Portugal

Ogni cosa pel buon verso

Teresa Cascudo
miércoles, 17 de enero de 2007
Lisboa, sábado, 9 de diciembre de 2006. Teatro Nacional de São Carlos. Così fan tutte, Ópera en tres actos de Wolfgang Amadé Mozart sobre libreto de Lorenzo da Ponte. Mário Martone, director de escena. Sergio Tramonti, escenografía. Vera Marzot, figurinista. Pasquale Mari, luminotecnia. Irina Lungu, Fiordiligi; Laura Polverelli, Dorabella; Saimir Pirgu, Ferrando; Simone Alberghini, Guglielmo; Silvia Colombini, Despina; Bruno Praticò, Don Alfonso. Coro del Teatro Nacional de São Carlos, Orquesta Sinfónica Portuguesa. Donato Renzetti (dirección musical),
0,0003416 Tal como ocurre en todos los países civilizados, en Portugal, cuando el Estado impone una medalla a un alto cargo significa, muy probablemente, que llegó la hora de la despedida. Ocurrió hace unos meses con René Martin, el productor que, en colaboración con el entonces administrador y director artístico del Centro Cultural de Belém (CCB), Miguel Lobo Antunes, llevó a Lisboa en 2000 la Fiesta de la Música. El modelo era el de las Folles Journées nantesas, que también se está utilizando en Bilbao y en Tokio. Pues bien, a pesar del éxito indudable de esa iniciativa, con una media de cerca de 60000 billetes para conciertos de música clásica vendidos en tres días, los cortes presupuestarios del Ministerio de Cultura han justificado este año su cancelación. El actual director del CCB, António Mega Ferreira, no quiso continuar con la fiesta que también le limitaba de forma sustancial la posibilidad de dejar su marca en la programación cultural de la institución.



Saimir Pirgu, Simone Alberghini, Laura Polverelli y Irina Lungu
Coro del Teatro Nacional de São Carlos y figurantes
Fotografía © 2006 by Alfredo Rocha


Hablaba yo de medallas: también en 2006, fue colgada una más, a Paolo Pinamonti, desde 2001, director artístico del Teatro Nacional de São Carlos. Su segundo contrato de tres años acaba el próximo mes de marzo y la tutela todavía no ha manifestado nada acerca de su renovación. Un síntoma, como mínimo, preocupante para todos aquéllos que siguen y han apreciado a lo largo de estos años su labor al frente del único teatro de ópera portugués. Su dirección no ha estado exenta de problemas financieros, que, en algún momento, incluso le llevaron a cancelar espectáculos ya anunciados. Sin embargo, poco a poco, se empezaban a ver los frutos de combinar proyectos modestos con otros más ambiciosos que, sobre todo, suponían propuestas relativamente singulares dentro del panorama internacional. Por ejemplo, uno de ellos es haber conseguido triplicar la venta de abonos la temporada pasada. Con certeza, la primera entrega del Anillo del Nibelungo en 2006, firmada por Graham Vick fue la más llamativa, aunque hubo otras.

He usado antes el adjetivo modesto, refiriéndome principalmente a los problemas presupuestarios, que son una especie de pandemia de las instituciones musicales portuguesas dependientes del Estado. La estrategia de Pinamonti fue apostar en artistas de calidad, pero relativamente poco conocidos (algunos de ellos ahora mismo considerados “emergentes”). Desde luego, en lo que se refiere a la temporada lírica del teatro, la evaluación de lo que va de la era Pinamonti es francamente positiva. Otra historia es el desperdicio de la Orquesta Sinfónica Portuguesa, que depende también del Teatro. Este asunto, sin embargo, se queda para otra ocasión en la que un balance se imponga (y que espero que no sea dentro de dos meses…), aunque cabe señalar que está sobre todo relacionado con el modelo de producción en el que funciona.



Silvia Colombini y Bruno Praticò
Coro del Teatro Nacional de São Carlos
Fotografía © 2006 by Alfredo Rocha


La producción de Così fan tutte con la que se inauguró el mes pasado la temporada del São Carlos es ejemplo de las producciones-tipo que he mencionado antes, contenida, equilibrada y, sobre todo, una declaración de amor, no sólo a Mozart y a su partitura, sino a la ópera entendida como teatro. Asistí a la última representación, cantada por el primer reparto, en la que – a la luz de críticas anteriores bastante negativas, particularmente las del día del estreno – se recogieron los frutos de la experiencia de los seis espectáculos previos. Ese día, incluso la orquesta se lució bajo la dirección de Donato Renzetti. Sin ser un director deslumbrante, Renzetti es muy eficaz y consigue mantener el equilibrio y transmitir apoyo y seguridad, tanto a los instrumentistas como a los cantantes. Francamente, no es poco.



