Discos

¿Sabe usted que la séptima ola es la poderosa?

Alfredo López-Vivié Palencia
miércoles, 18 de enero de 2006
Claude Debussy: Prélude à l’après-midi d’un faune; La Mer, trois esquisses symphoniques; La Boîte à joujoux (orquestación de André Caplet); Tres preludios (orquestación de Colin Matthews). Emmanuel Pahud, flauta; Majella Stockhausen-Riegelbauer, piano. Berliner Philharmoniker. Sir Simon Rattle, director. Productor: Stephen Johns; ingeniero de sonido: Mike Clements. Un disco compacto DDD de 79 minutos de duración, grabado en la Philharmonie de Berlín los días 17 al 19 de septiembre de 2004. EMI Classics 7243 5 58045 2 5
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A Claudio Abbado, que siempre ha sido un tipo inteligente, no se le ocurrió ni por asomo grabar La mer durante sus trece años de reinado en la Orquesta Filarmónica de Berlín: los cuatro registros que hizo Herbert von Karajan con sus filarmónicos -en particular el primero y celebradísimo, grabado en marzo de 1964- pesaban demasiado como para meterse en semejante camisa de once varas. Eso sí, cuando por fin se animó en 2003 con la Orquesta del Festival de Lucerna -era, sorprendentemente, la primera vez que grababa la obra- dio la campanada y la cosa le salió redonda (compacto en DG; DVD en Euroarts).

A Simon Rattle, por el contrario, le ha faltado tiempo para hacerlo, y al cumplir sólo un par de años de titularidad berlinesa ya puso en micrófonos La mer -obra muy querida y programada por Rattle en sus tiempos de Birmingham-, que llega ahora recién salida del horno de EMI. Y no porque quiera hacer las cosas deliberadamente diferentes a como las hacía su antepredecesor -que también-, sino porque ya en vida de Karajan no tuvo reparos para manifestar sus desacuerdos con él (1).

El caso es que El mar de Rattle no podía ser más distinto del de Karajan … ni del de Abbado; pero el resultado no me parece demasiado acertado: en general, la música se mueve a base de apretones, con un Rattle estirando los tiempos hasta límites completamente inadecuados (óigase el grupo de violonchelos en ‘De l’aube à midi sur la mer’ -4’44’’-, que suenan secos, poco ondulantes); eso sí, su tendencia al virtuosismo orquestal hace que el arranque de ‘Jeux de vagues’ salga perfecto, con unos clarinetes que hay que oirlos para creerlos, y no es difícil imaginarle poniendo su típica cara de niño travieso al mirar con la sonrisa del diablo a la cuerda grave cuando comienza ‘Dialogue du vent et de la mer’; aunque más tarde se afana en destacar los dibujos de acompañamiento de los violines (7’30’’) de un modo tal que sólo consigue frenar el discurso principal.

Por lo tanto, sólo es eso lo destacable de esta versión: determinadas intervenciones solistas; no hay visión de conjunto, no hay el mar de fondo que mueve Abbado, ni la orgía orquestal de sonidos y de impulsos que consigue Karajan. Tal vez porque ambos han sido buenos navegantes y saben, como recordaba Karajan, que la ola poderosa es una de cada siete (2), y mientras tanto hay que preparar el barco durante las otras seis para tomarla adecuadamente y no perder el rumbo. Rattle -faltaría más- se deleita con el pulso irregular del mar, pero para él todas las olas son iguales.
 
Otro tanto ocurre con el célebre Fauno: Rattle alarga tan exageradamente el silencio tras la primera frase que antes de que transcurra el primer minuto de la audición uno ya sabe que la cosa no va a ninguna parte; para acabarlo de arreglar, Rattle disfruta desmigajando todas y cada una de las partes de los endiablados compases debussyanos en 9/8 y en 12/8, en un alarde técnico que sólo consigue diseccionar el sopor de la siesta. Ni que decir tiene, Emmanuel Pahud hace ostentación de un fuelle infinito y se las arregla para frasear con gusto en esas condiciones, aunque me parece más cálida su versión de 1998, que hizo con Abbado y sus -entonces- compañeros (DG).

Rattle se encuentra sin duda más a gusto en las otras dos obras del programa, aunque sólo sea porque la competencia aquí es prácticamente inexistente y en consecuencia no se ve acuciado a hacer ‘su’ versión. Debussy dejó prácticamente sin orquestar su ballet para niños La Boîte à joujoux (original para piano de 1913) y fue su amigo André Caplet quien hizo el trabajo a la muerte del autor en 1918. De todos modos, a pesar de que Rattle se emplea a fondo para hacer de esta partitura una obra de concierto -y a pesar de subrayar las divertidas acotaciones del ‘Coro de los soldados’ de Gounod o de la célebre ‘Marcha nupcial’ de Mendelssohn-, claramente se echa falta el elemento escénico para disfrutarla del todo.

Lo mejor del disco está al final: Rattle se ha interesado por las composiciones de Colin Matthews (Londres, 1946) desde hace casi veinte años, e incluso ha estrenado alguna de ellas –‘… through the glass’-, de modo que la orquestación de estos tres Preludios de Debussy constituye el complemento (mejor, el suplemento) ideal de este compacto. Matthews explica su trabajo en las notas de la carpetilla: "No me he propuesto deliberadamente imitar el estilo orquestal de Debussy, pero el carácter de la escritura para piano de Debussy y la individualidad de su armonía demandan un mundo sonoro muy particular, que sería inútil pretender ignorar."

Pues bien, así es. El enorme mérito de Matthews está en que las orquestaciones que se escuchan -‘Ce qu’a vu le vent d’ouest’ (Libro 1, nº 7), ‘Feuilles mortes’ (Libro 2, nº 2), y ‘Feux d’artifice’ (Libro 2, nº 12)- son rabiosamente modernas sin dejar de ‘oler’ a Debussy, fórmula infalible para que Rattle extraiga de la Filarmónica de Berlín todo lo que ésta puede dar de sí -que es muchísimo- en potencia sonora y en diversidad tímbrica (ilustradas además con una buena toma de sonido). Por cierto, Matthews refiere también que anda enfrascado en la orquestación de todos y cada uno de los Preludios de Debussy por encargo de la Orquesta Hallé de Manchester: ojalá que pronto podamos escuchar alguno más.

Notas:

(1) En el libro de Nicholas Kenyon, Simon Rattle, from Birmingham to Berlin (Faber & Faber, Londres, 2002), Rattle cuenta la siguiente conversación telefónica mantenida con Karajan hacia finales de 1987, poco después de su debut con la Filarmónica de Berlín:
- Simon, yo ya no puedo más, necesito que vengas a Salzburgo a hacer Figaro en el Festival de Pascua con la Filarmónica de Berlín, y en verano con la Filarmónica de Viena; el reparto es estupendo, y tú pones las condiciones.
- Pero, maestro, no sé si la Filarmónica de Viena estará por la labor, yo estoy acostumbrado a hacer Mozart en estilo historicista…
- ¡Y yo hago Mozart al estilo de Mozart!
 
(2) Richard Osborne lo pone en boca de Karajan en forma de pregunta- de donde tomo el título de esta reseña- en su libro: Herbert von Karajan, a Life in Music (Chatto & Windus, Londres, 1998).

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