Italia

Ni frío ni calor

Raúl González Arévalo
martes, 25 de abril de 2006
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Bolonia, jueves, 20 de abril de 2006. Teatro Comunale de Bolonia, G. Puccini: Tosca, melodrama en tres actos (1900). Libreto de Giuseppe Giacosa y Luigi Illica a partir del drama homónimo de Victorien Sardou. Giancarlo Cobelli, dirección escénica, retomada por Ivo Guerra. Paolo Tommasi, escenografía y vestuario. Andrea Oliva, iluminación. Roberto Tagliavini (Cesare Angelotti), Tatiana Serjan (Tosca), Ruggero Raimondi (barón Scarpia), Paolo Orecchia (el sacristán), Zvetan Michailov (Mario Cavaradossi), Alessandro Bussi (Sciarrone), Stefano Consolini (Spoletta), Michele Castagnaro (carcelero), Carlotta Mirri (pastorcillo). Coro de voces blancas, Coro y Orquesta del Teatro Comunale de Bolonia. Pier Giorgio Morandi, director
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En teatro hay cosas que funcionan y otras que no. Y otras dejadas de la mano de Dios, como la dirección escénica de esta Tosca, que no hay por donde pillarla. Casi les diría que me niego a creer que haya existido un verdadero trabajo de dirección porque por momentos los cantantes no sabían ni dónde poner las manos, y teniendo en cuenta que el único que sabía moverse sobre la escena era Ruggero Raimondi, el resultado ya se imaginan ustedes cuál es: entre la indiferencia y el aburrimiento. Un ejemplo: el dúo del tercer acto, en el que los cantantes parecían plantados en mitad de la escena sin saber muy bien cómo habían llegado hasta allí. Y teniendo en cuenta que ambos tenían una química como pareja más bien escasa y una pasión poco creíble pues ya saben, casi contando chascarrillos estaban.

Y no es que la puesta en escena careciera de ideas, quizá mejor resuelto el interior de la iglesia de Sant’Andrea della Valle -que pueden ver en la foto, durante el 'Te Deum'- que el interior del Palazzo Farnese o la terraza del Castel Sant’Angelo. Sugerentes los Caravaggio que adornaban el despacho de Scarpia. El vestuario mejor lo dejamos de lado: ‘Tosca’ llevaba ropas de diva de andar por casa, pero aún aceptables, mientras que ‘Cavaradossi’ parecía un pastorcillo escapado de cualquier portal de Belén. Sólo ‘Scarpia’ aparecía bien definido con el siempre socorrido negro.

Fotografía © by Primo Gnani

El plano musical pasó sin pena ni gloria. Tatiana Serjan debutaba el personaje de ‘Floria Tosca’ y los nervios no la ayudaron. No cometió errores, pero el personaje está por construir, a pesar de los esfuerzos evidentes por matizarlo desde un punto de vista vocal. Pareció encontrarse cómoda con la tesitura y 'Vissi d’arte' recogió la úniva ovación a escena abierta de la noche.

Zvetan Michailov tiene indudablemente un buen material, pero no del todo educado. El canto acusa falta de coloración, de variedad, y el fraseo no está especialmente cuidado, demasiadas frases sonaron iguales unas a otras. Cuestión de trabajo simplemente, como la vertiente actoral, poco desarrollada. En consecuencia, ‘Cavaradossi’ tuvo poco relieve como personaje; 'Recondita armonia' cosechó un aplauso de cortesía inducido por la parada del director, como ocurrió de nuevo con 'E lucevan le stelle', con un público más satisfecho indudablemente.

Tatiana Serjan y Ruggero Raimondi
Fotografía © by Primo Gnani

El gran protagonista -como por lo demás era previsible si tenía una buena noche, y la tuvo- fue Ruggero Raimondi, vocalmente en forma teniendo en cuenta el actual estado vocal: el intérprete vive de rentas, la voz es un recuerdo y algunas dificultades se resuelven de manera efectiva con un recurso al parlato. Pero el cantante se mete en la piel de ‘Scarpia’ como si fuera la propia, el personaje está perfectamente interiorizado y el actor tiene una presencia magnética que eclipsa aún lo que no está a su altura. Al final del segundo acto recibió la mención Artista del Año concedida por los socios particulares de la Asociacion 'Per il Comunale'.

Los secundarios pasaron el aprobado, con alguno por debajo (el ‘Spoletta’ de Stefano Consolini) o decididamente por encima de la media (Roberto Tagliavini como ‘Cesare Angelotti’); muy bien Carlotta Mirri como pastorcillo entre bastidores. Notable el coro, especialmente en el 'Te Deum'. La orquesta sonó automática a las órdenes de la dirección ocasionalmente ruidosa pero sobre todo rutinaria del voluntarioso maestro Morandi. Y todos nos fuimos a casa ni fríos ni calientes.

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