España - Madrid

Dos maestros en sus respectivos instrumentos

Juan Krakenberger
miércoles, 19 de octubre de 2005
Maria João Pires © Harald Hoffmann | DG | Torroella Maria João Pires © Harald Hoffmann | DG | Torroella
Madrid, viernes, 14 de octubre de 2005. Teatro Real. Gérard Caussé, viola. Maria Joao Pires, piano. Dimitri Shostacovich, Sonata para piano y viola op 147; Ludwig van Beethoven, Sonata op 27 nº 2 ‘Claro de Luna’; Franz Schubert, Sonata ‘Arpeggione’ (versión para viola y piano). Fundación Caja Duero. Concierto de Otoño. Asistencia: 90%
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Fue éste un concierto excepcional, en varios sentidos. Uno, porque no estuvo anunciado en los periódicos, ya que era mayormente por invitación. Dos, porque no era un recital de viola y piano corriente, por la configuración del programa. Tres, porque los dos músicos tocaron para la Fundación Caja Duero en función de sus actividades pedagógicas sitas en Salamanca, apoyadas por esa entidad, una labor admirable dirigida a los jóvenes, que tanta falta hace. Y cuatro, porque la forma de presentación del concierto, propiamente, fue todo menos convencional.

En efecto, el escenario del Teatro Real se había transformado con medios muy sencillos en una sala de estar. Un piano, un atril, una mesita redonda con una jarra de agua y dos copas y un sillón forrado en cuero, confortable, todo ello delante de un biombo acústico alto de madera, delante del telón principal. Como el programa se tocó sin intermedio -probablemente para ganar tiempo para el cocktail-cena posterior- mientras que la pianista tocaba la Sonata de Beethoven, el violista se sentaba en dicha poltrona, y durante un solo de viola, más adelante, la pianista hizo lo propio. Todo en familia, esa era la impresión que se transmitía al espectador. ¡Muy apropiado, por cierto!

La última obra de Shostakovich, su Sonata para viola y piano, inició el concierto. Se trata de una obra triste, terminada pocos días antes de la muerte del compositor, cuando éste ya estaba consciente de que su cáncer estaba acabando con su vida. La música es adusta, a veces dramática, a veces melancólica y, en general, nostálgica. Hasta el ‘Allegretto’ (2º movimiento) tiene un carácter serio, al respirar una cierta amargura. Se refiere, a través de citas puntuales, a algunas de las obras que le eran más queridas al compositor, y destaca particularmente el primer movimiento de la Sonata ‘Claro de Luna’ de Beethoven, que impregna el 'Adagio' final de la obra con la reiteración rítmica de su primer tema y los arpegios acompañantes.

Es difícil imaginarse una versión mejor que la que nos ofrecieron los dos músicos, maestros en sus respectivos instrumentos. El sonido de la preciosa viola de Caussé -un instrumento construido hace más de 4 siglos-, la riqueza tímbrica que éste le saca, la innata musicalidad de ambos, y el aterciopelado pianismo de Maria Joao Pires: todo ello se aunó para una interpretación memorable e emocionante.

Acto seguido, la pianista tocó precisamente la obra que Shostakovich tenía en mente en su obra última, la conocidísima Sonata ‘Claro de Luna’ de Beethoven. ¡Formidable versión! Hondo dramatismo en el ‘Adagio sostenuto’, sencillez en el 'Allegretto' y un torbellino avasallador en el ‘Presto agitato’. ¡Qué gran pianista! De dónde esta menuda mujer saca la enorme fuerza con que impregna su música, es un enigma. Es sencillamente admirable.

Un muy breve rato de descanso sin hacer mutis del escenario, y luego de tomarse unos tragos de agua de una de las copas de la mesita, ella se sentó nuevamente al piano para brindarnos, junto con Caussé, la última obra programada, otra composición bastante conocida: la Sonata ‘Arpeggione’ de Franz Schubert. Escrita originalmente para ese instrumento, un tipo de violonchelo con forma de guitarra, de seis cuerdas, inventado por un contemporáneo del compositor, el arpeggione ha caído en desuso, y esta obra se toca actualmente ya sea con violoncello o viola. Hay varias versiones para éste último instrumento, todas literales pero con diferentes soluciones de tesitura, ya que evidentemente un instrumento de seis cuerdas tiene una mayor extensión que uno de cuatro, como la viola, y por ello, de vez en cuando, no queda más remedio que pasarse a la octava más alta o más baja.

Nuevamente escuchamos una versión modélica. La sencillez de la música de Schubert en esta obra, que rebosa de melodías tiernas, a veces hasta populares, requiere un tratamiento delicado y sutil: la expresión debe medirse, porque de lo contrario perdería su lozanía. Ambos intérpretes hallaron este camino -nada fácil de lograr- y podíamos así gozar de esta intimidad tan emocionante de esta bella pieza. Los bravos y aplausos no se hicieron esperar, y el público se ganó dos preciosas propinas.

La primera, el 'Preludio' de la 2ª Suite (para violoncello) de Bach, tocada por Caussé sobre la viola (en presencia de la pianista, que se acomodó en el sillón). Una versión muy personal, con un fraseo muy inteligente, que haría fruncir el ceño a los puristas del historicismo, pero que tradujo esta hermosa página, en modo menor, con refinamiento y buen gusto. Y la segunda, (y espero no equivocarme), la Elegía de Glazunov, una pieza romántica, muy melodiosa, muy bien escrita para ambos instrumentos. Sonó, desde luego, de manera admirable.

En suma: un concierto “en familia” del cual pudimos disfrutar enormemente. Felicitaciones a la Fundación Caja Duero. Su colaboración con estos formidables músicos para la formación de los jóvenes merece todos los aplausos.

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