España - Cantabria

Festival de Santander

La noche de Mahler y Bruckner

Roberto Blanco
miércoles, 14 de septiembre de 2005
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Santander, lunes, 29 de agosto de 2005. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Gustav Mahler Jugendorchester. Matthias Goerne, barítono. Director: Ingo Metzmacher. Ludwig van Beethoven: Obertura Coriolano en do menor, op.62. Aus des Knaben Wunderhorn Lieder: Wo die schönen Trompeten blasen, Der Schildwache Nachtlied, Lob des hohen Verstandes, Des Antonius von Padua Fischpredigt, Urlicht, Revelge, Der Tamboursg’sell. Antón Bruckner: Sinfonía nº6 en la mayor, A 105. LIV Festival Internacional de Santander. Aforo: 1800 localidades. Ocupación: 90%
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Considerada como una de las principales orquestas jóvenes del mundo, la Gustav Mahler Jugendorchester –fundada en 1986 por su actual titular, Claudio Abbado- es un conjunto poderoso, con unas cuerdas rotundas y compactas y unos metales rutilantes, que tocó con auténticas ganas bajo el mando de Ingo Metzmacher, un maestro de gesto seguro y extremadamente eficaz.

La versión de la obertura Coriolano estuvo marcada por la seguridad y firmeza de trazo por parte de la batuta, obteniendo una respuesta orquestal precisa, sin la menor vacilación, oponiendo magistralmente el tumultuoso tema inicial con el más tierno y apacible del segundo motivo, mediante un desarrollo modélico.

Pisó después la escena el barítono germano Matthias Goerne para ofrecernos una memorable interpretación de una selección de lieder mahlerianos pertenecientes a  Des Knaben Wunderhorn  (“El cuerno maravilloso del muchacho”). Su solidez artística y su madurez interpretativa quedó ya patente en el lied inicial  Wo die schönen Trompeten blasen  (“Allí donde suenan las alegres trompetas”), con una riqueza expresiva y de matices sobresaliente, en perfecta comunión con el colorido orquestal que extraía Metzmacher de los atriles. En el mismo nivel se mantuvo con Der Schildwache Nachtlied (“El Canto nocturno del centinela”) lied que es más habitual escuchar con dos voces, masculina y femenina, que le aportan más sustancia teatral. Siguió con el  Lob des hohen Verstandes  (“Elogio de la alta inteligencia”), donde se narra el concurso de canto entre el ruiseñor y el cuco, con el asno como juez –un corrosivo ataque contra la crítica musical- y donde Goerne lució sus dotes teatrales y onomatopéyicas mientras la madera describía los cantos de las aves. También irónica y festiva resultó la versión de Des Antonius von Padua Fischpredigt ( “San Antonio de Padua predicando a los peces”), que dio paso a  Urlicht  (“Luz primigenia”), un lied mucho más espiritual en el que se pudo apreciar la transparente articulación del barítono y nuevamente la limpieza de la madera. Y concluía su actuación con  Revelge  (“Toque de diana”) y  Der Tamboursg’sell  (“El joven tambor”), dos canciones de temática militar con las que Goerne realizó sus mejores interpretaciones, mostrando su voz más grave y dramática.

La segunda parte del concierto la ocupó la  Sinfonía nº 6 en la mayor  de Antón Bruckner, en una grandiosa versión de Metzmacher. La  Sexta , “la más descarada”, como la bautizó el propio Bruckner, sonó aquí despojada de amaneramientos, como nos prometía ya el primer ‘fortissimo’ del ‘Maestoso’ inicial, y se hizo patente en el ‘Adagio’, con un fraseo limpio, amplio y desnudo de falsas afectaciones. Tras el breve y bellísimo ‘Scherzo’, todo el aliento de la conducción se volcó en el ‘Finale’, con una pujante coda donde destacó la poderosa voz de los trombones.

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