Alemania

Hello, Dolly! You're still goin' strong

Xoán M. Carreira
lunes, 26 de septiembre de 2005
Múnich, jueves, 21 de julio de 2005. Staatstheater am Gärtnerplatz. Hello, Dolly, musical de Jerry Hermann sobre libro de Michael Stewart sobre 'The Match Maker' de Thornton Wilder. Versión alemana de Robert Gilbert. Producción de Andreas Kowalewitz (Múnich: 2001). Stefan Huber, director de escena. Harald B. Thor, escenografía. Ricarda Regina Ludigkeit, coreografía. Georg Boeshenz, luminotecnia. Ulrike B. Radichevich, figurinista. Elenco: Marianne Larsen (Mrs. Dolly Levi), Dirk Lohr (Horace Vandergelder), Stefanie Dietrich (Irene Molloy), Daniel Prohaska (Cornelius Hackl), Oliver Polster (Barnaby Tucker), Päivi Elina (Minnie Fay), Erik Årman (Ambrose Kemper), Ulrike Dostal (Ermengarde), Rotraut Arnold (Ernestina Money) y otros. Orquesta y coro del Staatstheater am Gärtnerplatz. Directora musical: Eva Pons.
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Las fuentes literarias de Hello, Dolly! se remontan a 1835, año del estreno londinense de A Day Well Spent, un breve juguete teatral de John Oxenford. Fue el modelo de la farsa Einen ux will w¡er sich machen (Viena, 1842) de Johann Nestroy que tuvo mayor fortuna que su antecesora y llegó a conocer los teatros neoyorquinos. En ella se inspiró la comedia The Merchant of Yonkers (1938) de Thornton Wilder (1897-1975), un cultísimo arqueólogo y profesor universitario de literatura que obtuvo grandes éxitos con sus ingeniosas novelas y obras teatrales de tipo alegórico, a menudo basadas en mitos clásicos, que dieron lugar a 31 películas, que yo conozca.

Amigo y corresponsal de Gertrude Stein, Hemingway, Willa Cather y Montgomery Clift, y estudioso de James Joyce, Ezra Pound y T.S. Eliot, en su libro póstumo Playwrights at Work (2000), Wilder afirma que "Me veo a mi mismo como un fabulador, no como un crítico. Me doy cuenta de que todo escritor es necesariamente un crítico, esto es, cada frase es un esqueleto acompañado por una enorme actividad de rechazo, y cada elección está gobernada por principios generales que atañen a la verdad, la fuerza, la belleza y cosas así. Pero como acabo de indicar, creo que la práctica de la escritura consiste en relegar cada vez más toda actividad formal al subconsciente. El crítico que hay en cada fabulador es como un iceberg, las nueve décimas partes están sumergidas".

En 1955 publicó The Match-Maker, una revisión de The Merchant of Yonkers, que dio lugar a The Matchmaker (1958), una deliciosa película de Joseph Anthony, interpretada por Antony Perkins y Shirley Mac Laine. El 16 de enero de 1964 se estrénó en el Saint James Theater de Broadway Hello, Dolly!, el musical más representado de la historia del género junto a El violinista en el tejado. Tras su estreno en once ciudades americanas, la première europea tuvo lugar en el Drury Lane Theatre de Londres el 2 de diciembre de 1965, con enorme éxito.

Sin embargo, la fama internacional del musical se debe a la estraordinaria película Hello, Dolly! (1969) de Gene Kelly, interpretada por Barbra Streisand y Walther Mathau, secundados por un plantel de actores en estado de gracia, y con un invitado de lujo, Louis Armstrong, que dirige la orquesta del restaurante de los Jardines de la Armonía y canta una versión prodigiosa del tema principal. A partir de entonces, se prodigaron las traducciones de Hello, Dolly! a los idiomas más diversos para ser representada en teatros de todo el mundo. Si no yerran mis fuentes de información, la primera producción alemana de Hello, Dolly! se estrenó en 1971 en Múnich, protagonizada por la gran Lola Müthel (1919-2005), bajo la dirección escénica del no menos grande Jean-Pierre Ponnelle (1932-1988). Desde entonces, para felicidad del público, Hello, Dolly! no ha dejado de subir a los escenarios germánicos .

