España - Galicia

Horas eran

Paco Yáñez
lunes, 29 de enero de 2007
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Santiago de Compostela, viernes, 26 de enero de 2007. Auditorio de Galicia. José Luis Estellés, clarinete di bassetto. Cuarteto Casals: Vera Martínez Mehner y Abel Tomàs Realp, violines. Jonathan Brown, viola. Arnau Tomàs Realp, violonchelo. Alban Berg: Lyrische Suite. Wolfgang Amadè Mozart: Quinteto con clarinete en La mayor KV. 581. Ludwig van Beethoven: Cuarteto de cuerdas ‘Rasumovsky’ Op. 59 nº 1. Festival Internacional Cameralia, concierto de presentación. Ocupación: 70%
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Hacía años que no surgía en Santiago de Compostela un proyecto de música de cámara tan ambicioso como el presentado en el Auditorio de Galicia por medio de un concierto del soberbio Cuarteto Casals, concierto que nos deja con un gratísimo sabor de boca y que no hace sino que deseemos su regreso cuanto antes al recién nacido festival.

En los últimos años el género camerístico había sido totalmente abandonado en la capital de Galicia, después de que en los años noventa existiera cierto interés por parte de los programadores, generalmente a través de las actividades del Centro Galego de Arte Contemporánea y de la Universidade de Santiago de Compostela, así como, más tímidamente, por parte de algunos miembros de la propia Real Filharmonia de Galicia. Todo aquel empeño cesó con el tiempo y, como diría el poeta, a este respecto “cualquier tiempo pasado fue mejor”...

Después de ese período de abandono, imperdonable en un género musical tan trascendente como éste, nace para este 2007 el ‘Festival y academia internacional de música de cámara de Galicia Cameralia’, un concepto realmente interesante pues une a la programación de conciertos un proyecto educativo que conjugará academia, clases magistrales y conferencias en las ciudades de Santiago, A Coruña y Vigo. El Festival se desarrollará entre el 22 y el 29 de julio del presente año y constará de 39 conciertos en 11 escenarios distintos (9 de ellos conciertos en calles y plazas; actividad cultural ésta muy habitual en la ciudad de Santiago), 3 estrenos mundiales, 7 clases magistrales/conferencias y 182 clases de música de cámara. Como vemos, un programa de lo más ambicioso, coordinado por el clarinetista José Luís Estellés, que se hace cargo de la dirección artística del evento, y que quiso estar presente, desde su instrumento, en el propio concierto inaugural, celebrado con varios meses de antelación.

No dispone todavía la organización del programa detallado de conciertos, que -como su página web- está todavía en construcción; pero algo que nos alegra de entrada especialmente es saber que conjugará obras de diferentes épocas de la historia de la música. De esta forma, a la muy conservadora programación de la capital gallega llegarán composiciones de autores clásicos, como Mozart, Beethoven o Schubert, a la vez que obras de las vanguardias de la segunda mitad del siglo XX, de la mano de György Ligeti, Olivier Messiaen, o los citados estrenos mundiales, algo que, para el melómano amante de la música de nuestros días, es un toda una alegría. Entre los intérpretes que han confirmado su presencia en el festival, como artistas residentes, tenemos a músicos como el propio José Luis Estellés, Stephanie Winker, Dag Jensen, Christian Wetzel, o al Cuarteto Casals, entre otros. Su participación en el festival combinará las lecciones de música de cámara sobre su instrumento con los citados conciertos a lo largo de la geografía gallega.

Tan sólo le pondría un ‘pero’ al Festival ‘Cameralia’, y es el hecho de que coincida en el tiempo con el Festival ‘Via Stellae’; un evento que traerá, de nuevo, este verano a lo mejorcito de la interpretación de la música antigua a nivel internacional a Santiago de Compostela. Es una pena que no haya habido una mayor coordinación al respecto y que el nuevo festival de música de cámara no haya desplazado sus sesiones al mes de agosto, tradicionalmente más carente de acontecimientos musicales en la capital gallega. Esperamos que en años próximos se afinen un poco más estas cuestiones, algo que, sin duda, agradecerá el público que, seguro, acudirá en masa a sus conciertos, como hoy lo hizo a este concierto inaugural, que paso a comentar a continuación.

Pocas presentaciones necesita ya, cuando en este 2007 cumple su primera década de vida, el Cuarteto Casals; quizás el cuarteto más importante de la música española en la actualidad. Formado a día de hoy por Vera Martínez Mehner y Abel Tomàs Realp en los violines, Jonathan Brown en la viola, y Arnau Tomàs Realp en el violonchelo, su proyección internacional les ha llevado a trabajar con numerosos festivales y compositores, así como a pisar en varias ocasiones los estudios de grabación, registros entre los que destacan sus versiones de Zemlinsky, Ravel o Arriaga.


