España - Cataluña

‘No one is alone’

Jorge Binaghi
jueves, 22 de febrero de 2007
Barcelona, domingo, 4 de febrero de 2007. Gran Teatre del Liceu. Recital de Barbara Cook, acompañada por Lee Musiker (piano y dirección musical) y Steve McManus (contrabajo). Obras de Bernstein, Rodgers, Arlen, Ager, Muir, Kahn, Styne, Sondheim, Berlin, Bock, Gershwin, Romberg, Young, Warren y Ellington
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La sala principal del Liceu con la platea y el foso y escenario cubiertos. Barbara Cook se merecía este honor y el público este concierto de repaso a los éxitos y autores de Broadway que tienen o han tenido importancia en la carrera de la cantante. De hecho, el respetable era más numeroso, atento y se comportó mejor y con más conocimiento que en los a priori más adecuados al recinto de Keenlyside y Barcellona.Vivir para ver...

La Cook no esconde su edad (y no debe: es parte del encanto indudable de quien ha estrenado la incomprendida -entonces- Candide de Bernstein). Va vestida discretamente, y, aunque es una estrella -o precisamente por ello, porque es una estrella de veras-, no se presenta con ningún alarde y se integra en el trío con los dos músicos -excelentísimos- que la ayudan a desgranar este repaso a una carrera y un mundo. Habla lo justo, y a fondo... No vacila en reconocer que ha pedido que le cambien una letra porque no está de acuerdo con el camino que ha recorrido la mujer en la sociedad (pero, “ladies, aún falta por recorrer”) y de hecho en sus intervenciones se ve el aprecio y respeto infinito que tiene por la figura de Stephen Sondheim, un hombre que sigue en pie y amando el musical y respetando y siguiendo la tradición aunque lo tachen de ‘intelectual’: el caso es que habrá pocos musicales como Passion, que cuenten la misma historia del incomprendido film de Scola sobre la historia del amor desesperado y absorbente de Fosca, una mujer fea, que sigue más allá de su muerte. Cuando la intérprete canta “I wish I could forget you” tras explicar brevemente la trama, pasa un ligero escalofrío ya que no se trata de la típica y convencional ‘love song’.

Lo mismo ocurre con números poco conocidos de famosos como el ‘Nashville Nighingale’ de Gershwin, que la artista canta porque se lo oyó en su juventud a un vocalista y luego nunca más (para quien esto escribe fue una primicia) y con los que son un 'must’ como 'I got lost in his arms' de la celebérrima Annie get your gun o las estrofas de 'San Francisco' o el Berstein inicial de West Side Story (“Somethin’s comin’”). Inútil seguir el análisis de nombres y números más o menos conocidos (pero los dos de South Pacific resultan memorables, dan la idea de por qué Rodgers es uno de los grandes del género y por qué lo han cantado grandes artistas, incluso de la ópera, como Pinza).

La voz no está tan aguda, pero conserva lo esencial, además de una claridad de articulación, una capacidad de compenetración con la página que canta y una inmediatez de comunicación con el público -hablando sólo en inglés, salvo algún saludo o anuncio- que explican muy bien quién es y por qué ha llegado hasta donde ha llegado y parece decidida, con razón, a seguir.

De Sondheim, además, introduce dos números no anunciados (alguno en reemplazo de otro que quedó para mejor vez -“y esto que viene ahora no me acuerdo de quién es, pero no importa, porque me gusta” llega a anunciar al introducir When I fall in love de Young) que resultan fundamentales en el espectáculo. Uno es No more, un canto de rebelión y hartazgo que, según la misma artista dice, tal vez nos hable hoy más que en el momento de su creación.

El otro, el que he puesto como título (por cierto el concierto se titula Barbara Cook’s Broadway), y creo que da la clave del porqué de este concierto y de su éxito (con algo parecido se ha presentado en el Met hace un año): Cook sabe que la función del entertainer, cuando lo es en el sentido más noble, es acompañar al público, ayudarlo a que se sienta bien, mejor, relacionado con esos vecinos de mesa (la platea del Liceu eran mesas de café concert) y con los músicos que le procuran algo del calor que suele faltar cada vez más en su vida. Personalmente, preferiría escuchar muchos conciertos de este tipo antes que algunos pretendidamente más ‘serios’.

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