Discos

No pretendas comprender, conténtate con admirar

Federico Calabuig Alcalá del Olmo
martes, 21 de marzo de 2006
Johann Sebastian Bach. Cantatas (Vol. nº 14). Gelobet seist du, Jesu Christ, Cantata BWV 91. Christum wir sollen loben schon, Cantata BWV 121. Darzu ist erschienen der Sohn Gottes, Cantata BWV 40. Unser Mund sei voll Lachens, Cantata BWV 110. Katharine Fuge, soprano (BWV 91 y 121); Joanne Lunn, soprano (BWV 110); Robin Tyson, contratenor alto (BWV 91 y 40); William Towers, contratenor alto (BWV 121 y 110); James Gilchrist, tenor; Peter Harvey, bajo. The Monteverdi Choir. The English Baroque Soloists. John Eliot Gardiner, director. Productor ejecutivo: Isabella de Sabata. Ingeniero de sonido: Everett Porter. Un disco compacto DDD de 71 minutos de duración, grabado el 25 de diciembre de 2000 en la Iglesia de St. Bartholomew, Nueva York. Soli Deo Gloria 113. Distribuidor en España: Diverdi
0,0003885

El apasionante proyecto del ‘Peregrinaje de las cantatas de Bach’ (Bach Cantatas Pilgrimage), abordado en el año 2000 por John Eliot Gardiner y sus huestes de The Monteverdi Choir y de The English Baroque Soloists con motivo del 250 aniversario de la muerte de Johann Sebastian Bach, consistió en la interpretación de la totalidad de las Cantatas religiosas del maestro de Eisenach que se conservan en la actualidad, pero de un modo muy especial; así -nunca resulta ocioso recordarlo- todas y cada una de las piezas se interpretaron en las mismas festividades del año litúrgico para las que fueron concebidas y -principal pero no únicamente - en iglesias de las poblaciones donde el propio músico desarrolló su actividad, para finalizar, tras todo un año de incansable y estimulante periplo, en Nueva York, metrópoli del mundo, en demostración, si no expresamente buscada sí al menos conseguida, de la universalidad del mensaje de la obra interpretada.

Como no podía ser de otra manera, puesto que el proyecto había comenzado el día de Navidad de 1999 en Weimar, las Cantatas religiosas que culminaban -ponían físicamente fin- el hercúleo proyecto giraron alrededor de la Navidad y se interpretaron durante la semana siguiente al día de Navidad de 2000. Precisamente la grabación comentada reproduce las interpretaciones que tuvieron lugar el 25 de diciembre en la iglesia de St. Bartholomew de la ciudad de los rascacielos.

 Si para comenzar el periplo se prefirió que los músicos a las órdenes de Gardiner abordasen la interpretación del Oratorio de Navidad (BWV 248), sin duda por la repercusión pública que para el proyecto podía representar una de las obras de mayores dimensiones y trascendencia en el conjunto de las Cantatas religiosas, y sin duda la más famosa, para las sesiones finales de la gira en Nueva York necesariamente quedaron las Cantatas de Navidad ‘menores’ de su catálogo. Todas ellas fueron compuestas por el maestro en el trienio de 1723 a 1725, prácticamente recién asumidas por Bach sus funciones de Kantor en Santo Tomás de Leipzig. En el catálogo de Schmieder de obras del autor (Bach Werke Verzeichnis) las Cantatas en cuestión se corresponden con los números 91 (Gelobet seist du, Jesu Christ, ‘Alabado seas, Jesucristo’) y 110 (Unser Mund sei voll Lachens, ‘Dejad que nuestra boca se llene de risas’), para el día de Navidad, y 40 (Dazu ist erschienen der Sohn Gotees, ‘Con este propósito fue enviado el Hijo de Dios’) y 121 (Christum wir sollen loben schon, ‘A Cristo debemos cantar alabanzas’), para el segundo día de Navidad, es decir, para San Esteban.

Es bien sabido que Bach contaba, entre las obligaciones musicales a su cargo, además de la enseñanza musical en la Thomasschule, la de componer y dirigir la música religiosa de los Oficios Divinos de las iglesias de Santo Tomás y San Nicolás, que consistía básicamente en la interpretación -y en lo posible la composición- de una cantata y un motete a interpretar en la liturgia de cada domingo o fiesta religiosa, de forma que el Kantor dirigía la Cantata al primer coro y al conjunto orquestal, mientras su segundo, el Praefectus, se encargaba de la dirección del Motete al segundo coro, alternándose las ejecuciones entre ambas iglesias salvo los días de fiesta de especial relevancia -como los de Navidad-, en que sólo se interpretaba la Cantata integrando los dos conjuntos, por la mañana en una iglesia y por la tarde en la otra.

