España - Valencia

La fría luz de la luna y el fuego de lo profundo

Julián Carrillo
lunes, 2 de octubre de 2006
Alicante, domingo, 24 de septiembre de 2006. Teatro Arniches. Orquesta de Cámara San Cristóforo de Vilnius. Alexis Soriano Monstavicius, director. Ingrida Rupaité, violín. Programa: Onuté Narbutaité: ‘Sinfonia col triangolo’ y ‘Melodija Alyvu Sode’; Arvo Pärt: ‘Fratres’; Raminta Serksnyte: ‘De profundis’. 22º Festival de Música de Alicante.
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La Sinfonia col triangolo, de Narbutaité, es una obra de estructura en espejo, una forma circular -al parecer inspirada en los ciclos de la Luna y su continuo crecer y menguar-, pero con una coda final surgida de la desconfianza de la autora en las formas mecánicamente limitadas.

Eclipse

Según esta descripción, la obra comenzaría en fase de luna llena, con una abundancia de ataques de todas las cuerdas en un trémolo en forte y fortísimo y un reposo, dinámico y expresivo, ordenado de las cuerdas graves a las agudas. A partir de ese momento, las líneas se ramifican en múltiples divisi, creciendo en intensidad antes de una sección muy piano que resultó retardada en el tiempo por un inoportuno apagón de las luces del escenario, una especie de eclipse imprevisto: lo que sería un milagro en astronomía, pero no en un escenario, donde estas incidencias “técnicas” abundan más de lo que parece. Luego, ataques percusivos de los arcos, solo de violín, más divisi, diálogo entre violas y chelos y apoyo de contrabajos. Tras un breve tutti, justificación del título por varios triángulos tocados desde los últimos atriles de violines o violas, siempre en momentos de cierta tensión expresiva y, tras un crescendo de la orquesta, un final dispuesto en varias oleadas de fuerza y calma sucesivas para rematar con un diálogo de triángulos. En una primera valoración de la obra, ésta resulta algo pálida, tal vez como la Luna que la inspiró.

Cerraba la primera parte Melodija Alyvu Sode (Melodía en el Huerto de los Olivos), inspirada “en la última oración de Cristo, reflexiones sobre el Nuevo Testamento y la contemplación de la obra de J.S Bach”, según relata la propia autora. El primer resultado de tal inspiración fue Opus, para dos grupos de cuarteto de cuerda más trompeta, que iba a ser la segunda parte de su Sinfonía nº 2 , (Melody) y que se puede tocar indepedientemente con su nombre completo. Es decir, una obra como algunas salas de edificaciones públicas: de usos múltiples.

Luna con viento, nubes y claros

En su versión como pieza autónoma, pasa de la serenidad del motivo inicial, a cargo de un dúo de violín y viola, a una expresión más dramática del otro violín primero en un solo que se repite en alternancia con el conjunto completo en graves en un episodio de serena dureza. El tratamiento es muy camerístico y las intervenciones finales de las trompetas, en la misma línea, tienen también el aire dramático de una obra que resulta algo reiterativa en sus motivos melódicos; algo así como una noche de luna llena con viento, nubes y claros.

Fotografía © 2006 by Xavi M. Miró

Una paz de ensueño

Fratres es de esas obras que impresionan y agradan, en cualquiera de sus versiones, desde su primera audición. La tocada en el Arniches fue para violín, cuerda y percusión. El solo inicial a base de arpegios en las cuatro cuerdas con su largo crescendo, es un primer aldabonazo en el oyente, una llamada de atención que deja la del auditorio bien prendida a cuanto suena y sucede en el escenario. La sección central fija el interés con su fuerza, y las notas que siguen serenan todo y permiten gozar de esta obra, enorme en su brevedad. Los pianísimos del solista -sobre las notas graves, como pedal, de los bajos y las largas notas en armónicos de la orquesta son un paradigma del sosiego y la paz con que el grupo recrea la visión casi onírica de una procesión conventual.

Ingrida Rupaité, con buen color y una afinación muy precisa, hizo una versión creciente en mecanismo -los arpegios iniciales a cuatro cuerdas, ligeramente emborronados, fueron superados por los siguientes a tres, de una limpieza absoluta-, pero aún más en expresividad, administrando certeramente, de principio a fin de su interpretación, la fuerza y delicadeza necesarias para una buena interpretación de esta obra maestra de Pärt.

Desde lo hondo… salió humo de los chelos

Fue una fuerte impresión: casi al comienzo de De Profundis, los violonchelos ejecutan lo que se llama pizzicato Bartók; es decir, tirando de la cuerda perpendicularmente a la tastiera y con fuerza suficiente para que la cuerda choque contra la madera de ésta, de forma que la nota tenga un efecto percusivo. Justo en ese momento, parte de la resina acumulada en ébano y cuerdas se elevó en forma de nube: todo un anticipo de la fuerza, del fuego (ya les digo, ”por el humo se sabe…”) contenidos en la obra. La expresión de ésta -dramática y hasta tormentosa- responde perfectamente al concepto e intención de su autora. Dice Serksnyté que “una composición es la exaltación de un estado de ánimo, materializada por medio de sonidos y su impresión depende de la pericia del compositor”.

Fotografía © 2006 by Xavi M. Miró

Fuego final

Grande es la de la compositora lituana a juzgar por el resultado de De profundis en el público del Arniches. Tanto calor en obra y tanto en la acogida del auditorio hizo que los de Vilnius tocaran una propina, la Tocata Diavolesca, de Jonas Tamulionis, en la que Soriano volvió a hacer gala de su capacidad de matización, musicalidad y precisión, y la orquesta de su ductilidad y buen sonido. Excitante final para un concierto que, como la Luna en fase creciente, fue de menos a más.

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