Discos

Händel, el gran improvisador

Georg Friedrich Händel: Conciertos para órgano op. 4: nº 1 en Sol menor HWV 289, nº 2 en Si bemol mayor HWV 290, nº 3 en Sol menor HWV 291, nº 4 en Fa mayor HWV 292, nº 5 en Fa mayor HWV 293, y nº 6 en Si bemol mayor HWV 294; conciertos para órgano op. 7: nº 1 en Si bemol mayor HWV 306, nº 2 en La mayor HWV 307, nº 3 en Si bemol mayor HWV 308, nº 4 en Re menor HWV 309, nº 5 en Sol menor HWV 310, y nº 6 en Si bemol mayor HWV 311. Amsterdam Baroque Orchestra. Ton Koopman, órgano y dirección. Dos discos compactos de 152 minutos de duración, grabados en la Iglesia de San Bartolomé de Beek-Ubbergen (Holanda) en 1986. Warner Classics, serie Apex 2564 62760-2
0,0001342

Ésta es una reedición de un registro sonoro de Erato del año 1986. La Amsterdam Baroque Orchestra (ABO), fundada en 1979 por Ton Koopman y un grupo de músicos que al transcurrir de los años han originado a su vez sus propias orquestas y ensembles, ha recorrido un largo camino desde entonces. En el mundo cada vez más incierto de las discográficas -especialmente en el campo de la música clásica- Koopman se vió obligado hace unos pocos años a fundar su propio sello para sacar adelante el proyecto de la integral de las cantatas de Bach. Es así como crea el sello 'Antoine Marchand', la traducción literal de Ton Koopman al francés, nombre con el que ya solía bromear entre sus alumnos en la época en que se realizó el registro sonoro de estos doce conciertos para órgano de Händel.

En general, es siempre instructivo saber las circunstancias y contexto en que las obras de arte han sido creadas. Esta afirmación se convierte en axioma cuando se trata de los conciertos para órgano de Händel. Según el famoso viajero melómano Charles Burney, Händel comenzó a tocarlos en público en 1732. Pensados como improvisaciones, y escritos en forma esquemática, los interpretaba él mismo como intermedios musicales de sus propios oratorios. A modo de ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivos, los Conciertos nº 2 y 3 fueron ejecutados en el estreno de Esther en marzo de 1735, el Concierto nº 4 en el estreno de Athalia en abril de 1735 y el Concierto nº 5 para el estreno de Deborah en marzo del mismo año. Para algunos de los conciertos, Händel “toma prestados” temas de los Essercizi de Domenico Scarlatti (A. Silbiger, Musical Times, 1984); en otros, retrabaja obras propias anteriores, como en el Concierto nº 5, tomado de su Sonata Opus 1 nº 11 para flauta de pico.

La primera publicación de seis de estos conciertos en Londres en 1738 fue pirateada, al igual que les aconteciera, entre otras, a las primeras ediciones de los Essercizi de Scarlatti y a las sonatas de Geminiani. Y es que Londres en el XVIII era la capital de la edición musical, legal e ilegal.

Como ya hemos mencionado supra, la anotación esquemática de los conciertos presenta hoy en día problemas de reconstrucción e interpretación no fáciles de salvar. Koopman sale airoso del envite con sus propias ornamentaciones e improvisaciones a las que suma ligereza en el fraseo y touché. En algunas ocasiones, y es opinión personal, nos parece que los finales de las frases son abruptos, al oído le gustaría unos segundos más de resonancia. Por su parte, la ABO responde con brío a las ideas musicales del solista.
 
Tal y como informa Koopman en las notas introductorias al CD, apenas se han conservado órganos ingleses contemporáneos de Händel. El órgano escogido para esta grabación es un modelo tardío, construido por H.D. Lindsen en 1831. Hoy en día se sabe que es muy posible que Händel utilizara para la interpretación de sus oratorios un claviórgano, esto es, un instrumento que combina en uno solo los registros de órgano y clave. Así, Händel dispondría de ambos timbres tanto para realizar el acompañamiento de los oratorios como para la interpretación de los interludios sonoros que son estos conciertos.

Comentarios
Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.