Suecia

Verdi 'a la rusa', y ¿por qué no?

Maruxa Baliñas
lunes, 4 de septiembre de 2006
Estocolmo, martes, 22 de agosto de 2006. Berwaldhallen. Falstaff, ópera en tres actos de Giuseppe Verdi sobre un libreto de Arrigo Boito basado en Shakespeare. Versión de concierto con dirección escénica de Irina Kosheleva. Elenco: Edem Umerov (Falstaff), Larisa Dyadkova (Miss Quickly), Vasily Gerello (Ford), Tatiana Pavlovskaia (Alisa/Alice Ford), Olga Trifonova (Nanetta), Anna Kiknadze (Mag/Meg Page), Andrei Ilyushnkov (Fenton), Mikhail Petrenko (Pistola), Vasily Gorshkov (Bardolfo), Nikolai Gassiev (Dr. Caius). Coro y Orquesta del Teatro Mariinski. Valery Gergiev, director. Baltic Sea Festival 2006
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Los años de férrea recuperación de la llamada 'música antigua' han dejado como legado en muchos espectadores -e intérpretes- la creencia de que existe una forma correcta de interpretar las obras, que es la 'históricamente informada', y todas las demás son corrupciones. Poco a poco esto se va corrigiendo -la difusión de las grabaciones antiguas redigitalizadas contribuye-, pero es todavía muy frecuente escuchar comentarios peyorativos sobre planteamientos -como este del Mariinski- que responden a una tradición tanto o más pura que la 'oficial' (Verdi estuvo en el Mariinski), pero que se alejan notablemente de ella. Mucha gente comentaba a la salida de este Falstaff, escandalizada, que "esto no es Verdi".

Y ciertamente no es Verdi 'a la italiana'. Pero es que tampoco el Verdi que se hace en Italia, es tan 'puro'. Hoy sabemos que la actual tradición italiana es una creación de Toscanini, quien tuvo que trabajar con ediciones llenas de errores y con cantantes que habían desarrollado su carrera y su gusto musical en el estilo verista. Pero las grabaciones de Toscanini siguen siendo consideradas el canon actual de la 'autenticidad verdiana' y a muchos espectadores avezados les rechina el oído cuando escuchan interpretar las ediciones críticas de sus óperas favoritas. Desde ese punto de vista el Covent Garden tiene un pedigri y una alta calidad interpretativa que le convertiría en el actual paradigma del 'estilo verdiano', dado que la calidad media de sus representaciones es mayor que la de los grandes teatros italianos, que -eso sí- tienen a su favor el mito del nombre: el Comunale, el San Carlo, La Scala, el Teatro Regio, La Fenice parecen conservar el fantasma de Verdi en sus salas.

Olga Trifonova, Tatiana Pavlovskaia, Larisa Dyadkova y Valeri Gergiev
Fotografía © 2006 by Mia Carlsson/SR

Volviendo a Estocolmo y Berwaldhallen, el Falstaff que se oyó el pasado 22 de agosto fue extraño porque -desde mi ideal sonoro- la orquesta sonó demasiado tupida, incluso tratándose de Falstaff, las voces tendían a lo dramático y faltaba ligereza en general. A esto se añadía que la pronunciación italiana de los cantantes, algo que -salvo excepciones- los intérpretes de Europa Occidental suelen controlar, es una difícil batalla para los cantantes rusos, muchos de los cuales están acostumbrados a cantar Verdi en lengua rusa (en la ficha he mantenido los nombres de 'Alisa' o 'Mag', que en un primer momento me desconcertaron). Para no ser injusta debo añadir que a Larissa Diadkova y Mikhail Petrenko se les entiende casi todo lo que cantan, han trabajado mucho el italiano, y que Edem Umerov, Tatiana Pavlovskaia y Nikolai Gassiev mantuvieron los mínimos.

La ópera se dió en versión de concierto, pero Irina Kosheleva creó un pequeño montaje escénico que le dió animación al conjunto. Así los cantantes estaban vestidos 'de normal' y salvo un par de momentos concretos -principalmente entre el segundo y tercer acto- no hubo más mobiliario en escena que las propias sillas de los cantantes; pero se movían y actuaban -algunos realmente bien- y aprovechaban las sillas para crear ambientes y momentos. Así por ejemplo en el comienzo del primer acto, 'Falstaff' se 'despatarra' en un sofá ... que son dos sillas unidas, un recurso que se usó más veces para indicar la taberna, y tuvo mucha gracia el modo en que gafas negras y abanicos se usaban para indicar que un personajes estaba 'de incógnito' o intentando simular que era otro. Algunos de los cantantes no eran muy convincentes en sus actuaciones -Gorshkov o Ilyushnkov-, pero en general la escenificación funcionó y por momentos hubo auténticas carcajadas del público mientras los cantantes se perseguían, escondían, enfurruñaban, discutían y pegaban.

