. La versión me pareció admirable. Hubo una superioridad técnica que afrontó los retos de esta música con una solvencia fuera de serie. Quiero destacar el ritmo endiablado del nº 3, el sereno canto fúnebre del nº 4, y el juego de armónicos del nº 5, éste último un intrincado entrelazado de armónicos naturales con artificiales, cuyo resultado sorprendentemente pizpireto fue muy grato al oído.

Acto seguido, el mismo conjunto nos ofreció una dramática versión del Cuarteto nº 1 de Leos Janácék. Basado en la novela de Leon Tolstoy, Sonata a Kreutzer, refleja las vicisitudes de la vida amorosa del compositor, muy complicada y llena de zozobras. Precisamente zozobra es la palabra que mejor caracteriza esta música, y la versión que nos ofrecieron las cuatro señoritas francesas me pareció excelente. A pesar del lindo sonido que produce la primarius, para este tipo de música recia su postura de codo/muñeca izquierda no me convencen, porque no permite mayor peso del arco para producir otro color más agresivo. De todos modos, tenemos ahí un conjunto muy ambicioso, y no me sorprendería que hagan un excelente papel en el concurso, a pesar de la enorme competencia, cada vez mayor. Es que en todas partes se cultiva el cuarteto de cuerdas con asiduidad. Solamente en España queda relegado a segundo plano. A ver si el ambicioso plan de la Fundación Albéniz de hacer de Madrid el centro de la música de cámara en Europa pone coto a esta situación tan poco satisfactoria.

Menos mal que, como excepción a la regla, el Cuarteto Quiroga confirma lo que acabo de decir. Aitor Hevia y Cibrán Sierra, violines, Lander Etxebarria, viola y Helena Poggio, violonchelo, tres cuerdas altas que vienen del norte del país, y una madrileña, dieron nuevamente muestras de su buen quehacer. Nos tocaron los Cinco movimientos para cuarteto de cuerda op. 5, de Anton Webern, y los primeros dos movimientos del Cuarteto op. 59 nº 1 de Beethoven. Estas obras ya se las escuchamos en su concierto de mayo de 2005 en el Auditorio Nacional (Sala de Cámara) del cual dimos cuenta aquí. En esta otra acústica, también buena pero más exigente para los intérpretes, de la Sala de la Fundación Carlos de Amberes -techo bajo, auditorio estrecho y alargado- se pudo apreciar con más detalle la labor de alta precisión del Cuarteto Quiroga, al que su asiduo trabajo ha llevado a tocar con gran calidad sonora y técnica irreprochable. Es un placer verlos actuar: ellos se recrean tocando y esto es contagioso. Cálidos aplausos premiaron su actuación. Cierta parte del público recibió con alivio la música de Beethoven, después de Kurtag, Janacek y Webern. Pero aún sabiendo que en la segunda parte solamente se iba a interpretar más música de Beethoven, muchos oyentes abandonaron en el intermedio.
 
Por enfermedad de su primera violinista, el Cuarteto Muse de China quedó reducido a un trío de cuerdas, formado por Wen Jing Ba, violín, Yu Sun, viola y Hao Jiao, violonchelo, dos hombres y una mujer, respectivamente. ¡Pero qué trío de cuerdas! Nos interpretaron el tercer Trío nº 3 op 9 nº 1 de Beethoven. Es impresionante como los chinos son capaces de asimilar la música occidental -nosotros no podemos decir lo mismo en cuanto a la música oriental de ellos.

Tocaron un Beethoven con garra, con serenidad en el ‘Adagio’, con chispa en el ‘Scherzo’, y con una virtuosidad que rayaba a milagro en el ‘Presto’ final. ¡Vaya precisión! ¡Vaya soltura! ¡Trabajo de chinos! diríamos nosotros. Cada uno de los tres músicos cumplió su cometido de forma admirable. El violinista tiene un bonito sonido para los pasajes líricos, lo mismo que el viola, y la joven violonchelista tocaba con fina expresión y ritmo incisivo. Una sonora salva de aplausos premió esta demostración de virtuosismo ya que habían elegido una obra cuyo final es espectacular, si se toca con la rapidez y perfección de estos músicos. No los reconocí desde su última actuación hace medio año: una revelación.

Y para terminar, el Cuarteto Kazakh, formado por Aidar Toktaliyev y Yermek Magavin, violines, Dastan Balagumarov, viola y Yernar Myntayev, violonchelo, nos interpretaron los primeros tres movimientos del Cuarteto nº 15 op 132, de Beethoven. Obra de la madurez de Beethoven, incluye este ‘Molto Adagio’ excepcional (“Canción sacra de agradecimiento de un convaleciente”), con su coral evocando estilos medievales, cuyas armonías son utilizadas por el compositor para producir sonoridades y tensiones insospechadas para la época en que fue creada la obra. Los dos interludios, más festivos, que irrumpen en el movimiento (A-B-A-B-A) alivian la tensión, pero estamos ahí ante una música que hasta hoy en día nos resulta revolucionaria y que solamente después de escucharla varias veces se torna comprensible.
 
No sé exactamente por qué la sonoridad que produce este cuarteto no me acaba de convencer del todo. Su interpretación fue intachable, sus unísonos (en el segundo movimiento) perfectos, su fraseo correcto, pero todo adoleció de un cierto formalismo. Los rubati, bien colocados, sonaron muy ‘a propósito’, como fabricados adrede, y la sonoridad era plana, no moldeada. Tal vez se deba a los instrumentos, o a la técnica básica de arco. No se producía ninguna reverberación, todo quedó un tanto plano. Con todo, una buena actuación, y un resultado mejor que hace medio año.

Confiamos poder escuchar aún a muchos otros cuartetos jóvenes del mundo entero, que desean aprovechar la ocasión de perfeccionarse aquí en Madrid. Una excelente y noble idea: cultivar con asiduidad el género más exigente pero también más gratificante de la literatura musical.

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