DVD - Reseñas

Al fin Daphne en DVD

Josep Mª. Rota
viernes, 19 de enero de 2007
Richard Strauss: Daphne, tragedia bucólica en un acto de Josef Gregor. June Anderson (Daphne), Roberto Saccà (Leukippos), Scott Mac Allister (Apolo), Daniel Lewis Williams (Peneios), Birgit Remmert (Gaea), Dominik Eberle (1r Pastor), Stefano Ferrari (2º Pastor), Giuseppe Acolla (3r Pastor), Emanuele Pedrini (4º Pastor), Liesl Odenweller (1ª Criada), Dorothee Widmann (2ª Criada). Coro y orquesta del teatro La Fenice de Venecia. Stefan Anton Reck, director musical. Sergio Segalini, director artístico; Emanuela di Pietro, directora del coro; Kevin Knighy, decorados y vestuario; David Jacques, luminotecnia; Tiziano Mancini, director de vídeo. Un DVD de 114 minutos de duración, grabado en el Teatro La Fenice de Venecia en junio de 2005. Imagen y color NTSC 16:9; Código 0; Sonido digital dts sorround. Subtítulos en italiano, inglés, alemán, francés y español. Dynamic 33499. Distribuidor en España: Diverdi
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Los aficionados al repertorio no trillado estamos de enhorabuena otra vez gracias a Dynamic, valiente sello que ahora nos trae en DVD la Daphne de Richard Strauss grabada en La Fenice de Venecia en junio de 2005. No es Daphne una ópera apreciada por el gran público, ni siquiera por los admiradores de Richard Strauss; éstos prefieren, sin duda, el Strauss rococó y de ambiente decadente de El Caballero de la Rosa, Arabella, Ariadna en Naxos o Capricho. Los teatros tienen serias reticencias a la hora de programar Daphne, pues la partitura demanda una soprano lírica alemana, dos tenores, lírico uno y jugendlicher Heldentenor el otro, un bajo y una contralto de registro sorprendentemente grave. Finalmente, Josef Gregor, autor del libreto, está estigmatizado: sustituto del judío Stefan Zweig, ahora el políticamente incorrecto resulta ser él. Las otras dos óperas de Strauss con libreto de Gregor, Friedenstag y Die Liebe der Danae, padecen la misma e inmerecida suerte de su hermana Daphne.

Pues sepa el neófito que Daphne es una obra bellísima, con la mejor música del mejor Strauss, que, además, se liberó de sus manías atávicas (1). Josef Gregor, austríaco (2) como Zweig, era un literato sensible, con gran sentido teatral. El libreto está salpicado de referencias mitológicas que denotan conocimiento; su poesía, en fin, es delicada y lírica. El tema de ‘Daphne’ en la ópera no es original, ni mucho menos: con poema de Ottavio Rinuccini, se estrenó en Florencia en 1597 la que podría ser la primera ópera, con música de Jacopo Peri, lamentablemente perdida. Marco da Gagliano compuso otra Dafne, con igual libreto de Rinuccini, que se estrenó en Mantua en 1607.

Gregor se aparta del relato ovidiano (3) y ofrece un nudo y desenlace algo distintos al de las Metamorfosis: a ‘Dafne’, hija del pescador ‘Peneo’, la corteja su amado ‘Leucipo’, pastor que la conoce desde niña. ‘Dafne’ lo rechaza, porque ella se siente unida a la naturaleza; su madre ‘Gea’ anda preocupada con la conducta de su hija en edad núbil y pretende orientarla, sin resultado. Durante la fiesta de ‘Peneo’ en honor de Dioniso, aparece ‘Apolo’ disfrazado de vaquero, concitando truenos celestes ante el espanto de los paisanos. Seducido por la belleza de ‘Dafne’, intenta besarla, lo que provoca el espanto de la doncella. Cuando ‘Apolo’ se revela como dios de la luz, ‘Leucipo’ lo maldice, tras lo cual el dios fulmina al pastor. Para expiar su culpa para con ‘Dafne’, ‘Leucipo’ y Dioniso, cuya fiesta ha profanado, implora ‘Apolo’ al padre Zeus que transforme a ‘Dafne’ en laurel.

Como en todas las óperas de Strauss (menos Guntram y Feuersnot), la soprano es la auténtica protagonista de la obra: desde las expresionistas Salome y Elektra hasta la rococó Capriccio, pasando por Der Rosenkavalier, la voz de soprano fue siempre la predilecta de Strauss. En la trilogía de Gregor, también la soprano es el centro de la acción; esto vale incluso para Friedenstag, en la que ‘Marie’, la mujer del Gobernador, es una auténtica “chica Strauss”. Aquí ‘Dafne’ abre y cierra la obra con dos hermosísimos monólogos, después de sendos dúos con ‘Leucipo’, ‘Gea’ y ‘Apolo’ y un terceto con sus dos pretendientes.

La orquestación es auténticamente straussiana en toda su opulencia, con una magnífica introducción y el soberbio final, que narra la transformación de la ninfa en laurel. Las maderas tienen un protagonismo especial en este drama bucólico, pero también metal y percusión se hacen presentes en la tormenta y muerte de ‘Leucipo’. La música y el canto se funden como nunca en un eterno continuo que no permite al espectador ni un segundo de distracción.