Para esta noche de presentación, los del Casals nos traían un programa con tres compositores fundamentales en la historia de la música de cámara centroeuropea: Wolfgang Amadè Mozart, Ludwig van Beethoven y Alban Berg.

Arrancó el concierto con la maravillosa Lyrische Suite) del vienés Alban Berg, compositor del que hacía una semana había escuchado en Porto [ver crítica], curiosamente, su anterior obra, el Kammerkonzert para piano, violín y trece instrumentos de viento); por lo cual el concierto de hoy me resultó, de algún modo, una continuación lógica del catálogo bergiano. Este, su segundo cuarteto, dedicado a Alexander Zemlinsky), es una obra ya madura en Berg, y en ella se encuentra un uso más extendido del método dodecafónico, a la vez que, como en el Kammerkonzert, ordenaciones casi criptológicas de la notación musical, en este caso para dedicar íntimamente la composición a Hanna Fuch-Robettin, amor extraconyugal de Alban Berg en aquel momento. La cita presente en el ‘Adagio appasionato’ del texto del tercer movimiento de Lyrische Symphonie (obra estrenada en 1925, año en que Berg comienza este cuarteto), de Zemlinsky, “Du bist mein Eigen, mein Eigen” (que podríamos traducir por ‘Eres mía, mía’) no es más que otra señal de por dónde van parte de los tiros, y se enfatiza por la referencia al Tristan und Isolde wagneriano en el final del cuarteto. En todo caso, junto a un programa personal, encontramos una estructura muy consistente a nivel musical; una conformación que une la técnica dodecafónica a un uso extendido de la atonalidad libre, lo cual facilita la inserción de las citas y acordes antes mencionados en el discurso musical bergiano.

La versión del Cuarteto Casals resultó técnicamente impecable, como la mayoría de sus interpretaciones. Es cierto que, en cuestión de estilos, cada uno puede poner el acento en aspectos diversos, y, personalmente, me hubiera gustado una versión un poco más visceral, más enfática e intensa; pero ésta propuesta por el Casals me parece también muy lógica y, sobre todo, muy consecuentemente desarrollada, perfectamente asumida y coherente. Citando el Wozzeck bergiano, podemos decir del Casals que cada uno de sus miembros “tiene su carácter, su estructura”. La primera violín, Vera Martínez, aporta un notable virtuosismo al conjunto, con una digitación inmaculada y unas facultades técnicas desbordantes, que le permiten un sonido brillante, pero siempre lleno de sentido de conjunto. El segundo violín, Abel Tomàs, se me antoja un acompañante idóneo tanto para Vera Martínez como para el resto del cuarteto, pues su mirada no deja de recorrer los arcos y los rostros de sus compañeros, buscando la mayor coordinación y empaste posible, uno de los secretos del Casals. La técnica de Abel Tomàs es también notabilísima y los pasajes destacados para su atril, como la cita del texto de Zemlinsky, los aborda con una claridad cristalina, en este caso lleno de belleza melancólica y casi crepuscular, en perfecta línea con el ambiente trazado por el Casals para este segundo cuarteto de Berg, que interpretan con una enorme serenidad y confianza en sus recursos técnicos y expresivos, combinación ésta tan importante en la música de Alban Berg. Jonathan Brown me parece otro pilar fundamental del grupo, desde la viola. Su técnica es magnífica y su musicalidad realmente sobresaliente, lo cual compacta mucho al cuarteto y le da cierta idea de base, cierto guión en el cual Brown creo que tiene un rol primordial. Arnau Tomàs se muestra siempre elegante en sus entradas y correctísimo en el fraseo. Sin lugar para los alardes ni las aventuras estilísticas, su articulación es de las que llamaríamos ‘de libro’, aunque un poco más de intensidad, en mi opinión, no estaría de más para impulsar desde su registro grave al resto del conjunto.

Así pues, una interpretación magnífica, serena, técnica y austera, ideal para comprender los entramados de la obra y su estructura, cuyos elementos de unión recurrentes marcaron con gran claridad, mostrándose dominadores de las técnicas más ‘fin de siècle’ presentes en el cuarteto y de aquellas que miran, desde el Berg de, hacia ese futuro que tanto habita el repertorio del Casals.


