DVD - Reseñas

El ocaso de Kupfer

Josep Mª. Rota
viernes, 15 de diciembre de 2006
Richard Wagner: Götterdämmerung, tercera jornada del festival escénico ‘Der Ring des Nibelungen’. Siegfried Jerusalem (Siegfried), Bodo Brinckmann (Gunther), Philip Kang (Hagen), Günter von Kannen (Alberich), Anne Evans (Brünnhilde), Eva-Maria Bundschuh (Gutrune), Waltraud Meier (Waltraute), Birgitta Svendén (1ª Norna), Linda Finnie (2ª Norna), Uta Priew (3ª Norna), Hilde Leiland (Woglinde), Annette Küttenbaum (Wellgunde), Jane Turner (Flosshilde). Coro y Orquesta del Festival de Bayreuth. Daniel Barenboim, director musical. Harry Kupfer, director de escena; Hans Schavernoch, decorados; Reinhard Heinrich, vestuario. Horant H. Hohlfeld, director de vídeo; Wolfgang Wagner, supervisor artístico. Grabado popr Unitel en el Festspielhaus de Bayreuth en los meses de junio y julio de 1991. Dos DVDs de 270 minutos más 13 minutos de comentarios a cargo de Daniel Barenboim y John Tomlinson. Código regional 2345; color NTSC 16:9; sonido LCPM stereo, Dolby digital 5.1 surround. Menú en inglés y subtítulos en inglés, francés, alemán, español e italiano. Warner Classics 2564-62321-2. Distribuidor en España: Warner Music Spain
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Willi Stoph y Willy Brandt, presidentes respectivos de la República Democrática y República Federal Alemana se encontraron oficialmente en Erfurt y Kassel en 1970 en lo que vino a llamarse conversaciones alemano-alemanas (deutsch-deutschen Gespräche) entre ambas repúblicas. Erich Honecker y Helmut Schmidt se encontraron luego en Berlín, hasta que Honecker consiguió ser recibido en Bonn oficialmente en 1987 con honores de jefe de estado (himnos, banderas, desfiles, etc.). Bayreuth ya había mantenido contactos con el otro lado del muro, pero por razones diferentes (Otmar Suitner, personaje mediocre, llegó a dirigir en Bayreuth perque con él venían excelentes miembros de la Staatskapelle de Dresde).

Traer a Harry Kupfer a Bayreuth y darle el Anillo en 1988 parecía una apuesta moderna y de futuro, acorde con la situación mundial. Harry Kupfer había dicho por activa y pasiva que su intención era interpretar Wagner desde el punto de vista marxista-leninista: Wagner según un alemán moderno de la DDR. Por aquel entonces, el gobierno español dedicó honores de gran estadista a Erich Honecker. Yo mismo estuve en la República Democrática en el verano de 1989 y les puedo asegurar que nadie, a este o aquel lado del muro, imaginaba lo que, dentro de nada, habría de pasar: la extinción de la DDR, la extinción de la URSS y el olvido del marxismo-leninismo.

Este Anillo se estrenó en 1988 y Unitel lo grabó en los meses de junio y julio de 1991. No es una toma en vivo, sino que se grabó durante sesiones especiales, con el teatro vacío convertido en sala de estudio. Salió pronto al mercado en vídeo VHS; en España lo retransmitió Canal Plus. Se reeditó luego en Laser Disc y se difundió profusamente, sobre todo en Japón. Yo lo vi por la tele precisamente en Bayreuth, en 1995, en la casa donde me alojaba. Ahora se vuelve a reeditar en soporte DVD bajo el sello Warner Classics con la única intención, a mi entender, de seguir sacando rendimiento económico a un producto pasado de moda y sin atractivo. La banda sonora la editó en su día en CD Teldec. El valor de este Ocaso y de todo el Anillo es, después de casi veinte años, puramente testimonial.