La primera etapa de la estancia de Bach en Leipzig fue especialmente prolífica en el resultado de sus obligaciones compositivas, fruto quizá de que en Leipzig se combinaron la felicidad conyugal de su reciente matrimonio con Anna Magdalena y la estabilidad económica adquirida con su nuevo cargo; a dicha etapa se deben los tres ciclos de Cantatas compuestas entre 1723 y 1727, a razón de la impresionante cifra de unas sesenta cantatas por cada ciclo, perteneciendo prácticamente todas las ‘menores’ de Navidad al primer ciclo. Parece, pues, que Bach asumió con prontitud -y, por su resultado, con delectación- su obligación de componer cantatas para los días de Navidad, sin tener que echar mano de las composiciones de los antiguos Kantoren.

En atención al momento de su composición, las Cantatas del disco que nos ocupa responden al modelo menos desarrollado y exuberante del tipo compositivo, todavía anclado en la tradición a la que el maestro no se recató en servir con humildad y fidelidad religiosas, no en vano es reconocida su piedad. Pero en todas ellas despunta el genio de manera tal que la expresión trasciende la forma, y el modelo discurre al servicio de la idea, que no podía ser otra, atendida la fecha, que la glorificación del Advenimiento o Encarnación, el acontecimiento más grande que vieron los siglos.

Esa reverencia a la tradición se manifiesta en que todas las Cantatas en cuestión incorporan, de Introito o de cierre o, a veces, como números añadidos, corales luteranos tradicionales, basados en modelos musicales periclitados, como el monteverdiano 'Coral introductorio' de la BWV 91 o el primitivísimo cántico basilical del 'Coral' de la BWV 121 -un verdadero viaje en el tiempo de la antigüedad a la modernidad. Pero ello se combina con la más genial renovación de otros corales, en los que la estructura deviene polifónica y festiva, como el coro inicial de la BWV 110, en que Bach anticipa, como mínimo tres años antes de su composición, la 'Obertura' de la Suite n.º 4 BWV 1069, obligándonos a todos -oyentes y músicos- a desconectar nuestras referencias mentales de la obra archiconocida y a permitir que la sonoridad de la cuerda y los metales de la orquesta no ahogue ni oculte la expresiva y desacostumbrada presencia del coro.

El acercamiento de Bach al misterio de la Encarnación de Dios en ser humano se realiza desde la contemplación mística de lo increíble, es decir, desde el acto de fe, soporte nuclear de la teología protestante, que actúa como fruto de la Revelación contenida en las Sagradas Escrituras y trasmitida por la tradición, luterana por supuesto, pero también de la simplemente cristiana, sin adjetivaciones, pues Lutero y sus seguidores no renunciaron a la historia de la Iglesia. Así, no es de extrañar que los textos de las Cantatas en cuestión sean en unos casos obra del propio Lutero o de otros religiosos protestantes conocidos (Kaspar Füger, Georg Christian Lehms o Christian Keymann), textos cristológicos en los que se manifiesta una vena poética de gran libertad sin merma de ortodoxia, al tiempo que en otros pertenezcan a las Escrituras ortodoxas (Salmos, Jeremías, I Epístola de San Juan o el Evangelio de San Lucas).

Pero es en la música en la que se manifiesta toda la plenitud de la contemplatio, la trascendencia emocional y anímica del discurso, lo que Bach consigue con la aparente sencillez que es signo de su genialidad. La plena integración musical al servicio del mensaje salvífico no es únicamente una cuestión de tempi, sino también de instrumentación, de color y timbre, de dinámicas y acentuaciones, de rítmica y expresividad, de todos los componentes de la música, en fin.

Por poner sólo algunos de los incontables ejemplos, no se puede expresar más y mejor alegría que en el Coral final ‘Jesu, nimm dich deiner Glieder’ (‘Jesús, sigue tocando con tu gracia’) de la BWV 40, donde el coro rezuma felicidad al expresar reiteradamente ‘Freude, Freude über Freude’(‘Alegría, alegría y más alegría’) y ‘Wonne, Wonne, über Wonne’ (‘Deleite, deleite y más deleite’); ni tampoco se puede concebir mejor el ímpetu, gozoso al tiempo que respetuoso, del conocedor de la Buena Nueva que intenta despertar las conciencias con la Noticia, que la expresada en el Aria ‘Wacht auf, ihr Adern und ihr Glieder’ (‘Despertad, arterias y miembros’) de la BWV 110, encomendada al bajo. En el contagioso duetto para soprano y contratenor alto ‘Die Armut, so Gott auf sich nimmt’ (‘La pobreza que Dios ha asumido’) de la BWV 91, Bach pretende llamar la atención del oyente sobre el mensaje redentor de la Encarnación, y a fuer que lo que consigue contrastando el ritmo sincopado de los violines con el canto en legato de los cantantes, lo que centra la atención en éstos y en la prolongada expresión que los mismos otorgan a la palabra ewig (eterna) referida a la Heil bestimmt (prometida salvación). Para finalizar estos ejemplos y como acertadamente comenta Gardiner en el cuadernillo del disco, el núcleo central del mensaje de la BWV 121 es realmente la modulación a tono mayor, mayestático y asertivo, en el momento final del recitativo, cuando el contratenor alto entona la palabra kehren (trocar), porque toda la Cantata es una alabanza a Dios que, en su infinito Amor hacia nosotros, quiso convertirse en hombre para que nosotros trascendiésemos nuestras limitaciones, como el tono mayor trasciende la melancolía propia del menor.