Como dije antes, la parte de ‘Apolo’ demanda un jugendlicher Heldentenor; el día del estreno fue Torsten Ralf, insigne ‘Walther’, ‘Lohengrin’ y ‘Parsifal’, pero también ‘Baco’ y ‘Emperador’ (Die Frau ohne Schatten); en el disco, lo han cantado Anders, King, Fehenberger o Goldberg. ‘Leucipo’ requiere un tenor lírico alemán, como lo fueron en el disco nada menos que Wunderlich o Hopf. Aquí el listón se ha rebajado mucho, hasta un tenor lírico para ‘Apolo’ y uno ligero para ‘Leucipo’. Mac Allister se entrega con arrebato al personaje del enamorado dios ‘Apolo’, pero el papel le viene ancho y en la arenga final palidece por falta de squillo. Saccà tampoco tiene suficiente peso vocal para la parte de ‘Leucipo’.

Las partes graves están bien defendidas: Daniel Lewis Williams, ‘Peneo’, tiene una voz grande y sonora, aunque con excesivo vibrato; Birgit Remmert, en la más peliaguda parte de ‘Gea’, muestra una elegante línea de canto y resuelve las notas graves sin forzar la voz, aunque el color de la misma cambia en los diferentes registros. La dos criadas son muy buenas, cantan empastadas y con gusto, manejando sendos instrumentos bellos y de digno calibre. No se puede decir lo mismo de los cuatro pastores, que resultan, en conjunto, lo más flojo del reparto.

Queda la ‘Dafne’ de June Anderson, impecable en lo vocal y sobresaliente en el papel de la compleja ninfa transformada en laurel. Su media voz es exquisita, frasea con gusto y apiana con excelente técnica. La voz es bonita, rica en armónicos y su presencia escénica es acertadísima: una gran ‘Dafne’ en todos los sentidos.

La orquesta de La Fenice suena liviana, muy bien en los momentos líricos del drama bucólico pero falta de densidad en momentos clave. Stefan Anton Reck se centra en acompañar a los cantantes (mima a Anderson) y no consigue que los profesores venecianos merezcan el título de straussianos (que no sólo los de Dresde tienen). El coro masculino canta bien, aunque su pronunciación alemana sea más bien defectuosa.

Si desde el punto de vista vocal la versión no alcanza todos los requisitos de la partitura, lo mismo hay que decir del aspecto visual. Kevin Knight, responsable de decorados y vestuario, es el principal culpable. La partitura presenta la acción en la Grecia mitológica, pero los vestidos recuerdan la Grecia del setecientos u ochocientos, sometida al Imperio Otomano: las bacantes de la fiesta de Dioniso visten de danzarinas del vientre y bailan -lógico- como tales; en dicha bacanal, aparecen unos derviches que dan sus consabidas vueltas haciendo volar la falda; ‘Peneo’ parece un funcionario de la Sublime Puerta; ‘Gea’ y sus criadas exhiben velos y collares turcomanos.

La escena, pelada, no ayuda, pero al menos no confunde. El piso lo forma una ingeniosa plataforma segmentada en anillos concéntricos, que giran y ondulan. El único elemento fijo es un árbol seco (el olivo al que se abraza ‘Dafne’ según el texto, supongo). Sí merece elogio David Jacques, responsable de luminotecnia; la apoteosis de ‘Apolo’ es, si no brillante, al menos plástica; muy bien la fulminación de ‘Leucipo’ y bien en general en la creación de ambientes. La filmación de Tiziano Mancini está muy bien lograda. La calidad de imagen y sonido obtiene el sobresaliente.

No es ésta la versión auténtica de Daphne, ni por el nivel vocal ni por el nivel escénico, pero sí es un muy interesante testimonio de una obra infrecuente, tanto en el teatro como en soporte CD o DVD. Dado que en este último soporte no hay más donde elegir, imprescindible para los amantes del Strauss mitológico, del drama lírico post-wagneriano y de las bellezas desconocidas.

Este DVD ha sido enviado para su recensión por Diverdi

NOTAS

1.- Es sorprendente la fijación de Strauss por los travestis (me refiero a los papeles travestidos o Hosenrolle, no me malinterpreten) y sus problemas con la voz de tenor: “el género humano se divide en tres categorías, mujeres, hombres y tenores” (Strauss dixit).

2.- Natural de Czernowitz, Galízia Oriental, hoy Ucrania (se lo juro).

3.- Según el relato de Ovidio en las Metamorfosis, la ninfa Dafne no quiere ceder a los deseos libidinosos de Apolo y suplica al padre Júpiter que, para mantener su virginidad, la transforme en laurel (en griego, ‘daphne’ significa laurel); Apolo arranca dos ramas de su amada transformada en árbol y trenza una corona con la que ciñe sus sienes. Desde entonces, la corona de laurel es el premio que se otorga al vencedor en competición musical o literaria (protegida por Apolo).
 
4.- La ópera, pensada y escrita para Hans Hotter, se estrenó el 24 de julio de 1928 en Múnich -compartiendo cartel con el Prometeo beethoveniano-, y el 15 de octubre del mismo año en Dresde -compartiendo cartel con Daphne-.

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