La toma audio es impecable, como ya se pudo apreciar en la edición en CD de Teldec. Pero que nadie se engañe, el sonido nada tiene que ver con lo que se escucha realmente en el Festspielhaus. Suena a estudio, frío y aséptico. La toma vídeo tampoco merece ningún reproche y demuestra la competencia de Unitel y Horant H. Hohlfeld en estas lides. La reedición es de suma calidad técnica y comercial.

La calidad artística ya es otra cosa. El Ocaso, a diferencia de las anteriores obras del Anillo, es una obra de conjunto; el ‘Sigfrido’ adulto es menos comprometido que el joven y ‘Brunilda’ tampoco tiene tanta dificultad vocal como en La Valquiria. Dicho de otra manera, en el Ocaso es donde se hace menos evidente la laguna de voces wagnerianas (‘Sigfrido’, ‘Brunilda’ y ‘Wotan’). A finales de los ochenta, este reparto resultaba convincente y digno. Lo dicho sirve, por ejemplo, para las Nornas y las Ondinas. Lo mejor es la ‘Waltraute’ de Waltraud Meier, auténtica voz wagneriana y actriz dramática. Lo más flojo, la ‘Brunilda’ de Anne Evans, de voz fea, abierta, nada homogénea, mal proyectada y corta por arriba y por abajo. Jerusalem, que debutaba en la parte, defiende con arrojo su cometido sin apenas dificultades y frasea con gusto de vez en cuando. Philip Kang, de vozarrón considerable, es monótono, sin matices y aburridamente lineal: el personaje de ‘Hagen’ no existe. Y todo el mundo sabe que un Ocaso sin 'Hagen' no es un Ocaso. Brinkmann, Bundschuh y von Kannen cumplen con nota, especialmente este último en su breve pero importante intervención. Barenboim, camino de su récord bayreuthiano, se pliega a las exigencias de Kupfer y no sobresale; anda errático en el tempo, con estiras y aflojas; pasa de puntillas en muchos pasajes y suena apabullante a menudo.

Kupfer situó la acción en un futuro indefinido que, hace veinte años, parecía inmediato. Hoy, repito, se ve pasado de moda. La escena reproduce la pretendida “calle de la historia” en la que todo tiene lugar, desde el Oro hasta el Ocaso. Las Nornas tejen en un bosque de antenas; ‘el Viandante’ aparece en la fosa donde yace ‘Siegfried’ y arroja su lanza, en presencia de ‘Brünnhilde’. Al final, unos aburridos en un cóctel contemplan el fin del mundo por la tele, mientras ‘Alberich’ deambula. El telón cae en forma de guillotina. ‘Gunther’ es un mafiosillo del mundo empresarial; ‘Hagen’, un gángster; ‘Gutrune’, una ‘Gilda’ cruzada de Greta Garbo. Los gibichungos son obreros. Éstos son los hallazgos de Kupfer. El vestuario de Reinhard Heinrich se ve ahora, con el paso del tiempo, feo y pobre. La escenografía de Hans Schavernoch es barata: para las Nornas, un bosque de antenas; para la sala de los gibichungos, una escalera metálica en forma de pirámide; para las Hijas del Rin, unos cilindros metálicos. La roca de ‘Brünnhilde’ aparece y desaparece por un escotillón. A los lados, unos paneles que cambian de colores con las escenas.

El librito viene en inglés, francés, alemán, español e italiano. Contiene una interesantísima entrevista a Kupfer en la que explica cómo corrige los defectos teatrales de Wagner. La sinopsis no explica el Ocaso de Wagner, sino el de Kupfer; así, se lee que en el prólogo las Nornas tejen “en un bosque de antenas” (que es lo que realmente se ve). El bonus con los comentarios de Tomlinson y Barenboim no deja de tener interés.

Kupfer siguió su carrera meteórica, en parte gracias al trampolín de Bayreuth. En Berlín (Staatsoper Unter den Linden, con Barenboim) siguió reelaborando su Anillo, que se fue dando por etapas en los primeros 90, con menos láser y más neón. El último refrito de este Anillo llegó al Liceu de Barcelona en forma de triste “bolo” o gira provinciana, que se ha editado también en CD, otro ejemplo más de mercantilismo. En suma, un Ocaso “retro”.

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