España - Madrid

Tres nuevos tríos de cuerdas arropados por el de Schoenberg

Juan Krakenberger
martes, 13 de junio de 2006
Madrid, lunes, 5 de junio de 2006. Auditorio del MNCARS. Trio Modus (Mariana Todorova, violín; Jensen Horn-Sin Lam, viola y Susana Stefanovic, violonchelo). Tríos de cuerdas de Jesús Torres, Roberto Mosquera, Miguel Bustamante, Anton Webern y Arnold Schoenberg. Ciclo de Música Contemporánea. Asistencia: 60 % del aforo
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En este concierto, los intérpretes, el Trío Modus, tenían un protagonismo muy especial, porque las tres obras de los compositores españoles programadas fueron escritas para ellos, ante la evidencia que aquí se trataba de un conjunto de excepcional calidad. Y en efecto, como trío de cuerdas no tienen parangón en España. La proeza de tocar en un solo concierto cinco obras contemporáneas –algunas de enorme dificultad técnica para todos y cada uno– demuestra su valía.

Hay que reconocer también que la formación de los tres músicos que componen este trío no se inició en España, sino en sus respectivos países de origen, donde destacaron a una edad temprana, ganando premios o distinciones. Lo que atestigua una vez más que la enseñanza de cuerdas en el exterior es más eficaz que la nuestra. ¿Porque se vinieron a España, entonces? La respuesta es sencilla: la vida en España es muy agradable, la relación coste / calidad de la vida cotidiana es óptima, y para un buen músico, las oportunidades son excepcionalmente buenas. Los tres ocupan sitios destacados en una orquesta nacional, y es así que han formado este formidable trío que ha inspirado a los tres compositores locales a escribir obras para ellos. Otros compositores locales, no programados esta vez, han hecho lo propio.

Como siempre, el Centro para la Difusión de la Música Contemporánea cuida todos los detalles, y las notas al programa, sobre las cinco obras programadas, escritas por Enrique Igoa, dan minuciosa cuenta de su origen y contenido. Por ello me limitaré a breves comentarios.

Se inició el concierto con el Trío de Cuerda (2002) de Jesús Torres. Esta obra tiene mucha vida y empuje gracias a varios clímax minuciosamente preparados, lo que mantiene vivo el interés del oyente. Su ejecución no es nada fácil dado que la diversidad rítmica y la complejidad melódica requieren una exactitud excepcional. No obstante ello, los integrantes del Trío Modus nos dieron una versión llena de vida. Hay que tener coraje para tocar algo así con semejante desparpajo.

Siguió un estreno absoluto: el Trío de Cuerda Nº1 de Roberto Mosquera. Este compositor explora el espectro micro-tonal mediante el frecuente uso de glissandi, lo que produce intervalos inusitados. Hay una parte lenta, central, en 3/8 con armónicos, muy atractiva, y el trío termina en un clima onírico que deja muy buen sabor. Toda la obra gira en torno a una célula rítmica, lo que da solidez a la construcción general.

Ambas obras fueron muy aplaudidas por los asistentes, y los dos compositores,  presentes en la sala, subieron al escenario tanto para felicitar a los músicos como para agradecer los aplausos.

La segunda parte empezó con el Trío de Cuerda Nº1, op 3, de Miguel Bustamante, que tiene tres movimientos: 1) Introducción y Ostinato – 2) Canto Fúnebre y 3) Madrid, lugar de encuentro. Efectivamente, después de un breve Preludio lento, empieza una secuencia, perteneciente al minimalismo, donde paulatinamente se introducen pequeñas variantes sobre un ritmo obstinado. Esto sonó muy bien; y resulta fascinante como el núcleo inicial se va transformando. El segundo tiempo es serio y tranquilo, como su nombre indica. Y el tercero, con influencias orientales o autóctonas, es atractivo y nuevamente muy bien escrito para esta formación instrumental, con pasajes donde cada una de las tres partes tiene actuación destacada.  ¡Qué bien resulta cuando los compositores tienen a unos intérpretes en mente, a la hora de realizar sus obras! Una combinación ideal. También en este caso, Miguel Bustamante tuvo que subir al escenario para saludar al público y a los intérpretes, ante los aplausos cordiales de los oyentes.

El resto del programa estuvo dedicado a dos obras de la segunda escuela de Viena, que fue donde se empezó, en su día, con la atonalidad que dio vida a lo que hoy llamamos música contemporánea. Este Movimiento para trío de cuerdas es del año 1925, pero como Webern no le dotó de número de “opus” los editores lo llamaron, mal, opus póstuma. Solamente dura 2 minutos, y sigue la costumbre del compositor de construir, en pocos momentos, un clima o un estado de ánimo. La combinación de pizzicato con leves arcos –todo en tintes sutiles que jamás llegan a un forte– nos demuestra una vez más la extrema sensibilidad de este revolucionario compositor.

Y para terminar, el formidable Trío de Cuerda op 45 del maestro de todos, Arnold Schoenberg. Compuesto en el exilio en EEUU y en un trance de mala salud en el cual el autor casi se muere, da una idea de los avatares de una enfermedad y de su tratamiento. Hay pasajes realmente tortuosos en este trío, logrados mediante la aplicación de todos los recursos sonoros de los instrumentos, tanto en el orden convencional como con medios percutidos.

¡Vaya programa! ¡Vaya ejecución! No creo que el oyente no iniciado se pueda hacer una idea de lo laborioso que resulta preparar un programa así, aún para experimentados músicos como éstos tres. Hubo muchísima evidencia que toda esta música fue minuciosamente analizada, y la precisión con la cual ciertas mini-frases coincidían, en ritmo, intensidad, y expresión, era testimonio elocuente de un trabajo profesional de una seriedad superlativa. ¡Sorprendente y apabullante! Cuando la música contemporánea se halla en semejantes manos, la experiencia es interesante y fascinante. ¡Enhorabuena!

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