Nikolai Gassiev, Mikhail Petrenko y Vasily Gorshkov
Fotografía © 2006 by Mia Carlsson/SR

La orquesta y Gergiev hubieran resultado geniales si una ópera fuera una sinfonía con solistas y coro (como la Octava de Mahler que dirigió Salonen cuatro días después). Pero no lo es, e incluso considerando que en una ópera en versión de concierto es muy difícil el equilibrio sonoro, los músicos del Mariinski se pasaron. A los cantantes les resultaba difícil sobresalir de la orquesta y los interludios instrumentales -incluso los pequeños fragmentos dentro de un aria o dúo-, al ser tan potentes, desviaban la atención, y casi hacían perder el hilo. Ocurrió por ejemplo en el segundo acto con los efectos cómicos en la orquesta que precisamente por lo bien logrados que estaban -yo no recuerdo haberlos percibido nunca tan claramente- fueron un factor de distracción. A cambio la orquesta se convirtió en un protagonista más en el segundo acto, con el 'vals' del dúo 'Fontana-Falstaff', y sobre todo en la escena final del bosque gracias a su precisión y mimo imitando los ruidos de los fantasmas y del bosque, y -como ya comenté en mi anterior crítica de Gergiev y el Mariinski- es inmejorable la naturalidad con que todos ellos se enfrentan a los problemas rítmicos y de fraseo. Ni que decir tiene que el público se volcó con Gergiev y ya desde el final del primer acto le aplaudió muy abundantemente. Por su parte el coro cumplió sobradamente con su objetivo y tuvo momentos muy buenos, como la escena en el bosque, mientras en otros -coro de hombres al final del segundo acto- sonó un poco rudo de más.

Edem Umerov hizo un 'Falstaff' espléndido. Tiene una voz preciosa, especialmente en el grave, actuó muy bien haciendo creíbles todas sus intervenciones, y además fue de los cantantes con un italiano más comprensible, lo que también le ayudó. En el segundo acto, tras su escena con 'Fontana/Ford', el público incluso interrumpió con aplausos y hubo que frenar la representación. Igualmente destacable fue su escena con 'Mrs. Ford', cuando canta con voz prácticamente de tenor para asemejarse a un 'enamorado de los de siempre', y sin embargo su interpretación no pierde calidad.

Edem Umerov
Fotografía © 2006 by Mia Carlsson/SR

La segunda protagonista de la noche fue Larissa Diadkova, una cantante que siempre me gusta mucho. Frasea bien, tiene gusto cantando, potencia suficiente para destacar siempre por encima de la orquesta sin que ello merme sus prestaciones, actúa realmente bien y además se le entiende muy claro todo lo que dice: algo especialmente de agradecer en esta ocasión. Incluso su mayor defecto, un cierto oscurecimiento en las notas más graves, consigue que parezca virtud. Por seguir con las alabanzas, comentar que Diadkova lleva la música dentro, lo que le permitió clavar todas sus entradas cuando muy a menudo estaba situada de espaldas a Gergiev y no contaba con su ayuda.

Tatiana Pavlovskaia me pareció una cantante ágil, especialmente en los agudos, con un fiato amplio y potencia, de modo que sus intervenciones no quedaban desdibujadas por la orquesta. A estas cualidades vocales se unían las actorales, de modo que su 'Alice Ford' se erigió claramente en protagonista. En cambio su 'marido', Vasily Gerello, un barítono muy 'tenoril', se vió superado a menudo por la orquesta y si bien contribuyó al conjunto general, no llegó a destacar individualmente (su mejor momento estuvo en el segundo acto cuando aparece disfrazado de 'Fontana'). Anna Kiknadze, 'Mag Page' -así figuraba en el programa-, tuvo más interés actuando que vocalmente, pero al igual que Gerello es una cantante sólida (su voz es ligera, casi de soprano, pero con unos graves bien apoyados), que no desmerece en absoluto de sus compañeros de reparto. Olga Trifonova, 'Nanette', mantuvo un nivel alto y destacó especialmente en su intervención en la escena final disfrazada de 'Hada', donde demostró una voz amplia pero al tiempo delicada, un fiato amplio y un fraseo cuidado. ¡Lástima que su italiano fuera tan poco comprensible! Su novio 'Fenton', a cargo de Andrei Ilyushnkov, demostró buen gusto cantando, pero su voz suena algo confusa en los graves y 'quejica' en el agudo, o sea, un tipo de tenor que personalmente no me gusta. Sin embargo en sus dúos con 'Nanette' y en la escenas de conjunto supo adaptarse al grupo y cumplió mejor. Mikhail Petrenko, 'Pistol', me gustó más que Vasily Gorshkov, quien hizo el papel de 'Bardolfo'. Petrenko es mejor actor y tiene una voz bien colocada, con lo que se le oye y entiende bastante mejor. Su intervención en el cuarteto de la segunda escena del primer acto casi lo igualó con 'Falstaff' . Por su parte, Nikolai Gassiev exageró los aspectos 'rijosos' de su papel, lo cual no le hizo nada simpático, pero en su escena final como enamorado de 'Bardolfo' estuvo muy gracioso. Vocalmente tuvo sus mejores momentos en las escenas de conjunto, especialmente en la que cierra la ópera, un número donde todos los participantes se superaron a sí mismos y alcanzaron uno de los momentos culminantes, musicalmente hablando.

En resumen: una función con un director y una orquesta de lujo, pero demasiado interesada en mostrarlo, con algunos cantantes sobresalientes, pero sobre todo un alto nivel del conjunto, lo que en una ópera como Falstaff es fundamental. Hubiera sido maravilloso que además hubiera existido un montaje escénico completo, pero con los pocos medios existentes, los cantantes consiguieron dar la sensación de teatralidad necesaria. Irina Kosheleva consiguió darle a este Falstaff un toque a 'commedia dell'arte', que resultaba muy apropiado para la narración.

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