Saimir Pirgu y Irina Lungu,
Laura Polverelli y Simone Alberghini
Fotografía © 2006 by Alfredo Rocha


En la parte vocal, se destacó – ése sí, deslumbrante – el Ferrando de Saimir Pirgu. Nacido en 1981, ha pasado, en sólo cinco años, de joven promesa cuyo nombre vale la pena retener a estrella emergente en el panorama internacional. Un tenor de voz bellísima, cuya pureza y brillo ha hecho que sea comparada, no sin razón, a la de Tito Schipa. Su Mozart es naturalísimo, además de estar servido por una agradable presencia y raras cualidades teatrales. Sus compromisos en 2007 le llevarán a Viena, Hamburgo, Londres, Bolonia y Madrid. Vale la pena intentar escucharlo. La bella y elegante soprano moldava Irina Lungu, en el papel de Fiordiligi, exhibió su voz cálida y controlada. Su timbre riquísimo contrastó debidamente con el de la voz de la mezzo Laura Polverelli, que representó con soltura y vivacidad el instintivo personaje de Dorabella. Simone Alberghini fue otra de las jóvenes voces “emergentes” presentes en el escenario: un bajo-barítono, de voz robusta, que derrochó simpatía en su interpretación del papel de Guglielmo. Silvia Colombini, como Despina, y Bruno Praticò, como Don Alfonso, intentaron compensar teatralmente sus limitaciones vocales, de naturaleza diversa, con diferente grado de éxito. Hubo momentos en los que Colombini fue hilarante, siempre convincente en su papel de realista a la fuerza. Sin embargo, Bruno Praticò, mejor rossiniano que mozartiano, que, comparándolo con la sutileza y el alto nivel dramático de sus compañeros de escenario, presentó una composición del personaje demasiado banal y, parafraseando la fórmula anterior, a veces forzadamente cómica.



Simone Alberghini e Irina Lungu,
Laura Polverelli y Saimir Pirgu (Ferrando),
en segundo plano: Bruno Praticò y Silvia Colombini
Fotografía © 2006 by Alfredo Rocha


Cosí es una ópera “eléctrica”, que, a pesar de sus cerca de tres horas de duración, pasa en un instante. Es además tan dinámica desde el punto de vista de las emociones y los sentimientos, que parece fácil caer en cierta dispersión a la hora de concebirla: la fugacidad es el eje principal de la obra. En el plano teatral, las cualidades de los intérpretes, magníficamente dirigidos por Mario Martone, imprimieron a la representación la gracia y la ligereza adecuadas. La puesta en escena de Martone data de 1999 y fue originalmente concebida para el San Carlos de Nápoles. Parte de la idea de que la teatralidad de la música de Mozart es capaz de llenar y dominar la imaginación del público incluso ante un escenario vacío. De hecho, el que se propone está dominado por las camas, siempre presentes, de las dos hermanas y un espejo en el eje central. Lo que cuando hablamos de emociones y sentimientos parece complejo, se convierte, al final, en algo relativamente simple y que se soluciona debajo de una sábana enorme que cubre a los cuatro amantes al final... Unos simples telones amplían, transforman o limitan el espacio cuando es necesario y una ventana, en el fondo a la izquierda, le da profundidad. Dos plataformas laterales se prolongan más allá del escenario, a ambos lados de la orquesta, aproximándose del público y haciendo posible la multiplicación de planos escénicos y sonoros. Fundamentándose en el trabajo de actores, apoyado también en la exploración sutil de los recitativos extrayéndoles toda su savia y necesidad dramática y ayudado por el resto de los elementos escénicos, sobre todo el bonito guardarropa y la iluminación, precisa y pertinente.



Laura Polverelli, Saimir Pirgu, Simone Alberghini, Irina Lungu y Bruno Praticò
Coro del Teatro Nacional de São Carlos y figurantes
Fotografía © 2006 by Alfredo Rocha


En resumen, Renzetti, Martone y el reparto me dejaron las cosas bastante fáciles para, siguiendo el consejo final de da Ponte, ver este inicio de temporada del San Carlos lisboeta por el mejor lado. Su programación prosigue este mes con Wozzeck, de Alban Berg, en coproducción con el Centro Cultural de Belém. La puesta en escena es de Stéphane Braunschweig y la dirección musical correrá a cargo de Eliahu Inbal.
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