Italia

Digno Romeo y Julieta en Nueva York

Raúl González Arévalo
martes, 7 de febrero de 2006
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Bolonia, jueves, 2 de febrero de 2006. Teatro Comunale de Bolonia, L. Bernstein: West Side Story (1957). Libreto de Arthur Laurents, versos de Stephen Sondheim. Coreografía original de Jerome Robbins. Escenografía, Paul Gallis. Dirección escénica, Joey McNeely. Karl Wahl (Riff), Gabriel Canett (Tony), Brett Leigh (Action), Jeremy Dumont (A-Rab), Sean Patrick Doyle (Baby John), David Morrison (Snowboy), Adam Lendermon (Big Deal), Chad Seib (Diesel), Graham Kurtz (Gee-Tar), Justin Braboy-Hapner (Tigar), Kimberly Wolff (Graziella), Lauralyn Mcclelland (Velma), Shayna Harris (Minnie), Jacquelyn Scafidi (Clarice), Vanessa Russo (Pauline), Sara Dobbs (Anybodys), Oscar Loya (Bernardo), Kirsten Rossi (Maria), Natalia Zisa (Anita), Julián Álvarez (Chino), Tony Guerrero (Pepe), Stanley Martin (Indio), Christopher Perricelli (Luis), Samuel Ladd (Anxious), CJ Tyson (Moose), Julie Craig (Rosalia), Oneika Philips (Consuelo), Nicole Chantal de Weever (Teresita), Marla McReynolds (Francisca), Tanairi Vázquez, María Francesconi (Margarita), Herman Petras (Doc), Eric Hoffmann (Krupke), Stephen Johnson (Schrank), Stuart Dowling (Glad Hand). Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Donald Chan, director.
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La historia de Romeo y Julieta es universal y ha conocido adaptaciones de todos los colores y para todos los gustos. Incluyendo la versión americanizada de Leonard Bernstein, este West Side Story que es, con toda probabilidad, su trabajo más conocido, no sólo por el éxito obtenido sin desfallecimiento sobre los escenarios de Broadway, donde fue estrenada, sino también por la versión cinematográfica de 1961, premiada nada menos que con el oscar a la mejor película.

El propio Bernstein era consciente, durante la composición de esta obra, que el resultado final sería un híbrido imposible de clasificar, con elementos de la ópera y la opereta, tan europeas, y el musical, genuinamente americano, sin encajar satisfactoriamente en ninguno de ellos. Pero no porque fracasara en el empeño, sino todo lo contrario: es difícil pensar en un resultado más perfecto para una mezcla tan complicada. De una parte está el baile, mucho baile y mucho ritmo, a la par que la actuación. De otra están las partes de los protagonistas, ‘Tony’ y ‘María’, indudablemente líricas, como demostraron con tanto acierto José Carreras y Kiri Te Kanawa, elegidos por el propio compositor para la grabación discográfica. De ahí la originalidad y la dificultad de la puesta en escena, como quedó bien claro en la producción ofrecida en el Comunale de Bolonia, desde donde parte de gira hacia otras ciudades emilianas (Modena, Reggio Emilia y Ferrara).

La enfermedad del protagonista de la gira, Josh Young, nos privó de la actuación de este joven intérprete, con un cierto bagaje reconocido en el mundo del musical americano. En su lugar actuó Gabriel Canett, y hay que agradecerle el esfuerzo. No sé con cuánta antelación fue avisado, ni si ha cantado el papel previamente, o cuánto ha tenido la oportunidad de trabajarlo, pues su participación estaba prevista como uno de los ‘Sharks’. Como ‘Tony’ por desgracia no estuvo a la altura. Sin mucho que bailar, la actuación fue correcta, no así el canto: quizá le traicionaran los nervios, pero una técnica precaria -ni con ayuda del micrófono proyectaba la voz sobre la orquesta- y una entonación vacilante en la primera aria ('The most beautiful sound') no dieron la mejor de las impresiones, problemas que continuaron con altibajos durante toda la función y fueron especialmente evidentes en los dúos con la protagonista femenina.

Kirsten Rossi se las arregló mucho mejor como ‘Maria’, delineando un personaje dulce, pero capaz de fuertes arranques dramáticos en las situaciones más tensas, con una prestación actoral más conseguida que la canora, más que suficiente en cualquier caso.

Entre los personajes secundarios, cabe destacar la fuerza de la ‘Anita’ de Natalia Zisa, seductora voz grave que contrastaba acertadamente con la de Rossi, pero que también demostró notables dotes para el baile y una actuación creíble. Requiriendo intervenciones en las tres disciplinas, es posiblemente uno de los personajes más complicados y fue por ello el mejor servido de la función. Por su parte, tanto ‘Bernardo’ como ‘Riff’ (indudablemente ‘Tebaldo’ y ‘Mercucio’) estuvieron sobradamente interpretados por Oscar Loya y Karl Wahl, creíbles cabecillas de sus respectivas bandas y líderes en los bailes de sus respectivos grupos.

El trabajo de equipo tanto de ‘Sharks’ como de ‘Jets’ fue una de los aspectos que mejor funcionaron sobre el escenario. De una parte estaba el atractivo indudable de las coreografías originales de Jerome Robbins; de otra, la evidente compenetración de los cuerpos de baile, perfectamente integrados en el decorado de escaleras de incendios que, a ambos lados del escenario, dirigían la atención hacia el fondo, donde se proyectaban sugerentes imágenes en blanco y negro del Nueva York de las zonas menos favorecidas hacia la década de 1930.

Por último, la orquesta, que se sobra y basta magníficamente para tocar la partitura de Bernstein, se divirtió a pesar de la dirección monótona de Donald Chan, si bien al menos no molestaba. El público boloñés, más acostumbrado a la lírica quizá, recibió tibiamente la original propuesta del Comunale y premió el espectáculo digno en su conjunto con aplausos de cortesía que subieron educadamente de tono durante el saludo de los protagonistas principales. En realidad, están esperando el próximo Barbero de Sevilla que tanto dio que hablar en el último Festival de Pesaro. Ya les contaré…

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