Fotografía © 2005 by Ida Zenna

Muy sabiamente,  Stefan Huber y Harald B. Thor toman nota de que la práctica totalidad de su público ha visto la  Hello, Dolly! de Kelly y buena parte de los espectadores ya han disfrutado de otras producciones del musical (en mi caso, lo había visto en tres idiomas pero, lamentablemente, nunca en inglés). Por eso no se inhiben de citar con desenfado momentos gloriosos de la película y de algunas famosas producciones de Hello, Dolly!. La llegada de Dolly Levi a bordo de un globo y su marcha en el mismo vehículo (acompañada de Horace Vandergelder) la interpreté como una alusión a Mary Poppins (que tiene mucho de alter ego de Dolly) y, no sin escrúpulos, me empeñé en recordar la llegada de la grandeur a la corte ultraterrenal en el prólogo de The Ghost of Versailles de Corigliano.

Florian Simson, Hans Teuscher y Daniel Prohaska. Fotografía © 2005 by Ida Zenna

Al margen de estas disquisiciones eruditas, Huber y su equipo acertaron plenamente al ofrecer un espectáculo fresco y divertido, totalmente fiel al libreto, con todos los tópicos del género vistos con un enorme cariño, no exento de ironía. La adecuación de los movimientos de conjunto al pequeño escenario del Gärtnerplatz resultó formidable. Así fue que las escenas de la estación o del desfile de la Independencia resultaron más brillantes y rotundas que otras semejantes en escenarios mucho mayores y con mucha más gente en escena. Vaya aquí mi elogio a Georg Boeshenz por la iluminación del desfile: luz a raudales y sin complejos, como corresponde. Para sutilezas ya tuvo el acto del restaurante, magnífico.

Stefanie Dietrich, Daniel Prohaska, Thérèse Wincent y Florian Simson. Fotografía © 2005 by Ida Zenna

Y sin salir del restaurante (atención a Ulrike Dostal, una divertidísima Emengarde),  Ricarda Ludigkeit realizó una coreografía deliciosa y bien humorada, con las dosis justas (es decir, elevadas) de glamour. El grupo de bailarines del Gärtnerplatz se maneja muy bien en estos números de conjunto, tan cercanos a las tradiciones berlinesa y vienesa de la opereta. En comparación con los teatros anglosajones de musical, me resultan un poco rígidos, pero en Hello, Dolly! lo compensan con el justo toque de old fashion que es difícil encontrar en los escenarios anglosajones. Más problemático resultó hacer bailar a las dos parejas de jóvenes enamorados: la coreografía que escribió para ellos Ludigkeit era la adecuada para los personajes y su tradición escénica, pero los chicos son mejores cantantes y actores que bailarines. En esto les ganaron por la mano Marianne Larsen y Dirk Lohr y desde luego el magistral maître del Jardín de la Armonía.

Marianne Larsen . Fotografía © 2005 by Ida Zenna

Marianne Larsen fue una espléndida Dolly Levi, rebosante de vida y de optimismo, impulsiva e histriónica como la propia Streisand, pero también tan sensible y frágil como lo fue la Dolly de Shirley Mac Laine. Es decir, un derroche de inteligencia y de intenso conocimiento del papel. Estuvo maravillosa y al finalizar daban ganas de subir con ella al aerostato. Por si fuera poco, tras los aplausos, en el tradicional bis colectivo, hizo una ejemplar imitación de Louis Armstrong al cantar la primera estrofa de la canción Hello, Dolly! Toda una lección de buen hacer teatral.

Marianne Larsen  y conjunto. Fotografía © 2005 by Ida Zenna

Por último, que no la última, Eva Pons dirigió a la buena orquesta del Staatstheater am Gärtnerplatz con conocimiento del género, flexibilidad, finura y buen gusto musical en los siempre peligrosos detalles de sal gorda. Es cada vez más frecuente encontrar directoras estupendas en los teatros de opereta, sin duda porque son por definición lugares menos dados a prejuicios y en los que importa más el resultado que los enunciados. En el caso de Hello, Dolly! se agradece una perspectiva femenina desde el foso y Eva Pons la proporcionó: me parece evidente que Dolly Levi le parece un personaje maravilloso.

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