Discos

Menos samba e máis contrapunto

Alfredo López-Vivié Palencia
viernes, 29 de julio de 2005
Héitor Villa-Lobos: Bachianas Brasileiras nºs 2, 3 y 4. Jean Louis Steuerman, piano. Sâo Paulo Symphony Orchestra. Roberto Minczuk, director. Productor ejecutivo: Jens Braun. Ingeniero de sonido: Thore Binkmann. Un disco compacto de 70 minutos de duración, grabado en junio de 2002 en la Sala Sâo Paulo, Sâo Paulo (Brasil). BIS DDD CD-1250 (Distribuidor: Diverdi)
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En un país donde uno se puede topar con gente cuyos nombres de pila son Mozart o Wagner no tenía que resultar demasiado extravagante conseguir que los ritmos y danzas locales encajaran en la escritura contrapuntística de Johann Sebastian Bach. Si a eso se añade la comodísima situación política para trabajar que se encontró Héitor Villa-Lobos a su vuelta de París en 1930 –el régimen brasileño le dispensó un trato más que mimoso-, el resultado, en sus manos, tenía que convertirse necesariamente en una de las más fascinantes, variadas y atractivas colecciones de música del siglo pasado.

Efectivamente, a todo el mundo le suenan las Bachianas Brasileiras de Villa-Lobos, aunque sólo sea por el título. Sin embargo, la realidad es que apenas se suele escuchar –ya sea en vivo o en disco- más allá de la celebérrima ‘nº 5’ para soprano y ocho violonchelos, y ello gracias en buena parte a la inolvidable Victoria de los Ángeles. Pues bien, a partir de ahora se acabaron las excusas porque el sello BIS ha grabado el ciclo completo (las nueve piezas, además de sus variantes), del que el compacto que hoy se comenta constituye la primera entrega.

El esquema formal se repite en las tres obras que presenta este disco: una introducción lenta –preludio-, y tres movimientos que alternan los corales, las arias y las danzas. En ellos, la pasmosa e inagotable simplicidad del quehacer de Bach da cabida a la complicación e irregularidad rítmica brasileña (¿o es al revés?): así, Villa-Lobos usa las más básicas células bailables de su país (y pongan aquí cualquier variedad de ritmos ternarios) para hacer que se muevan canónicamente en la sucesión de modos descendentes de los corales bachianos.

Para ello, Villa-Lobos emplea una plantilla orquestal que puede ser muy completa, pero siempre con una escritura cristalina, que favorece las intervenciones solistas, por ejemplo, en la Bachiana nº 2 (saxofón, violonchelo, trombón), cuya ‘aria’ es un ejemplo arquetípico de cómo se debe interpretar esta música: mantener el ritmo vivo y constante mientras se deja arrastrar la melodía (tener tanta cintura como para conseguirlo no es nada fácil, aunque lo parezca); y en cuyo final se encuentra el delicioso ‘Trenzinho de Caipira’, otro de los ‘grandes éxitos’ de su autor.

El arranque de la Bachiana nº 3 (para piano y orquesta) trae a la cabeza –y obviamente no es por casualidad- el comienzo del maravilloso Segundo concierto de Camille Saint-Saëns; a lo largo de la pieza el juego contrapuntístico entre el piano y la cuerda sostenida llega a ser obsesivo, reservando Villa-Lobos para el final toda una explosión de los instrumentos de percusión bajo ritmos punzantes. La ‘nº 4’ constituye la orquestación hecha en 1941 de la Bachiana original para piano escrita varios años antes: el preludio en forma de coral para cuerda es sencillamente irresistible, aunque el coral de verdad viene después, a plena orquesta con una percusión apabullante.

Naturalmente, el atractivo de este disco viene también de la mano de los intérpretes: la Orquestra Sinfônica do Estado de Sâo Paulo, ya cincuentona pero poco conocida de este lado del charco, compensa la sequedad de sus mimbres con el colorido de las obras, y Roberto Minczuk (pablense nativo, de ascendencia rusa, trompista de formación, y flamante nuevo director musical de la Filarmónica de Calgary) tiene en su batuta –ya se dijo antes- el secreto de las partituras; como también lo tiene el carioca Jean Louis Steuerman, que sabe integrar con limpieza su parte en la masa orquestal.

La grabación -típica del sello BIS, con pocos micrófonos- puede parecer apagada y poco aireada al comienzo de la escucha, pero poco a poco el oído se va acostumbrando hasta que llega a resultar natural. Las notas de Vasco Mariz -meramente informativas- están en inglés, francés, alemán y portugués.

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