Discos

Muy grave, gravísimo

Enrique Sacau
miércoles, 22 de marzo de 2006
Love Blows as the Wind Blows: English and American Songs. Roger Quilter, Four Shakespeare Songs op. 30; Samuel Barber, Dover Beach op. 3; Benjamin Britten, Tit for Tat (Five settings from boyhood of poems by Walter de la Mare): ‘A Song of Enchantment’, ‘Silver’, ‘Tit for Tat’; Richard Rodney Bennett, Songs before Sleep: ‘The Mouse and the Bumblebee’, ‘Baby, baby, naughty baby’, ‘As I walked by myself’; John Ireland, Santa Chiara, When lights go rolling round the sky; George Butterworth, Love blows as the wind blows; Gerald Finzi, Let us garlands bring (Five Shakespeare Songs); William Bolcom, Cabaret Songs: ‘Song of Black Max (As told by the Kooning Boys)’, ‘George’, ‘Waitin’. Jonathan Lemalu, bajo-barítono. Malcolm Martineau, pianista. Belcea Quartett (Corina Belcea y Laura Samuel, violines; Krzysztof Chorzelski, viola; Alasdair Tait, chelo). John Fraser, productor. Arne Akselberg, ingeniera de sonido. Simon Kiln y Raphael Mouterde, editores. Un compacto DDD de 68 minutos grabado en Lyndhurst Hall, Air Studios, de Londres los días 16, 17, 19 y 20 de mayo de 2005. EMI Classics 7243 5 58050 2 7
9,83E-05

“Los bajos de ahora no son como los de antes”, me decía un amigo el otro día en su coche. Antes tenían voces graves de verdad y ahora no. Incluso los barítonos se están volviendo tenores y cualquier Thomas Hampson se hace llamar barítono cuando podría cantar papeles de tenor spinto perfectamente. Bueno, así piensa mi amigo. Pero creo que eso se debe a que compara el presente -este año, esta semana- con todo el pasado fonográfico -los últimos cincuenta años. Los bajos no abundan, qué duda cabe, pero no han sido mucho más abundantes en el siglo XX. Si cogemos a todos los grandes bajos de la segunda mitad del siglo y los ponemos en una misma frase como si hubiesen sido coetáneos es obvio que los dos o tres que tenemos hoy en día nos parezcan pocos.

Pues aquí tenemos un bajo-barítono, Jonathan Lemalu, con la voz grave, grave de verdad, como le gustan a mi amigo el que echa de menos a Boris Christoff. Además de grave, que ya es algo, la voz de Lemalu está muy bien timbrada (no eructa los graves), tiene un registro amplio (o sea, también tiene agudos) y parece perfectamente bien apoyada. Al menos, en disco. En cualquier caso, no es amplitud de registro lo que se necesita para cantar el repertorio de esta grabación.

Lo que canta Lemalu es eso que a muchos parecía horrible que hicieran Domingo o Pavarotti: música ligera. ¡Escándalo! ¡Horror! Alfredo Kraus lo criticó mucho por ejemplo, pasando de puntas sobre sus discos con Los Sabandeños. Y la crítica, ni les cuento. Pero la cosa es que, por suerte, este tipo de interpretaciones de música de cabaret, cine, Maurice Chevalier, etc., se han hecho un hueco en nuestras estanterías y en nuestros hábitos concertísticos. Casi nos parecería mal asistir a un recital de Barbara Hendricks sin espirituales, a uno de Jennifer Larmore sin El Vito -sí, El Vito es la que están pensando: “con el vito vito vito, con el vito vito va..:”- o a uno de Angela Gheorghiu sin una canción rumana.

Lemalu se ha decidido por las canciones anglo-americanas y ha elegido a los autores más famosos, aunque no sus canciones más famosas. Y ha decidido mezclar autores del canon clásico con autores del canon popular, algo también muy típico de este tipo de discos. Así Quilter, Barber, Britten, Bennett, Ireland, Finzi, Butterworth y Bolcom van todos de la mano de Lemalu, quien canta sus músicas estupendamente.

Sólo cumple bien, sin excelencias -y eso me sorprende de veras-, el Belcea Quartett, ni siquiera tocando al lado del magnífico pianista Malcolm Martineau. El porqué se me escapa. Este cuarteto es un grupo espléndido, que quizás no ha trabajado lo suficiente para este registro. Es un mal menor, en cualquier caso, dentro de una buena interpretación de esta música, con un sonido de mucha calidad.

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