Estados Unidos

Un lugar bajo el sol

Horacio Tomalino
jueves, 26 de enero de 2006
Nueva York, miércoles, 28 de diciembre de 2005. Lincoln Center of the Performing Arts. Metropolitan Opera House. An American Tragedy (Una tragedia americana), ópera en un prologo y dos actos, con música de Tobias Picker y libreto de Gene Scheer, basada en la novela de Theodore Dreiser (1925). Francesca Zambello, director escénico. Elenco: Graham Philips (el joven Clyde), Dolora Zajick (Elvira Griffiths), Anna Christy (Hortense), Nathan Gunn (Clyde Griffiths), Kim Begley (Samuel Griffiths), William Burden (Gilbert Griffiths), Patricia Racette (Roberta Alden), Clare Gormley (Grace Marr), Jennifer Larmore (Bella Griffiths), Susan Graham (Sondra Finchley), Mark Schowalter (Reverendo McMillan), Richard Berstein (Orville Mason). Orquesta del Metropolitan Opera House. James Conlon, director musical. Temporada 2005-6. Première absoluta
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Por cuarta vez en los últimos treinta y cinco años, y en medio de una lluvia de críticas, la dirección del MET sube a escena una ópera de un compositor americano contemporáneo encargada a tal efecto. En esta ocasión, el pedido recayó en Tobias Picker, uno de los más interesantes y prolíficos compositores americanos de su generación. Este compositor, con más de 80 obras en su haber encargadas y ejecutadas por las más importantes orquestas de los Estados Unidos y el mundo, vuelve a incursionar en el genero operístico con Una Tragedia Americana, después de cosechar toda clase de elogios de la critica y el publico después del estreno de su última ópera, Therese Ranquin, realizado en la Opera de San Diego y Dallas en el 2001.

La acción de esta nueva opera se ubica hacia finales del siglo XIX y principios del XX, entre el Medio Este americano, Chicago y el estado de New York, y narra la historia verídica del ambicioso joven Clyte Griffiths quien asesina a su novia embarazada cuando las exigencias de esta hacen peligrar su escalada dentro de la alta sociedad americana. El hecho, que conmovió a la opinión publica y que determinó el enjuiciamiento de Griffiths y su posterior muerte en la silla eléctrica, fue un autentico escándalo nacional y llego a conocerse bajo el nombre “el crimen del siglo”. El tema fue tomado por varios autores y mereció varias adaptaciones teatrales e incluso una versión cinematográfica en 1951 conocida como A place in the sun, dirigida por Georges Stevens y con la actuación nada menos que de Elizabeth Taylor y Montgomery Clift, entre otros.

Escena del juicio
Fotografía © 2005 by Ken Howard/Metropolitan Opera

La ópera, que cuenta con libreto del americano Gene Scheer, está estructurada en quince escenas divididas en dos actos y un prologo. La música de Picker es muy ecléctica, pasa con facilidad de un atonalismo concreto a momentos de exquisitos armónicos de tinte neorrománticos. En su partitura la alusión a temas norteamericanos es constante y le permite crear clímax adecuados a la acción. La escritura vocal no se sale demasiados de los cánones tradicionales. Si bien requiere de sus intérpretes verdaderos maratonistas, capaces de soportar constantes saltos en la escala. En general, hay un muy buen tratamiento de la concertación en escenas de conjunto como lo demuestra la escena de la iglesia o la fiesta en casa del tío Samuel.

Para este estreno, el MET convocó algunas de las más importantes figuras de la lírica actual. El nada fácil personaje protagónico recayó en el cada vez más destacado barítono americano Nathan Gunn, quien en su caracterización hizo una verdadera creación escénica del carismático 'Clyde Griffiths'. La voz de Gunn se impuso por su belleza intrínseca, el lirismo de su canto y su sólida técnica.

Nathan Gunn y Patricia Racette
Fotografía © 2005 by Ken Howard/Metropolitan Opera

Desde todo punto de vista el rol de 'Roberta Alden' es el más comprometido en lo vocal. La partitura no le da tregua y la ubica en la escena buena parte de la opera. La soprano americana Patricia Racette supo con arrojo y valentía hacer frente a las terribles proezas vocales que el compositor escribió en la parte, sin por ello dejar de componer una joven victima enamorada de 'Griffiths', siempre entonada y controlada.

Como la pizpireta y risueña 'Sondra Finchley' la mezzosoprano americana Susan Grahan cumplió a la perfección su cometido. A su parte le correspondió uno de los momentos mejor logrados de la partitura: el aria 'New York has changed me', de enorme vuelo lírico y que Grahan interpretó con suprema delicadeza y emotividad.

Susan Graham cantando el aria New York
Fotografía © 2005 by Ken Howard/Metropolitan Opera

Encandiló por su conmovedora prestación y terminó llevándose la gran ovación final la mezzosoprano Dolora Zajick quien fue 'Elvira Griffiths' -la madre de Clyde- un rol breve pero de profunda intensidad dramática.

Dolora Zajick y Nathan Gunn
Fotografía © 2005 by Ken Howard/Metropolitan Opera

Tanto Kim Begley como William Burden resultaron convincentes como 'Samuel Griffiths' y su hijo 'Gilbert' respectivamente. La siempre interesante Jennifer Larmore dejó a más de uno con ganas de más canto en su intrascendente rol de 'Elizabeth Griffiths'. Completó el elenco sin desentonar el barítono Richard Bernstein con una creíble caracterización del abogado 'Orville Mason'.

Aunque breves en sus intervenciones, merecen destacarse el niño soprano Grahan Phillips interpretando al joven 'Griffiths' y la muy bien plantada camarera de la soprano Anna Christy.

En el podio, el Mtro. James Conlon, batuta de consumado oficio, llevó a cabo una lectura inspirada e intensa de la obra de Picker.

Fotografía © 2005 by Ken Howard/Metropolitan Opera

La producción, firmada por Francesca Zambello, fue logradísima. La regista recurrió a una puesta en escena sobre tres niveles con paneles movibles a través de los cuales se daba continuidad a los constantes cambios de escenas exigidos por el texto. Caído el telón el público no escatimó en aplausos hacia el director y los intérpretes.

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