España - Cantabria

Festival de Santander

Conlon y la Philarmonia Orchestra

Roberto Blanco
viernes, 23 de septiembre de 2005
James Conlon © OSCyL James Conlon © OSCyL
Santander, miércoles, 31 de agosto de 2005. Sala Argenta del Palacio de Festivales de Cantabria. Victor Ullmann, Obertura ‘Don Quixote tanzt Fandango’. Richard Strauss, Don Quijote, poema sinfónico op.35. Antonin Dvorak, Sinfonía nº 8 en sol mayor op.88 ‘Inglesa’. Steven Isserlis, violonchelo. Philharmonia Orchestra. Director: James Conlon. Clausura del LIV Festival Internacional de Santander. Aforo: 1800 localidades. Ocupación: 100%
0,0001942

La británica Philharmonia Orchestra y el reputado director James Conlon fueron los elegidos para clausurar la 54 edición del Festival Internacional de Santander. Conlon, siempre esforzado por mostrar al público obras de compositores cuyas vidas se vieran afectadas por el Holocausto, eligió para la ocasión la obertura Don Quixote tanzt Fandango de Víctor Ullmann, traducida con vívida tensión expresionista, y extrayendo el dolor y la tragedia que esta página destila, hasta que irrumpe el fandango y con él, el discurso se torna más irónico y expresivo.

La primera parte del concierto se completaba con el poema sinfónico de Richard Strauss Don Quijote Op.35, con la actuación estelar del violonchelista Steven Isserlis abrazado al bellísimo sonido de su Stradivarius de 1730. Con esta obra descubrimos las virtudes y la excelencia de la orquesta visitante: unos metales estremecedores pero de sonido dúctil y sin estridencias, una cuerda pastosa y elegante, con unos solistas infalibles (excelente la intervención de la solista) y una percusión de muy cuidado sonido que incluía el poco habitual polífono. Pocas veces nos es dado sentarnos ante una orquesta de tanta presencia que elabora tan exquisita gama de colores, desarrollando a la vez una intachable lectura de páginas como ésta, con mil virtuosismos orquestales. A ello no era ajeno, evidentemente, la habilidad técnica y la minuciosa labor constructiva de su director, capaz de mandar con infinito mimo y de reconocer todas las sutilezas de la obra straussiana.

Ya con la Octava de Dvorak el concierto fue redondo, con una buena traducción, tanto en conjunto como en detalle, y con una perfecta diferenciación de planos sonoros. La alternancia de volúmenes, desde la intimidad a los tutti, fue notable, como también el logrado equilibrio entre dramatismo por una parte, y los momentos líricos y cantabile por otro del ‘Allegro’ inicial. En la apoteosis final, Conlon deslumbró con una actitud optimista y vital que ante el arrebato de público y músicos, agradeció con la ‘Obertura’ mozartiana de Las bodas de Figaro, las últimas notas que sonaron de esta edición del FIS.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.