José Luis Estellés

El Quinteto con clarinete en La mayor de Mozart, fue la segunda obra abordada en el programa. Composición pensada para el gran clarinetista Anton Stadler, refleja la maestría bien conocida de Mozart para el clarinete, quizás el instrumento de viento-madera que más amaba y aquel para el que escribió, en mi opinión, sus mejores páginas dentro de dicha familia instrumental.

El Cuarteto Casals se vio acompañado del director artístico del Festival ‘Cameralia’, José Luis Estellés, al clarinete; y conjuntamente desarrollaron un Mozart ‘a la Haydn’, que diría Schnittke. El concepto global de la interpretación creo estuvo marcado por los miembros del Casals, tras unos primeros compases de arranque en los cuales se escuchó cierta cohabitación de estilos mozartianos. Estellés arrancó el Quinteto con un Mozart desenfadado, alegre, jovial, aunque perfectamente asentado en una limpísima técnica. Los del Casals optan por un Mozart más clásico, más elegante, de una altura técnica impecable, pero menos humano y más solemne; un Mozart con un fuerte deje haydeano que no hace sino apuntalar las estructuras y la transparencia de los temas, incluso en el jovial ‘Allegretto con variazioni’ final. El ‘Larghetto’ resultó de una belleza cautivadora, con un tempo ideal, apuntando en su amplitud y densidad ya al romanticismo que Mozart intuía en sus últimas composiciones.

Estellés fraseó de forma ejemplar, si bien pudiera pedirle un poco más de apuntalamiento del cuerpo de los registros graves, que con un bassetto adquieren una belleza inusitada para interpretar Mozart. Por destacar a algún intérprete en el ‘Menuetto’ citaré a Jonathan Brown, cuya participación en los pasajes principales para viola demuestra hasta qué punto ese instrumento esconde tanta belleza cuando unos dedos de la musicalidad de los del americano le extraen sus secretos.

La segunda parte del concierto, que observó  cierto bajón en la cantidad de público, la escuché desde la segunda fila; decisión totalmente acertada y que no hace sino confirmar que la sala Ángel Brage del auditorio compostelano resulta poco adecuad a para este género musical, y más cuando se dispone de una sala de cámara adyacente en la cual la acústica es mucho más idónea; si bien ello nos sitúa en el viejo debate de condiciones musicales idóneas o apertura de un mayor espacio para una mayor asistencia. En todo caso, no deja de ser curioso que el grueso del público se situara en las filas traseras, porque, como pude comprobar, la cercanía hace ganar muchísimos enteros la percepción de esta música en la sala principal del Auditorio de Galicia.

Y muchos enteros hace ganar al Cuarteto Casals el cuarteto de Beethoven que abordaron en la segunda parte del programa, el Cuarteto de cuerdas ‘Rasumovsky’ Op. 59 nº 1, que me resulta especialmente adecuado a sus características técnicas y estilísticas. Composición ya plenamente afianzada en nuevo estadio en el desarrollo del lenguaje beethoveniano, su audacia en la exploración de la forma sonata y su gran desarrollo motívico lo convierten, en mi opinión, en el más destacable de los cuartetos Op.59. Lo personal de los temas hacen que el material sonoro transite hacia el sentimiento más profundo, con el riesgo de caer en el sentimentalismo si no se construye con sentido global el desarrollo de la interpretación. El Cuarteto Casals abordó, como en toda la noche, el cuarteto de forma maravillosamente técnica, equilibrando la forma entre el clasicismo aún percibido y el romanticismo ya patente, conjunción ésta no siempre bien resulta por otros cuartetos, pero que el Casals consiguió de forma notable. La estructura quedó perfectamente afianzada en todos sus movimientos de sonata, condición necesaria, aunque no del todo suficiente, para mantener la coherencia de los temas y que éstos no se pierdan ante la pujanza de sus notas, en tantas ocasiones. Respecto al resto de la velada, vi muy motivado al violonchelista, Arnau Tomàs, cuya empatía con el lenguaje de Beethoven me pareció realmente notable. Versión, en líneas generales, sobresaliente y subyugante a lo largo de toda su duración.

Como bis, el Casals nos obsequió con un arreglo para cuarteto de cuerdas de la ‘Danza del molinero’, de El sombrero de tres picos, de Manuel de Falla). En esta curiosa adaptación los cuatro instrumentistas se soltaron si cabe más que en el resto del programa, y su ejecución fue de una audacia y fuerza realmente destacable, culminando el crescendo de forma apabullante.

Como se deduce de todo lo anterior, un concierto notabilísimo, quizás de los mejores de este tipo en Santiago de Compostela, lo cual no hace sino albergar las mayores esperanzas para el nuevo festival de música de cámara que ya tenemos apuntado en nuestra agendas para el próximo verano.

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