España - Castilla y León

Del tiempo de rigores

Samuel González Casado
miércoles, 7 de diciembre de 2005
Valladolid, miércoles, 30 de noviembre de 2005. Auditorio de la Feria de Muestras. Raffaella Milanesi, soprano. Lyra Baroque Orchestra. Director y clave: Jacques Ogg. Luigi Boccherini: Concierto para clave en Mi bemol mayor. Sinfonía en Re mayor. La Clementina, G. 540, tres arias: ¡Ay de mi!; Del tiempo de rigores; Cruel, injusta, ingrata. Sinfonía en Do mayor, G. 505. Scena de Inés de Castro, G. 541. Ocupación: 50 %.
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A menor nivel que otras veces se movió la interpretación musical del concierto de clausura del excelentísimo ciclo Otoño en Clave que, un año más, se nos ha regalado en el Auditorio de la Feria de Muestras. Ha habido grupos que constituyen auténticas referencias mundiales en las especialidades del iluminismo, barroco y clasicismo, como el Ensemble Matheus o Europa Galante. Con sentido de la oportunidad se ha rendido cumplidos homenajes a Mozart y, sobre todo, a Boccherini, en sus aniversarios; y se ha continuado, un año más, con la inacabable mina vivaldiana, origen, como ya es habitual, de las mayores alegrías. Todo esto supone un esfuerzo que no nos cansamos de alabar, porque es algo con lo que una ciudad como Valladolid no se podía atrever a soñar hace tan sólo 10 años. Desconocemos si parecidas cotas de excelencia volverán la temporada que viene, pues la inauguración del nuevo auditorio, prevista para septiembre de 2006, puede que haga variar algo este ciclo, en cuanto a presupuestos y ubicación geográfica.

Menos satisfactorio que otros fue, como hemos empezado diciendo, el último concierto. El grupo no tiene el refinamiento sonoro, el marcado estilo y la imaginación de otros punteros, aunque no por ello se deja de apreciar su absoluto conocimiento de las músicas que ejecutan y su total adecuación, aunque, como señalamos, sin ese punto de personalidad, de chispa. Los ataques suelen ser un poco bruscos, el empaste de la cuerda no es muy satisfactorio y hay familias instrumentales pendientes no de mejorar, sino simplemente adecentar: los dos trompas sonaron caóticos en la primera parte del concierto, y cuando desaparecieron, justo antes de la selección de La Clementina, suponemos que parte de los aplausos se referían al abandono de la escena de ambos caballeros, de elegante presencia por otra parte, y su posterior castigo en algún sótano del recinto ferial.

Pese a todo esto, no puede negarse que tanto grupo como director lograron salir airosos de casi todo. Quizá lo peor fue el comienzo: un concierto para clave tan bien compuesto como todo lo que solía salir de la diligente pluma del español; lástima que los músicos se mostraran bastante descolocados: Ogg comenzó con abundantes notas falsas (la temperatura en el recinto, tirando a fría, puede que no ayudara) y los trompas, en su línea. El sonido del clave, además, llegaba levísimo a nuestros oídos, con lo que nos perdimos gran parte de la escritura. Bastante mejor fueron las cosas en la sinfonías, preciosa, inspiradísima la compuesta en la tonalidad de Do mayor, con una interpretación que estuvo a su altura, los instrumentistas mucho más asentados -muy bien los diálogos entre los violines solistas- y el director muy pendiente de todos los detalles, del color. Algunas imprecisiones de las maderas en las partes más contemplativas no empañaron el riguroso, trabajado y vivaz concepto que el director y teclista holandés tiene de estas estupendas obras.

Teniendo en cuenta el estilo de Boccherini, autor de una música que, en un monográfico como éste, puede llegar a hacerse algo monótona, se agradece la variedad en el tipo de composiciones y en los elementos instrumentales que les son necesarios. Así, con la debida expectación se recibió a la joven Raffaella Milanesi, de bella presencia netamente italiana. Enseguida se apreciaron sus virtudes: para empezar, perfecta asimilación del estilo en un género tan español como la zarzuela, distinto de otros en los que el canto también se erige en protagonista. La teatralidad extrema de la soprano, nunca grotesca aunque quizá sí pasada de vueltas en algún momento, también casó bien con lo que entendemos debió de ser la representación de La Clementina en la casa de la Condesa-Duquesa Viuda de Benavente, María Faustina Téllez Girón, famosa mecenas de la época enamorada de la música, que encargó la obra a nuestro músico y al escritor Ramón de la Cruz.

De tonos anímicos muy marcados, Milanesi convenció además por las buenas hechuras técnicas de una voz de lírica bastante robusta, perfectamente afinada y de brillante proyección, sin ningún problema en cuanto a volumen por su buena colocación y un donoso y controladísimo registro de pecho. En el debe hay que señalar una emisión un poco dura, falta de redondeo, y excesiva presión del aire arriba, con agudos forzados y fatigosos. Por lo demás, es una cantante que, dadas sus cualidades, puede destacar en gran cantidad de repertorios, siempre que no exijan excesiva coloratura y preferentemente sin sobrepasar, pongamos, el Si bemol, zona cercana al sobreagudo donde la cosa empieza a perder calidad, lo cual no se apreció mucho en la Scena de Inés de Castro -de escritura muy central-, curioso y convincente esbozo de lo que pudo ser, o quizá fue, una obra de mayor extensión. Lo que ahora tenemos consiste en un recitado, una cavatina y un aria que dan pie a mostrar gran cantidad de resortes, desde el dramatismo de las dos primeras partes hasta el lucimiento canoro del último, compuesto en tono mayor y por tanto, de apariencia mucho más amable, sin el posible desgarro de los dos primeros. Milanesi estuvo en su acertada línea anterior, más sincera, menos retórica y caricaturesca, porque el género es otro. Por lo demás, lo anteriormente descrito sobre ella vale para la Scena: solvencia más que notable. Quizá se añoró menos parquedad en los reguladores y más imaginación en los matices en general, aunque la técnica de la soprano no le permite demasiadas alegrías en estos aspectos; y eso que en la propina se nos regaló una excelente versión del aria de Susana; muy matizada, pero toda en piano, porque la cantante es inteligente y sabe lo que puede hacer y lo que no. Lo dicho: tendrá buena trayectoria.

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