Como expresa Lutero (‘Begreife nicht, nein, nein, bewundre nur’ -No pretendas comprender, conténtate con admirar-) y Bach musica en el Aria de Tenor de la BWV 121, la disposición ante el Mensaje de la Redención no ha de ser la del conocimiento racional, sino la del encantamiento, la admiración ante lo increíble, pues la fe que Bach trasluce en su música no consiste en entender el Mensaje sino en sentirse atrapado por él, como efectivamente se sienten atrapados por la música del maestro incluso los que son incapaces de entender la lengua de Goethe.

La exigencia de la música de las Cantatas de Navidad ‘menores’ no es, pues, menor, reclamando de los músicos lo mejor de sí mismos para transmitir tan elevado mensaje. La interpretación de Gardiner y sus huestes está a la altura de las circunstancias, y si tuviéramos que destacar algunos de entre ellos, el premio se lo llevarían sin lugar a dudas los componentes de The Monteverdi Choir, cuyas intervenciones brillan en todo momento por su calidad en todas las tesituras, por respuesta, empaste, color, acentuación, equilibrio y precisión. Además de los números ya mencionados, merecen citarse la increíble transparencia de planos y la respuesta de las sopranos en el coro ‘Dazu ist erschienen der Sohn Gottes’ de introducción de la BWV 40, o el ligado de los últimos versos homofónicos del coral ‘Die Sund macht Leid’ (‘El pecado conlleva aflicción’) de la misma cantata.

En cuanto a los solistas, Gardiner echa mano de los eficientes miembros de su coro, con intervenciones ajustadas de las sopranos Catharine Fuge y Joanne Lunn y de los contraltos altos Robin Thyson y William Towers, encomendando las piezas de mayor dificultad a solistas de reconocido prestigio. En las obras comentadas la estrella solista es el bajo Peter Harvey, con números de gran vistosidad en todas y cada una de las cantatas menos en la BWV 91, que sorprende por su gusto y musicalidad a pesar de un ligerísimo ‘trémolo’ que esperemos no se incremente con el tiempo. Más irregular se manifiesta el laudado tenor –lo que demuestra la carencia actual de voces propias de este repertorio- James Gilchrist, que comienza temblón y acaba entonándose, demostrando finalmente que dispone de un bonito registro medio y de estilo en el canto expresivo, aunque manifiesta limitaciones en la coloratura y en el registro bajo. En todo caso, estas limitaciones no empecen al conjunto. La interpretación de The English Baroque Soloists no se queda atrás, destacando las intervenciones a la trompa y trompeta de Gabriele Cassone.

Pero todas estas bondades no serían realidad sin la excelente dirección de John Eliot Gardiner, que demuestra porqué es considerado universalmente un primer espada en estos pentagramas. Todo son aciertos de buen gusto, con numerosos destellos de excelencia. Para no extendernos más invitamos a escuchar el aria del bajo ‘Johannis freudenvolles Springen’ (‘Juan saltó de alegría en el vientre’) que relata la visitación de María a su prima Isabel, en la que Gardiner resalta el juego relevante encomendado a la cuerda grave como una expresión musical de la alegría que el niño santo siente en el seno de su madre por la presencia de la futura Madre de Dios.

La grabación responde al nivel de las interpretaciones, y no desmerece porque hayamos descubierto o, más bien, Gardiner haya tenido la honradez de reconocer, que aquéllas, que se efectúan en directo, se realizan en el ensayo general previo al concierto, lo que explica la ausencia de ruidos indeseados. La presentación es completa, con textos íntegros en alemán y en inglés de las cantatas interpretadas, y con un interesante texto expositivo del director inglés. La foto de portada, de Steve McCurry, como todas las de la serie que ilustra la colección, responde a la universalidad de la obra recogida, manifestando delicadeza y buen gusto.

En conclusión, el apasionante reto del Peregrinaje de las Cantatas de Bach tuvo un excelente colofón en Nueva York, sin que sufriera un ápice por el hecho de emplearse para ello las Cantatas de Navidad menos famosas del genio. Excelentes interpretaciones de una música que sólo merece maravillarse.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.