Discos

El primer historicista

Alfredo López-Vivié Palencia
viernes, 15 de julio de 2005
Johann Sebastian Bach: Misa en si menor, BWV 232. Elisabeth Schwarzkopf, soprano; Marga Höffgen, contralto; Nicolai Gedda, tenor; Heiz Rehfuss, bajo. Singverein und Orchester der Gesellschaft der Musikfreunde in Wien. Philharmonia Orchestra. Herbert von Karajan, director. Productor ejecutivo: Walter Legge. Ingenieros de sonido: Robert Beckett y Harold Davidson. Dos discos compactos de 148 minutos de duración, grabados en noviembre de 1952 en el Musikverein de Viena, y en noviembre de 1952 y julio de 1953 en el Estudio nº 1 de Abbey Road, Londres. (Bonus: Extractos de ensayos de la Misa en si menor -Viena, 15 junio de 1950-: Elisabeth Schwarzkopf, soprano; Kathleen Ferrier, contralto; Wiener Symphoniker; Herbert von Karajan, director). EMI Classics Historical ADD MONO 5-86838-2
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Citar el nombre de Herbert von Karajan al lado del de Bach es, hoy en día y después de lo que ha llovido, causa de excomunión fulminante. Ciertamente, sus últimas aproximaciones a la Misa en si menor dejan bastante que desear, no tanto en comparación con las versiones ‘auténticas’ que entonces ya se daban por parte de agrupaciones especialistas, cuanto puestas al lado de lo que el propio Karajan había hecho antes: cuentan las crónicas que la versión que dio en las Berliner Festwochen de septiembre de 1984 estuvo marrada por los amargos acontecimientos derivados (excusados) del affaire Meyer; y su grabación de 1974 con la Filarmónica de Berlín –el propio Karajan la repudió- se escora decididamente hacia el aburrimiento.

Pero el registro que hoy se comenta es otra cosa. Muy otra cosa. Para empezar, la lectura de la ficha de datos técnicos revela alguna curiosidad: en un típico ejemplo karajaniano de ensamblar siempre lo mejor de lo mejor de todas partes, la grabación de los números corales tuvo lugar en Viena a comienzos de noviembre de 1952 con los Wiener Singverein, su coro de toda la vida (ya entonces lo era), mientras que las arias y dúos se registraron en Londres a finales de ese mismo mes (con añadidos en el mes de julio del año siguiente) con un selecto grupo de solistas de la orquesta Philharmonia, en mitad de lo que fue la primera década prodigiosa de Walter Legge.

La escucha de la grabación es, incluso con la educación auditiva de hoy, toda una revelación. El tratamiento coral es elocuente pero sin pomposidad (‘Sanctus’), la actitud es adecuada en cada momento (recogimiento en el ‘Kyrie eleison’, exaltación en el ‘Credo’), la articulación de las voces en las fugas –se oyen todas- es pasmosa (‘Et resurrexit’), e incluso hay alguna muestra de fraseo que dejaría babeando al historicista más recalcitrante (final del primer ‘Kyrie’); las más de las veces, el coro suena suave y ligero, incluso en momentos de extrema lentitud (‘Et incarnatus est’) en los que Karajan logra encontrar un pulso incansable.

El control de las dinámicas orquestales es extraordinario (el arranque del ‘Gloria in excelsis Deo’, chispeante y saltarín sin dejar de ser serio), y el trabajo de los primeros atriles es inmaculado (aunque Karajan –genio y figura- empleara sin rubor a un segundo instrumentista a fin de no interrumpir el ‘legato’ de la flauta en el ‘Domine Deus’), todo en un ambiente general que propicia los tiempos vivos: la cosa viene a durar sólo entre diez y quince minutos más que lo usual en las versiones actuales -y no se olvide que estamos hablando de una grabación de hace medio siglo.

Para referir la excelencia de los solistas vocales basta con leer sus nombres: el empaste perfecto entre las voces de Elisabeth Schwarzkopf y Marga Höffgen (y entre ellas y la orquesta) en el ‘Christe eleison’ y en el ‘Et in unum dominum’ es otro ejemplo de las más renombradas virtudes karajanianas, y la emisión igualmente firme de Nicolai Gedda en toda la extensión de su ‘Benedictus’ es un auténtico regalo; tal vez Heinz Rehfuss baja algo la media por el feo color de su voz, aunque la articulación sigue siendo intachable.

Al comenzar la escucha de estos discos me vino a la cabeza el recuerdo de Karl Richter, pero luego caí en la cuenta de que su primera grabación de la Misa en si menor está fechada seis años después. En efecto, en las estupendas notas de la carpetilla –sólo por ellas ya vale la pena comprar estos compactos, que además vienen en serie media- Richard Osborne advierte que la de Karajan es únicamente la tercera grabación mundial de la obra completa, tras las de Albert Coates (1929) y Robert Shaw (1947). Por si fuera poco, el sonido –remasterizado- es de altísima calidad, si bien se notan los cambios de local y las partes vienesas presentan algo menos de aireación que las londinenses.

La propina de este álbum consiste en unos extractos del ensayo general de la Misa correspondientes al concierto que se dio durante la Bachfest vienesa de 1950, para conmemorar el segundo centenario de la muerte del autor. Naturalmente, aquí el regocijo está en escuchar la voz irrepetible de Kathleen Ferrier en el ‘Christe eleison’, el ‘Qui sedes ad dexteram Patris’, y en el ‘Agnus Dei’: Osborne cuenta que a Karajan –un tipo nada propenso a mostrar sus sentimientos en público- se le saltaban las lágrimas durante la función.

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