España - Galicia

Vete al diablo, pero no dejes de quererme

Alfredo López-Vivié Palencia
lunes, 11 de julio de 2005
Santiago de Compostela, martes, 5 de julio de 2005. Salón Teatro. Itziar Álvarez Arana, soprano. Bárbara Granados Simón, piano. Kurt Weill, canciones de una pasión: Berlin im Licht (Kurt Weill); Es regnet (Kurt Weill); Der Abschiedsbrief (Erich Kästner); Je ne t’aime pas (Maurice Magre); Complainte de la Seine (Maurice Magre); Youkali (Roger Fernay); Nanna’s Lied (Bertolt Brecht); Buddy on the Nightshift (Oscar Hammerstein); Schickelgruber (Howard Dietz); Und was bekam des Soldaten Weib? (Bertolt Brecht); Wie lange noch (Walter Mehring); This time next year (Maxwell Anderson). VII Festival Internacional de Música de Galicia. Ocupación: 50%
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El cabaret es el templo sagrado del sadomasoquismo: supuestamente, uno va a divertirse, a beber, a fumar, y a olvidar -mejor si es en los brazos de alguien-; pero se encuentra uno con que ese alguien se dedica –las más de las veces con una sonrisa sarcástica- a recordarle todas y cada una de las razones por las que acudió allí, sin ahorrarse el detalle más cruel y con las palabras más hirientes, capaces de traspasar como el filo de una navaja todo el humo y todo el ruido del local. ‘Vete al diablo, pero no dejes de quererme’, despecho y pasión a partes iguales que resumen esta Abschiedsbrief (Carta de despedida), en lo que podría ser un autorretrato de Kurt Weill... y de Lotte Lenya. Tal para cual.

Ése es el ambiente de la función de esta noche, y ésa es la realización de Itziar Álvarez –figura menuda de negro riguroso años cuarenta con boa incluída, de peinado igualmente de época con raya a un lado y flequillo al otro-, en el apropiadísimo escenario del Salón Teatro compostelano -vestido con una mesa, un taburete, y un perchero-, compartido con el piano de Bárbara Granados. Y con su acordeón, usado para entrar en materia recordando la célebre balada de ‘Macky Messer’, de la Ópera de tres reales.

Álvarez introduce cada canción –interpretadas en orden cronológico- recordando el contexto de su composición, en el que contumazmente se apelotonan los alternativos sentimientos del autor y de su musa, junto con las circunstancias geográficas y laborales de cada momento: la cosa va de 1928 a 1950 y discurre, como es bien sabido, entre Berlín, París y Nueva York. Y la sorpresa viene cuando en lugar de escuchar una voz nórdica cansada y aguardentosa –el recuerdo de la propia Lenya, y hasta el de Marlène Dietrich, es inevitable-, se oye una voz de soprano española, delgada pero firme y joven, y una pronunciación impecable (en alemán, en francés y en inglés, tres veces brava) que no olvida guturalizar las erres.

El estilo de esta cantante es brillante en todas sus variedades: las canciones burlonas pero sangrantes (Schickelgruber), las que sólo pretenden dar ánimo (Buddy on the Nightshift), las de amor y de guerra (Und was bekam des Soldaten Weib?), o las que son descarnadamente desesperadas: Je ne t’aime pas es para mí una de las más grandes canciones del siglo XX –no importa desde qué lado del charco se mire-, y esta noche tuvimos la enorme dicha de escucharla no sólo en su versión original de 1934 con texto francés, sino también en la posterior adaptación –no traducción- alemana de 1944 (Wie lange noch).

En cada una de ellas Itziar Álvarez emplea sabiamente las medias voces, los agudos bien colocados y el sprechgesang, dosificados en un fraseo flexible y lleno de intención. La pena es que Bárbara Granados no está a la altura y toca invariablemente agarrotada, incapaz del más mínimo matiz. No importa: la voz se mueve por el escenario –y fuera de él- con soltura, al calor de una iluminación tan discreta como inteligente. El público –apenas la mitad del aforo- se sintió enganchado y aplaudió con el mismo calor, ruidoso y humeante, hasta conseguir el bis de la utópica Youkali.

A los que no vinieron al concierto tal vez les interese saber que el sello Discos Oblicuos acaba de editar un compacto con el mismo programa de esta noche y a cargo de las mismas intérpretes (quienes sí asistimos pudimos adquirirlo in situ).

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